«La discoexcusa»: Del signo leo

discoexcusa

Hace un par de años, mi pasión lectora estaba en horas bajas.

Otras aficiones y alguna que otra perversión se habían adueñado de mis ratos. Al menos de mis ratos libres. Ya no pasaban por mis manos ni un cuarto de los libros que antes devoraba.

Como siempre estoy hablando de la importancia de trabajar el cerebro, sobre todo si se le tiene un mínimo de miedo a las demencias de mayor, me propuse hacer algo. Tenía que volver a mis derroteros bibliófagos pero necesitaba ayuda.

Me enteré de que existían clubes de lectura en la biblioteca pública. Mandé un correo fuera de fecha. Me rechazaron. Al tiempo recibí un correo. Había una baja. Podía comenzar con el siguiente libro (una maravilla de Chinua Achebe).

Pude así conocer un montón de libros que habrían pasado desapercibidos para mi. Pude, además, conocer a un grupo de personas (todas mayores que yo, algunas bastante mayores que yo) con un culo tan inquieto o más que el mío y con una visión de la vida amplia y rebelde. He hecho amigos y he conocido gracias a ello, que es mi objetivo existencial.

Pues bien, puede que tus hijos no puedan hacerlo. Y puede que, si no te das mucha prisa, tu tampoco.

El derrumbe de Alejandría

Cada vez que abres un libro, te adentras en un torrente exclusivo que el autor ha creado para ti. Eso implica que cada libro que no lees es un río de conocimiento que se te escapa.

Visto así, los lectores nos relamemos pensando en las bibliotecas, auténticos depósitos de millones de historias que nos esperan.

Conocer el sótano de la biblioteca de mi ciudad ha sido un gustazo. Tantísimos libros, personas trabajando para catalogarlos, conservarlos y ponerlos en tu mano. Una poción para cada milagro que necesites. Una historia para cada rama de tu imaginación, un remedio para cada olvido.

Enriqueta, la niña lectora dibujada por el maestro Liniers, nos habla de ese momento glorioso al acabar un libro, cerrarlo y abrir otro nuevo. Un ascensor a otra planta en un centro comercial gratuito y bizarro. Ese olor a libro nuevo. Ese olor a libro antiguo. Esa biblioteca de Babel trazada por Borges. ¡Cuanto esconden y cuanto ofrecen esos refugios de la cultura! ¡Cuanta falta nos hacen! ¡Qué caro nos saldría perderlas! ¿Cuánto costará mantenerlas?

Pues se ve que el gobierno piensa que muy poco, porque de nuevo vuelve a menguar la partida de los presupuestos generales del estado destinada a bibliotecas.

Se ve que la cultura va a quedar, finalmente, como una coletilla para que aparezca en los anuncios de Canal Sur que protagoniza Eva González.

No es una casualidad. Aprovecha mientras nos dejen y piensa. Piensa para qué les viene bien a los del gobierno que no haya bibliotecas. ¿Qué sacan si no tienes acceso a la lectura gratuita?

No es un pasatiempo de unos pocos culturetas. Es el alimento de lo único que, hasta ahora, no podían quitarte pero que, sin embargo, no hacen otra cosa que intentarlo. Es la comida de tu mente y el motor de tu pensamiento crítico. Y sin bibliotecas no hay motor. Y sin motor, el pensamiento crítico no se pone en marcha. Y sin pensamiento crítico te la van a meter doblada. Otra vez. Más aún. Con más descaro. Mientras se te cae la baba.

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Un tipo curioso este Momus. Detrás de ese nombre de dios de la broma y el sarcasmo se esconde un escocés de parche en el ojo (cuidadito con la higiene de las lentillas) que lanza al mundo discos de apariencia sobria en lo musical (aunque esto es más un trampantojo que una realidad) y letras elaboradas.

En su disco ‘Bibliotek‘ nos da una buena muestra de ellas y de su cultura, algo que, a los pedantes como un servidor, nos torna la boca agua.

Desde que lo descubrí, no me cabe en la cabeza cómo he pasado tanto tiempo sin saber de él.

Me ocurre igual que con algunos libros de mi club de lectura.

Si, de ese club de lectura que se reúne en la biblioteca pública de mi ciudad.

¿Que no sabes lo que es qué? ¿Una biblioteca?

No me extraña que no lo sepas. Y pronto, ni tu ni nadie.

Ese día todos los pésame serán pocos.

Ese día será mi auténtico día de luto nacional.

bluebird Comunicación
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