‘La memoria del aire’, un estruendo delicado

'La memoria del aire'

Cierro las tapas de ‘La memoria del aire‘ con el corazón desbocado. Tengo la costumbre de morderme fuerte el nudillo del dedo corazón derecho. Veo la marca de mis dientes ahí. Estoy aturdida y mojada.

«Prefieres que me mantenga en silencio y tranquila, como una muerta sonriente».

Este relato autobiográfico de Caroline Lamarche es como el sirimiri, esa lluvia fina y ligera que parece no caer hasta que descubres que te ha calado hasta los huesos. Hasta el tuétano de los huesos. Hasta el alma, que produce su propia morfina cuando es sometida a un dolor muy grande.

Esto acabo de descubrirlo entre las 100 páginas de esta obra. Un regalo de Tránsito Editorial. Leo en su página web que «un libro es un refugio, un lugar por el que extraviarse y adentrarse en lo desconocido. Provoca que el lector transite y se convierta en tantos personajes como el libro tenga. Leer es, pues, transformación, Tránsito».

He transitado por el desgarro de Caroline Lamarche, atravesando mi propio desgarro. He admirado su voz en un viaje por la memoria de la mujer que soy, de las mujeres que somos, que seguimos siendo.

«Una no presenta una denuncia contra el hombre que ama. E incluso si había dejado de amarlo, suponiendo que eso fuera posible, no lo habría hecho, no se presenta una denuncia contra un hombre frágil, desde siempre los seres excepcionalmente inteligentes y sensibles han sido violentos, es normal, el drama del niño superdotado, seguro que se ha escrito algún libro al respecto, el niño superdotado tiene demasiada fuerza para este mundo tan limitado, su propia fuerza lo hace sufrir, eso también le ocurre sin duda a las niñas, pero de otra forma, de un un modo que nunca se ha estudiado en serio». 

He doblado la esquina de la página 68, donde he leído eso con la nuca paralizada de frío. Porque yo tampoco «estoy hecha de mármol ni de goma ni de jabón ni de nube» —otra esquina doblada—. Un libro marcado para que pueda volver a hablarme rápidamente de brutalidad y violencia, a golpe de poética delicada, cuando lo necesite.

«Cada violación, como cada parto, es única y sólo pertenece a quien la ha vivido».

Gracias.

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