«Quiero que mis hijas crezcan con otro tipo de porno»

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Erika Lust (1977, Estocolmo) es una directora de cine adulto independiente que un día decidió que el porno imperante no se adecuaba a sus experiencias reales. Aunque nació en Suecia, su historia con Barcelona empezó hace 17 años, cuando de camino a Alicante para aprender español durante un verano, su autocar hizo escala en Barcelona después de dos días de viaje desde Copenhague. En la capital catalana, donde lleva 15 años establecida, se ha llegado a sacar hasta el carné de conducir. Su último proyecto es X Confessions, en el cual convierte en realidad las historias que le proponen sus seguidores. Nos recibe con una amplia sonrisa y actitud jovial en la sede de Erika Lust Films, su productora, en el Passeig Picasso, al lado del Parc de la Ciutadella.

¿Cuál fue su primera impresión de Barcelona cuando la pisó por primera vez el verano del 98?

Uauh, ¿por qué no me puedo quedar aquí? Me encontré con algo muy bello, que me gustaba; fue un amor a primera vista. Después subí al autobús, llegué a Alicante y pasé un verano estupendo, en el cual aprendí castellano. Pero decidí que yo quería volver a Barcelona y conseguí otra beca. He vivido mucho de becas.

¿Viajó sola?

Sola, pero hice amigos en un momento. Estudié en una escuela en la calle Guillem Tell y viví en la calle Roquefort. Ahí empezó todo, me gustó muchísimo y volví dos veranos seguidos más, hasta que decidí quedarme. Después he vivido en un montón de sitios en Barcelona.

¿Le gustó la belleza de la ciudad o la gente?

La combinación, la mentalidad de la ciudad. Me encontré con una ciudad divertida, joven, despierta, abierta, que yo como sueca sentía muy cálida. Me movía con gente de todo el mundo, me gustaba mucho. Aquí tenía sensación de libertad.

¿En Barcelona trabajó en algo relacionado con Ciencias Políticas, lo que usted estudió?

Muy poco. Tuve una colaboración en el Fórum, pero mi castellano entonces tampoco era perfecto. Y Barcelona no es la ciudad más indicada para dedicarte a ello. Yo vi rápidamente que si me quería quedar aquí tenía que adaptarme a la ciudad.

¿Cómo llega al sector audiovisual?

Lo del Fórum no me daba el dinero suficiente, necesitaba más. Tenía amigos que trabajaban en el sector audiovisual, en publicidad, y me decían que yo les podía ayudar para relacionarme con los clientes al hablar diferentes idiomas. Rápidamente entendí que encajaba muy bien en ese mundo. Y en poco tiempo empecé a avanzar en él. De pasar de ser la chica de los cafés a asistente de producción y demás.

En 2004, al final de un curso de dirección de cine tuve la oportunidad de hacer un proyecto final, y ahí me di cuenta que había un tema que me interesaba especialmente: el placer femenino. Yo había visto pornografía y no me había gustado. No era para mí, no me daba lo que yo quería. Me parecía y me parece que la sexualidad es tan rica, que hay tanto para explorar, retratar y mostrar… la pornografía se ha limitado a mostrar un trozo muy escaso de la sexualidad.

Y muy machista.

Y muy machista. Muuuy machista. Es un género que se ha quedado en el mecanismo de la sexualidad, pero no ha entrado en el mundo de las emociones, las sensaciones, la estética, ni en un imaginario erótico. Yo quise hacer cine independiente enfocado al placer y la sexualidad, no porno. Hago cine. Cuento historias, muestro emociones. Cuento la sexualidad con una visión cinematográfica.

¿Cuándo se da cuenta que ese tipo de cine no solo le gusta a usted?

Ahí es cuando tengo mi momento y digo ajá. Hay más gente, no era solo yo y mis amigas. Después de hacer ‘The Good Girl’, el corto que fue mi proyecto de final de curso, lo publiqué online en mi blog y a los pocos días tenía dos millones de visitas. Yo estaba alucinada, de ninguna manera me esperaba eso. Coincidió con el momento que Internet se volvió audiovisual. Entonces me di cuenta que quería hacer más y creé la productora con mi pareja, Pablo Döbner. Desde entonces solo hemos crecido, crecido y crecido. Con el paso del tiempo he visto que nuestro producto está igual de apreciado por hombres que por mujeres. Mi audiencia es gente que comparte mis valores, no un porno que enseña las fantasías de unos hombres heterosexuales blancos middle age. Tiene que haber de todo, igual que hay McDonald’s y restaurantes de pequeños creadores. Hay espacio para todos.

En una de sus conferencias comentaba que la mujer tiene que estar detrás de las cámaras, no solo delante.

Hacen falta mujeres. Igual que antes no había mujeres en los gobiernos, y ahora comienza a haber. Con su trabajo han ido cambiando las condiciones. La pornografía es un género muy importante con mucha influencia cultural y sexual en cómo pensamos el sexo. Si dejamos a este pequeño grupo de hombres mostrar cómo tenemos sexo vamos a creer que esa es la manera en la que lo tenemos. Y mi experiencia personal me dice que no es así. Quiero que mis hijas crezcan con otro tipo de porno. Todos sabemos la importancia de la pornografía en la educación sexual.

¿El porno tiene más importancia que lo que se enseña en la escuela?

Claro, porque en la escuela no te ponen nada. Muchas escuelas hoy en día siguen teniendo miedo al sexo. O no hablan del tema, o cuando lo hacen, lo hacen desde un punto de vista negativo, contando todos los riesgos. Los jóvenes muchas veces usan la pornografía para aprender y sacan conclusiones que no me gustan. Porque una chica que aún no ha tenido ninguna experiencia sexual y ve porno mainstream le da la sensación que su papel es solo complacer y se olvida de ella misma. El sexo es de dos personas. Sexo es buen rollo, diversión, gusto, algo bonito. Yo he tenido hombres que hacían de cámara que no han reconocido el placer femenino, el orgasmo. El tío no enfocaba el orgasmo de ella. Me encuentro más cómoda trabajando con mujeres y con hombres con un fuerte lado femenino.

¿Sexualmente somos una sociedad abierta?

Tenemos muchos prejuicios, miedos y vergüenza alrededor del sexo. Hemos crecido en generaciones que lo miraban con miedo. Ahora hay un pequeño grupo de gente que vive en ciudades cosmopolitas que empieza a ver el sexo de forma diferente. Pero si vas a pequeños pueblos hay más miedo alrededor del tema. En la ciudad tienes un anonimato mayor.

¿Entre Suecia y España observa diferencias en la forma de ver la sexualidad?

Sí, en Suecia, por ejemplo, veo mucha apertura a nivel de liberación sexual. Ahora las chicas jóvenes tienen más libertad que la que tuve yo. En Suecia hay una resistencia más grande a la pornografía y una resistencia feminista. Es una sociedad que da más importancia que aquí a los valores feministas. Tienen una percepción de que la pornografía es muy antimujer. Tenemos que limpiar ese concepto. Y en España hay muchos problemas para entender lo que significa el feminismo. Hay una idea extendida de que feminismo significa antihombre, que es un movimiento que quiere quitar todo el poder a los hombres, y nada más alejado de eso. Los hombres y las mujeres tenemos el mismo valor. Es una idea de humanismo.

Dijo que los periodistas suecos le hacen más preguntas de mente cerrada que los españoles.

Aquí en España a la gente no le parece terrible ver pornografía. Es más natural. En Suecia la gente tiene miedo al porno. Es muy poco aceptado.

¿Cómo son sus actores?

Busco personalidades, no caras bonitas. Les hago una entrevista personal para conocer su vida, quiero saber por qué se dedican a esto. Y los mezclo con personas que quieren tener una experiencia erótica delante de una cámara, pero no quieren dedicarse a ello profesionalmente. Con ellos hago exactamente lo mismo: tener una conversación larga para conocerlos. Hablamos hasta de con quién les gustaría compartir esta experiencia, ya que algunos tienen actores favoritos. Pero les aviso de los peligros, claro. Me toca asustarles, explicarles que estos vídeos posiblemente van a estar en Internet hasta el final de los días. Algunos acaban dedicándose a esto. No son pobre gente que no tiene otra forma de vivir en la vida. Aunque a veces eso sucede en el porno mainstream. Nos tiene que importar de dónde sale nuestro porno. Lo que no hago es trabajar con gente demasiado joven. Hay productoras que dicen mañana cumples dieciocho, rodamos. Primero tienen que encontrarse a ellos mismos.

¿Se siente más segura con el cortometraje?

El cortometraje funciona muy bien para este tipo de cine, pero me voy preparando para hacer algo de cine en forma de película. Siento esa necesidad como creadora. Pero eso no quiere decir que vaya a dejar el cine erótico, ni mucho menos. Aunque sí quiero poner mi mundo en un formato más largo, más complejo.

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Cambiemos de asunto. ¿Qué le pareció el fenómeno ‘Cincuenta sombras de Grey’? Ha escrito algún artículo sobre el tema.

A nivel de fenómeno es muy interesante lo que ha pasado. Se ha visto que las mujeres estamos altamente interesadas en el sexo, en el erotismo y en historias que muestran una práctica que no es mainstream. Lo que ha provocado todo este fenómeno es abrir este mundo a un público amplio. Aunque creo que muchos se decepcionaron. En el libro hay más sexo explícito que en la película, pero en esta tampoco había demasiado erotismo. No la considero erótica, sino romántica. A muchas mujeres les hubiese gustado ver algo más y parte de ese público ha acabado encontrando el tipo de porno que hacemos personas como yo. Respecto a esto estoy muy contenta. Pero si hacemos un análisis del libro, de los personajes y de lo que sucede, hay alguna cosa que me molesta. Me molesta que estén describiendo un hombre triste, con unos rasgos de hombre agresivo, controlador. ¿Quién quiere alguien controlándole todo el tiempo? Lo normal es que vayas a la policía a decir que no quieres cerca un hombre así.

¿A pesar de la crisis el sector pornográfico da dinero?

Es un sector que fue muy tocado por Internet. Todo lo que antes la gente tenía que  pagar de repente lo puede ver gratis. Pero a mí eso no me afecta, porque lo que yo hago es tan diferente a lo que se hace gratis en Internet…otra cosa es que me pirateen. Aunque yo también dejo ver gratuitamente algunos de mis productos. Igualmente tenemos que concienciarnos que debemos pagar por ver a nivel audiovisual, como sucede en Alemania.

Hizo un proyecto titulado ‘Barcelona Sex Project’. ¿Por qué le puso el nombre de Barcelona?

Barcelona es una marca que vende, que en el mundo está muy apreciada, que rápidamente la gente asocia a diseño, arquitectura, buen lifestyle, buena vida. Son las connotaciones que tiene la palabra.

¿Sexualmente se ve una ciudad abierta?

Yo creo completamente que sí.

¿Es un buen lugar para dedicarse al porno?

En Suecia no creo que lo hubiese hecho. En Suecia yo era Erika, pero en Barcelona yo llegué a ser Erika Lust. Allí juzgan más, son más duros.

¿Cómo reaccionó su entorno?

Piensa que llevo 15 años en Barcelona. A mi entorno de aquí le pareció absolutamente maravilloso. Hubo mucho interés, la gente tiene mucha curiosidad. En Suecia, a mi madre no le gustó nada. Pero creo que tiene mucho que ver con el cambio de mentalidad generacional. Para ella el porno es algo muy malo, aunque ya no le empieza a asustar tanto. En todo caso, hoy en día todos los padres tienen que dar a los hijos la charla del sexo y después la del porno.

¿Se ve mucho tiempo en Barcelona?

Yo me quedo aquí hasta que me muera. A mis hijas las llamo mis dos cremas catalanas (ríe). Yo he viajado y vivido en otros países y no hay otro lugar que me haya gustado más. Tampoco me veo volviendo a Suecia. Vivo delante del Mediterráneo. Cada mañana cuando tomo mi café puedo observar el Mediterráneo delante de mi ventana. Tengo mis chiringuitos fantásticos, mis niñas van a la escuela de Vila Olímpica y trabajo en El Born. Voy en bici a todos lados y pocas veces subo a Plaça Catalunya. Yo vivo en el litoral. Me encanta el mar. Piensa que nací en Estocolmo, que es una ciudad encima del mar. Si no tengo el mar, no soy feliz. Tiene energía, el aire se respira diferente. Cuando llego al aeropuerto, noto la sal en el aire. Mi pelo es diferente, mi piel es diferente.

En Estocolmo imagino que se vive de otra manera el mar.

Sí, claro. Es invierno durante nueve meses al año. Como el mar tiene hielo, nos vamos allí a patinar el fin de semana. Por otro lado, mi padre siempre ha navegado, y yo también. Pero el Mediterráneo siempre me ha gustado, desde cuando de pequeña me llevaron de viaje a Grecia.

Fotografías: Pol Jordá ©

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Periodista freelance. Es decir, ya se entiende. Me gusta tener gastada la suela de los zapatos. Suele ser sinónimo de haber encontrado grandes historias.

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