Gloria Fuertes, una mujer que se atreve

Vivía en una casa 
con dos ventanas de verdad y las otras dos pintadas 
en la fachada. 

Aquellas ventanas pintadas fueron mi primer dolor. 
Palpaba las paredes del pasillo, 
intentando encontrar las ventanas por dentro. 
Toda mi infancia la pasé con el deseo 
de asomarme para ver lo que se veía 
desde aquellas ventanas que no existieron.

Gloria Fuertes, claro.

Gloria Fuertes en el Teatro del Barrio
Foto: Jean Pierre Ledos, en teatrodelbarrio.com ©

De mi asistencia esta semana a ‘Gloria‘ dentro del ciclo ‘Mujeres que se atreven’ en el Teatro del Barrio me quedo con el impacto de reencontrarme sobre las tablas con este poema. Inmenso. Como ella. Y como la actriz Ana Royo, quien logra devolvérnosla a la vida con una intensidad deliciosa.

La obra —escrita por Noelia Adánez y Valeria Alonso— comienza con una Gloria cabreada con los niños y niñas que la persiguen. A partir de ahí, comienza a hablar, a beber, a recordar, haciéndonos reír, sonreír y emocionarnos con esa ternura con la que, desde sus manos, lo impregnaba todo.

Dice, por ejemplo, que sólo las mujeres pueden ser poetas. Que los hombres, si acaso, serían poetos. Gracias, Gloria.

Y, de pronto, esa pequeña sala se convierte en el aula de aquella Universidad de Bucknell en la que dio clases a comienzos de los años 60. Qué delicia. Y vemos, sin verla, a Phyllis, palpando su dolor; lloramos por la niña que perdió a su madre demasiado pronto. Y, sobre todo, sentimos la certeza de por qué fue / es tan necesaria la poesía. Casi tanto como Gloria.

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