Las bestias en tu puerta

Advertencia: Cada vez que alguien hace un spoiler, dios mata un gatito.

En honor a las partidarias de pulsar el Botón Rojo, comento una nueva travesía cinematográfica que, a pesar de ser un barco procedente de buen puerto, no podía menos que llamarse Titanic. El nombre que promocionan los carteles publicitarios, junto con una adorable línea de maquillaje callejero, es ‘Anarchy: la noche de las bestias’, como si Bakunin y su descendencia tuvieran algo que ver en esta matanza gratuita.

No es inaudito, en las corrientes del celuloide perdón, es la costumbre, ver cómo se reciclan argumentos, técnicas o personajes de una película a otra. Pero no es tan común tener dos versiones de la misma historia, en un plazo de tiempo tan corto que todavía paladeamos el regusto de la película original. Aunque no sea tanto, tendremos que reconocer en ‘The purge: la noche de las bestias’ la obligada referencia como película de culto, protagonizada por Ethan Hawk, entre otras mamíferas.

Quizá lo más destacable del remake sea la incorporación del musculado Frank ‘Barbilla de pico’ Grillo al panteón de los actores del Bien, después de que se partiera la cara con Condorman por llamarle de algún modo en la secuela del Capitán América; sin embargo, queda bastante lejos de ese Ethan que, con cara de niño grande, refleja la preocupación de alguien que se juega toda su vida por una persona desconocida.

Y si al héroe le crecen la temeridad y las artes bélicas de la original a su remake, también se dobla la calidad de las víctimas a salvar de una muerte segura: de un hombre cuya piel es su pecado y condición, pasamos a dos chicas, con el pecado de ser pobres, ser mujeres y ser negras. El mundo, en consonancia, se multiplica: del simpático grupo de colegas sociópatas, pasamos a mafias juveniles y logias clandestinas del país, interesadas en… lo suyo.

¿Cómo? ¿Qué no habéis visto ni una ni otra? ¿Habéis pensado que no merecía el tiempo o el dinero? Os resumo rápido. Durante media jornada anglosajona, esto es, desde las 19 h. hasta las 7 de la mañana siguiente, una vez al año, el crimen es legal. Y todo vale.

La diferencia principal entre la película original y su doble es la intimidad con la que se cuenta la misma historia. En ‘The purge’, Ethan es un padre de familia que vende sistemas de seguridad acorazada en domicilios y, como se dice, «en casa del herrero, cuchillo de palo». Esto lleva a un cuestionamiento íntimo de los familiares valores sociales estadounidenses y humanos a punta de pistola.

Frank, en ‘Anarchy’, es un hombre de armas, dentro de un país que espera con ansiedad su momento de libertad, un mundo peligroso donde las víctimas son conscientes de su condición. Tampoco faltan voces disonantes que, desde grandes pantallas, incitan a la rebelión armada. La tradición de la Purga se ha aceptado como balanza social, desempolvando las sirenas anti-aéreas en la calle y justificando la redención mediante la masacre.

La realidad en ‘The purge’, donde la muerte de una persona se justifica por su condición social, es meditada, masticada y disparada desde el sofá de Ethan. Se trata de una catarsis individual, una válvula anual de liberación de estrés sin escrúpulos por la vida ajena, que adquiere su crudo significado cuando una máscara armada con un hacha llama a tu puerta.

‘Anarchy’ dispara la tragedia de la familia de Ethan hasta la histeria nacional, volviendo la cuestión moral irrelevante: la ética buena es la que sigue viva. Solo queda sitio para la supervivencia, pero es tan antinatural que el Estado público tiene que velar por ella. En España, esta ciencia-ficción en la que el gobierno persigue a un sector social es bien conocida: la represión política, las redadas racistas y los CIEs los tenemos al salir del cine.

En vez del retrato social de ‘The purge’, donde incluso vosotras podríais miraros y reconoceros, ‘Anarchy’ promociona el miedo como norma y exhibe al héroe que todas necesitaremos, convirtiendo la ciudad en una víctima anónima. Los cadáveres se amontonan, las explosiones se acrecientan y la catadura moral se relaja; pero no por ello aumenta el horror de la Humanidad y el terror del vecindario que asombran en la original.

De obtener alguna enseñanza de ‘Anarchy: la noche de las bestias’, además de ideas para nuevas Iniciativas Legislativas Populares, resumámosla en las palabras de Van Sant, cazador de dragones estadounidense, durante su gira por Inglaterra: “Envidiad al país que tenga héroes, no? No, compadeced al país que los necesite”.

Si alguien pensó que ‘Anarchy’ se acercaría a esa matanza global que tantas milenaristas, como yo misma, esperamos con fervor, lamento decirlo: el Bien triunfa hum, creo que he matado un gatito y la humanidad sigue rodando vaya, otro. No desfallezcáis, el Milenarismo llegará.

Mientras viene otro Apocalipsis que se traduzca en decepción cinematográfica, como ocurrió con ‘2012’, os dejo con este auténtico ‘Exterminio: Glenn Ford y Robert Vaughn el bueno y siniestro del Equipo A nos llevan de la mano a la extinción. La única duda es si pulsaron el Botón Rojo.

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Treintaytantos, persona humana. In-útil por naturaleza, siempre tengo una opinión susceptible de ser falsa. Escribo por impulsos, como dicen que es la vida. Vecario en Tomalatele-TeleK.

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