‘Kiki’, una grata sorpresa

Empecemos por el final, donde una feria de las de toda la vida —con su perrito piloto y su chochona—,  sirve para unir cada una de las filias que componen este largometraje de Paco León. Reconozco que no soy muy de Paco, pero o aquí se ha quitado la careta o me he destapado yo los ojos.

‘The Little Death’ es la película australiana original en la que está basada “Kiki, el amor se hace”. Confieso que no he visto esa cinta pero es posible que no tenga la frescura que sí posee su remake. El tratamiento de las filias sexuales, que es el centro sobre el que gira el argumento, se lleva con naturalidad, dándole un tono acorde y ligero a la comedia, e integrando con gran acierto cada relato en el todo final.

Si quieres reírte te vas a reír, pero no queda todo en cuatro carcajadas. Detrás hay una historia muy bien contada y muy bien rodada. Creo que la improvisación ha sido una de las claves de este rodaje, aunque intuyo que ha sido una improvisación inducida y tolerada por el director, que para dar más libertad y naturalidad al reparto ha optado incluso por no modificar ni sus nombres de pila en algunos de los casos.

Y si hablamos de reparto me quedo con las mujeres, partiendo de que ellos también rayan a un gran nivel. Pero Natalia Molina, Belén Cuesta y, sobre todo, Candela Peña. ¡Ay, Candela! Lo bordan.

Para acabar quiero volver al final para resaltar ese homenaje al baile de la azotea de ‘La gran belleza que Paco, consciente o inconscientemente, realiza con todos los intérpretes. De nueve, porque, eso sí, aquí todavía le gana Sorrentino.


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