La lágrima del dragón

Esto es más serio de lo que parece. Cuando ocho personas adultas van a ver una película de animación al cine, y al terminar, ninguno de ellos consigue levantarse o incorporarse de sus asientos de lo extasiados que se encuentran por el impacto que les ha causado, entonces, estamos hablando de una de esas películas que son más de lo que pretenden ser cara al espectador.

‘Cómo entrenar a tu dragón 2’ es incluso mejor que la primera, que ya era difícil. Y mira que se supone que segundas partes nunca fueron buenas, pero esto es la demostración de que no siempre es así. Ambas se desarrollan de forma similar; te plantean una disyuntiva, con una presentación típica y sencilla que ubica muy bien tanto al espectador joven como al adulto, y ha de resolverse a base de épica y corazón. El “problema” de este filme es que no es la épica y el corazón de las que se tiran en la gran mayoría de las que son de su género. Es decir, son sensaciones, reflexiones y sentimientos muy adultos los que se transmiten a partir de una base de dibujitos y ambiente de niños.

Esto no es nada nuevo si vemos la ya casi especie de obsesión de Disney por hacer huérfanos o faltos de una de las figuras paternas del protagonista en películas como ‘Bambi’, ‘El Rey León’ o incluso ‘Toy Story’, donde, por si no se han fijado, no aparece en ningún momento, ni siquiera mencionado, el padre de la familia. Pero en esta ocasión, estos puntos de inflexión, que son varios (llamémosles así para no decir lo que pasa exactamente y no hacer spoiler), no llega solo en un punto determinado, sino que lo mantienen presente a través de varios gestos. Esto consigue que esas emociones perduren a medida que pasa el tiempo, entrelazándose entre sí, para construir un final digno de algo catalogado como artístico, ya que, ¿qué es muchas veces el arte sino un mero mensajero de sentimientos y provocador de los mismos mediante un mensaje especial y personal?

Pues si el cine es el séptimo arte, las aventuras de Hipo, con su ‘Furia Nocturna’, Desdentao, logra tener un lugar especial en un buen museo. En esta ocasión, llega cinco años después de lo acontecido en la primera parte, crecido, con veinte años, para enfrentarse a ‘muertos’ y a ‘muerte’. Es por ello que la visión más adulta se justifica, y se agradece, aunque ya antes pusiera estas cartas de forma parecida sobre la mesa para reflejar lo dura que es la vida aún haciendo lo correcto. Ofrece, por lo tanto, varias lecturas, de forma divertida por con un buen trasfondo, por lo elaborado y trabajado del mensaje, sin que se reduzca todo al mero argumento del “he de salvar mi vida y la de los míos a base de solo lucha” que puede parecer para quien no la conozca.

Da gusto cuando el arte es tan universal que transmite lo mismo que otros a través de vías más complejas y encima a un mayor ratio de individuos. Y por eso da gusto ver esta película que hay que recomendar encarecidamente, al igual que su primera parte.

Al fin y al cabo, lo que se decía al principio. Esto es más serio de lo que parece y quien diga que no miente, o no se ha visto la película. Es una pieza que une diversión a flor de piel y emociones a raudales, más que su típica viceversa, para alcanzar una personalidad propia y desmarcada de las demás. En definitiva, ¿por qué elegir cuando puedes combinar?

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Hay tres cosas en la vida que odio por encima de todas. Los spoilers, la falta de consideración y la inutilidad al volante. Como diría Tarantino, tal vez mi forma de contar las cosas dé la vuelta al mundo, pero es el viaje lo que merece la pena. 24601.

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