La legitimación artística de los ‘youtubers’ españoles

Wismichu en 'Bocadillo' youtubers

Hace poco más de un mes, durante el Festival de Cine de Sitges, asistimos a una de las señales mas evidentes de que los tiempos están cambiando en la cultura en general y en el audiovisual en particular, cuando el youtuber Wismichu —de nombre real Ismael Prego— llevó una película de menos de hora y cuarto llamada ‘Bocadillo’ para ser presentada en la cita por excelencia de los amantes del cine fantástico y de terror en España.

En ‘Bocadillo’ Wismichu nos ofrece una perfomance más que una película: una escena repetida una y otra vez en la que un personaje (en principio, el propio Wismichu) entra a un bar a pedir un bocadillo vegetal. Aquí utiliza la conocida broma de que, muchas veces, los bocadillos vegetales no son vegetales, sino que llevan pavo, pollo o atún. En un laberinto de 70 minutos, el/los cliente/s y el/los camarero/s no consiguen ponerse de acuerdo en cómo debe ser el bocadillo en cuestión, creando una situación delirante —no por ello menos usada, ¿recuerdan el sketch de Martes y 13 y las empanadillas?— que ha causado el revuelo deseado.

Es ese revuelo el verdadero objetivo de ‘Bocadillo’, no la película en si. Ya que forma parte de un proyecto mayor, en el que se incluye un video aclaratorio en el cual desgrana una serie de factores y de mensajes que quiere transmitir al público. Además, nos desvela que las reacciones de los espectadores serán utilizadas en una «película de verdad».

Ante esto surgen varias preguntas: en primer lugar, ¿qué es ‘Bocadillo’ y qué se pretende con ‘Bocadillo’?; y en segundo, ¿estamos ante el “cocacola pestañeó” de los creadores nativos digitales?

Según Wismichu, con esta película quería trasladar al público tres ideas:

  1. Actualmente en el mundo importan más los números que el talento.
  2. La gente se cree cualquier cosa que lea en internet.
  3. Esta gente sigue teniendo prejuicios ante los creadores nativos de internet.

Según Wismichu, en cuanto anunció que estaba preparando una película, le llegaron ofertas de distribuidoras para hacerse con los derechos de la misma. Sólo porque la había hecho él, que tiene millones de seguidores en Youtube y redes sociales. A diferencia de otros creadores jóvenes —y no tan jóvenes— con más talento que él que se las ven y se las desean para sacar adelante sus proyectos.

Según Wismichu, durante la promoción que hizo de ‘Bocadillo’ en su canal de Youtube y en diferentes medios de comunicación, dejó una serie de pistas que podían llegar a dar a entender que la película que presentó en Sitges era algo más que una simple película, como acabó siendo, y que las reacciones a sus entrevistas dieron lugar a fake news —¿y qué no las provoca a día de hoy?—.

Según Wismichu, el haber sido un youtuber haciendo una película ha sido algo que le ha acarreado críticas y desprestigio por parte de ciertos sectores. Algo que —siempre según el gallego— sucede habitualmente cuando sale de su ecosistema natural, el mundo digital, para llegar a otras capas de público

Hasta el último punto, más o menos, todo tiene sentido. Sin embargo es en esta tercera idea, donde Wismichu se tropieza con su propio pie. Desde la misma concepción de la película, el youtuber la concibe como un proyecto cinematográfico: estreno en un festival, en salas, una premier… Una forma artística con más de un siglo de vida y totalmente aceptada, reconocida y estudiada por expertos de muchas disciplinas y que cuenta con el favor de prácticamente el 100 por 100 del público.

Es en este punto donde Ismael Prego cae en una contradicción: Si lo que está buscando es demostrar la legitimidad de su voz de creador digital nativo, ¿por qué abandona el medio digital y se abraza a otras formas artísticas?

Wismichu 2 youtubers

La paradoja de los creadores digitales

En los últimos tiempos, varios creadores de contenido digital han decidido dar el paso de llevar sus propuestas a otros ámbitos. En el caso de Wismichu ha sido el cine, pero no es el único.

Tomemos como ejemplo a Ruben Doblas, El Rubius, uno de los youtubers con más seguidores del mundo —más de 32 millones— y que no precisa de diversificar su creatividad en plataformas diferentes a la que le ha traído el éxito.

Corría el año 2015 cuando El Rubius sacaba adelante el proyecto ‘Virtual Hero’, un cómic en el que se cuentan las aventuras de un gamer que vivía aventuras en el mundo digital. Poco después sacó la segunda parte. Mientras tanto seguía subiendo contenido de forma regular a Youtube y ganando seguidores a espuertas. Sin embargo, ya se empezaba a adivinar una tendencia según la cual un creador de contenido digital nativo, que había sido pionero en lograr un éxito masivo a través de canales no habituales y mediante el tan loado en estos días do it yourself, abría sus horizontes para crear dos historias en papel, un medio analógico que, desde la aparición de Internet, vive momentos difíciles.

Las motivaciones del youtuber hispano-noruego parece que no iban en pos de ampliar su masa de seguidores, ya que su público potencial forma parte de las generaciones que han nacido en el mundo digital o que lo adoptaron —adoptamos— en los primeros compases de nuestra vida. Así que, además de probarse a sÍ mismo en otro ámbito, ¿qué puede llevar al segundo youtuber más seguido en habla hispana del mundo a hacer dos cómics? Y más aún, a crear dos años después una serie de televisión para Movistar +.

Parece que lo mismo que llevó a Ismael Prego a organizar la performance de ‘Bocadillo’. A mi entender, una exhibición de poder de convocatoria y, lo más importante, buscar una legitimación de su creatividad en un mundo totalmente ajeno al suyo.

Incurren de esta forma ambos youtubers en una paradoja: si hay un desprestigio en la profesión de creadores de contenido digital, tal y como apunta Wismichu en su videoexplicación de ‘Bocadillo’, el paso lógico para paliar este fenómeno ¿no debería ser subir el nivel de los contenidos que suben a Youtube?, ¿o quizá experimentar con los límites del formato? Al recurrir al cine y a las series de televisión —estas últimas el producto cultural hegemónico en nuestros días— están, en cierto modo, dándole la razón a aquellos que tratan su contenido como algo menor; como una forma de pseudocultura.

Por mucho que Wismichu montara un mockumentary (falso documental) en el que su madre respondía aliviada «¿algo más serio que Youtube?» cuando su hijo le contaba que estaba preparando una película, como forma de mandarnos un mensaje tipo «No. Youtube es lo suficientemente serio», ¿no está de esta forma él mismo deslegitimando la plataforma de video de Google —y sus análogas— al preparar su gran performance no en un cine, sino en todo un Festival de Sitges?

En el vídeo aclaratorio de lo que es ‘Bocadillo’ —en el cual se la relaciona con el mito de la caverna de Platón Ismael Prego recalcaba que «era totalmente necesario que fuera en Sitges para llegar al máximo número de gente». ¿En serio? ¿A más gente que en Internet ?

Mientras, El Rubius, después de tomarse sus meses de descanso volvía a su canal de Youtube en la fecha señalada para promocionar la serie que se emitirá no en su canal, sino en Movistar +, una televisión de pago, algo que se aleja bastante también del ideal de contenido libre y a precio cero que le ha dado fortuna y fama mundial.

La película real de Wismichu, aquella que estará lista para finales de este año o comienzos del siguiente, y en la que se utilizarán las imágenes de los espectadores que asistieron a la proyección en Sitges —caras de absoluta incomprensión, risas, abandonos de la sala— tratará del proceso creativo en el que se ha sumido el youtuber durante el desarrollo de ‘Bocadillo’, de cómo funciona la industria del entretenimiento y de las facilidades y dificultades a las que se ha enfrentado siendo un creador nativo digital al llevarla a cabo.

Parece que este tipo de creadores no han llegado a asumir la responsabilidad que tienen en los tiempos que corren. Una sociedad es también la cultura que genera y que consume en cada momento. Los youtubers, así como tantos otros nativos digitales que han volcado su talento y originalidad en Internet durante años, están ante una oportunidad única de regalar a una generación —y a todas las que vendrán después— unos referentes distintos de los que llevan imperando desde hace más de 100 años. Aún así, recurren a los mismos formatos que sus predecesores, los que se supone que los hacen de menos y que no entienden sus creaciones.

Puede que ‘Bocadillo’ sea el ‘Matrix’ de la Generación Z, de los Millenials, o de cómo decidan llamarnos en un futuro. Pero no asumir las posibilidades que ofrece Internet para lanzar aquellos proyectos más ambiciosos y seguir utilizándolo para reírse de memes o para comentar videojuegos (dos actividades lícitas y seguro muy valiosas, pero lejos del esfuerzo de una película, performance o de una serie de televisión de animación con un equipo de decenas de personas detrás) puede ser un error que seguro que no cometen las generaciones que vienen detrás de ellos; porque las hay. Acomodarse cuando se está en la cresta de la ola no augura un buen futuro para nadie, tampoco para los creadores nativos digitales.

Wismichu 3 youtubers

Las imágenes son de ‘Bocadillo‘ ©

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