Las americanadas siguen sin pasar de moda: ‘Cómo acabar sin tu jefe 2’

Siendo la segunda parte de ‘Cómo acabar con tu jefe’, los tres súbditos revolucionarios vuelven a la carga con más fuerza, diversión y situaciones inverosímiles. Este neo-humor americano, del estilo de ‘Resacón’, no para de producir películas del corte, y tras el éxito de la primera decidieron apostar fuerte por otra entrega. Esta película juega con actores míticos del panorama cómico de Hollywood o, al menos, con cierto bagaje para el gran público. Jennifer Aniston, Jamie Foxx o Kevin Spacey, de ‘Friends’, ‘Django desencadenado’ y ‘House of Cards’, respectivamente, aportan un valor interpretativo y de calidad a la cinta que sin ellos no habría sido posible. A esto se suma Colin Farrell al elenco de la primera entrega, y Christoph Waltz y Chris Pine de la segunda, en cierta forma de sustitución. Sustitución la cual no solo mantiene el nivel, sino que lo supera, como siempre hace el actor austriaco.

Si la premisa de la primera película es liquidar a sus superiores, en esta tratan de perpretar un secuestro. A muchos se les ha pasado por la cabeza, en momentos de odio y angustia suprema, tomar medidas violentas contra sus jefes. Es una realidad, y aquí tratan de ficcionar qué pasaría si esto se llevase a la máxima potencia de la locura. Los actores principales, mejores cómicos que actores (Jason Bateman, Jason Sudeikis y Charlie Day), juegan mucho con los actores anteriormente mencionados, lo cual les da una participación que, en ciertos puntos de la película, se agradece. Quien más se sale de los jefes, tanto en esta como en la anterior, es Kevin Spacey, sin ninguna duda. Aunque salga más en la última Jennifer Aniston, la aportación de Kevin es la mejor, ya que el personaje lo gana por su interpretación, y Aniston más por su guión. También hay que decir que su papel lo consigue realmente bien y están muy a la par, pero sigue brillando más el actor ganador de un Globo de Oro por su papel en la serie que protagoniza.

Mucha acción, mucha interacción y un dinamismo vertiginoso que no para de crecer, hace que esta americanada cumpla con su función: hacer reír. Y si de algo se puede diferenciar de las demás, es que lo hace con un humor simpático y sincero, y no roza el mal gusto de otras producciones similares. Calidad en nivel humano y un guión muy bien hilado a la par que sencillo, culminan en un perfecto pasatiempo de nivel fácil, pero que realmente no es ni más ni menos que lo que pretende.

bluebird Comunicación
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