«Cuando entiendes que el sistema te narcotiza para chuparte la sangre, puedes liberarte un poquito»

Marion Berguenfeld nació el 3 de enero de 1962 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Es Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, especializada en Literatura Latinoamericana. Es docente, periodista y editora. Ha publicado los poemarios ‘Las lobas’, ‘Bruta piedad’, ‘Forense. Estación fantasma’ y ‘Estrip’. Obtuvo además, entre otros, el Primer Premio Cuentolopos 2000 de Literatura Infantil y el Primer Premio aBrace de Cuento Breve Latinoamericano 2001, en Uruguay. Ejerce la crítica literaria y fue co-conductora del programa radial ‘Tierra de Poesía’. Integra el Grupo Travesías Poéticas y es co-fundadora de ibuK. Poemas, cuentos y obras de teatro para niños han sido antologados en varios países. Fue incluida en ‘Traversées Poétiques. Poètes argentins d’aujourd’hui’.

En ‘Estrip’ asentás el nombre de tu padre, Enrique Berguenfeld, quien además de haber sido poeta fue músico y promotor cultural. Vayamos hacia él, a tu infancia, a tu juventud.

¿Mi infancia y mi juventud? ¡Fueron caóticas, extrañas! Vengo de una familia de empresarios y comerciantes. A papá le gustaba escribir pero estudió Ciencias Económicas —un par de años— y terminó haciendo bastante dinero en los 60. Como su pasión era la música y la vida doméstica lo aburría mucho, el mismo día que yo nací abrió un bar que se llamaba Reno en Corrientes y Gurruchaga, donde se realizaban encuentros musicales de jazz, tango, blues… En los 70 se enamoró, se fue a vivir a Brasil con una secretaria adolescente y fundó dos fábricas. Mejor dicho, las fundió, porque no supo sostener la riqueza. Corrían los 80 cuando creó un grupo mítico, Raíces de América, que apadrinó Mercedes Sosa. Todavía existe y mantiene seguidores en todo Brasil. El propósito era que los brasileños conociesen la música del resto de América. Después trabajó en un mega Centro Cultural, El Memorial de América Latina. Él era director del área musical o algo así y durante décadas llevó al Memorial a los más grandes: Pablo Milanés, Rubén Rada, Peteco Carabajal, León Gieco, Los Olimareños, Silvio Rodríguez, Hugo Fattoruso, Anacrusa, Susana Rinaldi… ¡A los mejores de la época! Su casa era conocida como “lo de Enrique Bergen, el de San Pablo”. Allí, en ocasiones, se alojaron los Quilapayún, Fágner, los Parra, en su cocina comió empanadas e improvisó Chico Buarque. Cuando yo iba a Brasil estaba en ese ambiente, entre músicos, ensayos y giras. A veces, llevada desde acá en el micro que trasladaba a toda una orquesta. Pero la poesía había aparecido en mí mucho antes, cuando todavía no sabía escribir. Siempre tenía canciones en la cabeza. Era una lectora voraz y desordenada. Una nena solitaria, tímida, dolorosamente sensible. Carne de poeta, supongo.

No hace tanto, en 2008 y en 2010, firmando, al menos en las tapas, con el nombre Kirón, Editorial Emecé-Planeta te publicó los volúmenes ‘Astroguía del sexo y del amor’ y ‘Almas gemelas’. Hablemos de tu inclinación y de tu formación en astrología, y de lo que te ha deparado como autora.

La astrología me llegó vía el periodismo. Yo me fui de mi casa muy chica, a los 17, tenía que trabajar y lo único que me gustaba era escribir. Así que respondía a toda oferta de trabajo que incluyese redactar algo. Redacté cursos de autoayuda por correo, tarjetas postales, notas, publicidades, folletos, guías y una vez, un curso de astrología para cargar en computadora porque no existía nada de eso en castellano. Me contrató un ingeniero que era astrólogo (creo que vivía en un barco la mayor parte del año). Me daba libros con información astrológica seria y soporífera. Yo tenía que resumirlo y convertirlo en un texto entretenido. Eso fue a mediados de los 80. En los 90 me tomaron en una editorial de publicaciones femeninas. Era para escribir en Emanuelle, una revista que había sido bastante revolucionaria en lo suyo. Pero a la semana exacta me pusieron a dirigir una revista nueva que se llamaba Agenda Astrológica. Yo no sabía nada de astrología, estudiaba Letras, escribía poesía, había terminado periodismo… No me lo tomé muy en serio. Pero contrataron a una astróloga española que era lingüista y a un astrólogo brasileño que era médico y sabían un montón. Se pusieron a explicarme. Me apasioné. La astrología me alucinó. Después estudié formalmente, pero ese primer contacto fue toda una revelación. Y empecé de casualidad a trabajar en La Nación como astróloga, y un día una editora de Emecé, Mercedes Güiraldes, me llamó y así nacieron mis libros, los que me llevaron a la radio y a la tele. Digamos que pude saborear el gustito de la popularidad, o al menos de la masividad. Algo que los poetas anhelamos pero nunca tendremos. La poesía no es de consumo masivo como la astrología. Nadie te paga por eso. Y en eso reside tal vez su pureza, su encanto.

novicia

soy la menor del asilo
por eso duermo atada
y me ensucio los pies
tengo múltiples madres
que van muriendo en línea
a medida que rezo

soy la gata
que entierra en el jardín
los trapos que se roba

(para no dejar huella
las anunciadas
me arrancaron las uñas)

vendadas
mis manos alzarán
un reino paralelo al del convento.

(Inédito)

Asentamos ya el enlace que conduce a la biblioteca de poesía virtual, pública y gratuita que fundaste con el poeta Ramón Fanelli. 

Esa es tal vez una apuesta ideológica fuerte. Descubrimos que en Argentina no existe ninguna biblioteca de poesía. Yo hice un curso de bibliotecas comunitarias y cuando íbamos con el grupo de visita a la Biblioteca Nacional, a la del Maestro, a la del Congreso… siempre buscaba al menos un sector enteramente dedicado a la poesía, pero nada. No había. Nos preguntábamos qué iba a ser de nuestra generación de poetas si no se conserva su obra. Libros sublimes con tiradas mínimas que nadie podía ya encontrar. Pensamos en armar una biblioteca en casa pero no teníamos espacio. Entonces empezó a crecer la idea de un espacio virtual. Ramón entiende muchísimo de tecnología, de lenguaje digital, tiene su www.paginadepoesia.com.ar con miles y miles de contactos. Eso facilitó el camino. Diseñamos el proyecto entre los dos. Fuimos pidiendo los libros, la autorización de los autores o de sus herederos. Hicimos como 50 libros igualitos a los de papel y lo lanzamos al ciberespacio. Esos libros están vivos. En un año lo visitaron 6.000 personas. Es como militar de poeta. Llevar al mundo lo mejor de un lenguaje que es revolucionario de por sí. Por ahora nuestro plan es seguir incorporando títulos. Estamos preparando, por ejemplo, la poesía completa de Walter Adet, el gran poeta salteño. Y los que ya están son todos maravillosos, especiales. Difundir la obra de otros me resulta tan importante como escribir lo mío. Porque fíjate qué perverso es el sistema: tira a la basura a nuestros mejores artistas, los silencia, los ignora, a la vez que produce toneladas y toneladas de discurso basura. Hay que dar vuelta la ecuación, difundir lo mejor de la producción humana, hacer de la poesía un antídoto, de eso se trata.

¿Tenés por allí un libro que estás preparando, al que calificaste el año pasado como «raro» y que se titularía ‘Umbra’?

Raro en mi producción. De algún modo cuenta una historia. Y tiene un aire de película de misterio. Pero no puedo decir mucho más porque me falta distancia con mi propia producción, es demasiado reciente…

 ‘Las lobas’ apareció firmado por Karina Marión Berguenfeld. Pero ya en ‘Bruta piedad’ (el título es un hallazgo, una piedra preciosa, opino) no sólo “voló” tu primer nombre sino que con él se fue la tilde de Marión. ¿Qué te fue pasando con tus nombres, cómo te fuiste acercando a tus dos decisiones, Marion sin tilde?

 En eso mi historia es bastante inusual. Como periodista, a veces, debí usar  seudónimos y siempre jugué con mis verdaderos nombres. Por ejemplo, en Clarín redacté notas durante varios años en una sección que se llamaba Arte y Antigüedades y como no estaba “en blanco” me intimaron a usar un seudónimo y elegí Karina Kurz, porque Kurz es el apellido de mamá. Cuando empecé a publicar horóscopos en La Nación tenía un contrato de exclusividad con otra editorial, así que elegí Kirón, por Karina Marión, y además porque es un nombre de mucho peso en astrología. En otra ocasión me encargaron las novelitas de amor que firmé como Marion McKena. En cuanto a dejar de ser Karina y pasar a ser Marion… Karina es el nombre que me eligió mamá y Marion, mi segundo nombre, lo eligió papá. Como el poeta era él… Y además Karina Marion es muy largo. El acento no sé bien cuándo ni por qué se perdió.

arsénico

¿mirar o que te miren?
preguntó

litros de ron cubano
recostado en mi alfombra

cargó la magnum

tu nena mala dije
y puse jazz

quedó seco
los ojos como platos
a mitad del estrip.

(De ‘Estrip’)

libro-berguenfeld-2Hablemos de las mentiras y los sueños. ¿Qué te pasa a vos con ellos, qué te ha ido pasando con ellos —autora del poema ‘Sueños de loba’— desde aquella etapa de dos países, dos músicas, dos lenguas?

Yo vivo como dormida, volada, en un cierto estado de irrealidad que me suele angustiar. La vida diurna me resulta espesa, como una telaraña muy pesada que me rodea, haga lo que haga. Por eso me gusta nadar y dormir, me siento más liviana. La mentira es algo que me asusta. Yo suelo ser bastante brutal con eso de la franqueza, aunque a esta altura de mi vida aprendí a callarme, a no decir, a omitir más que mentir. Pero la mentira ajena me aterra porque no siempre la reconozco y sufrí enormemente pequeños y grandes engaños. La mentira me ha herido de muerte, llevo sus cicatrices.

¿Qué narradores preferís?

Los del boom latinoamericano, el realismo mágico de García Márquez, de Alejo Carpentier, de Miguel Ángel Asturias, de Juan Rulfo, de Julio Cortázar, de Jorge Amado. Ellos me hablan en mi idioma.

¿Qué importancia le atribuís a los premios literarios en tu carrera?

Me dieron ánimo para leer en público, algo a lo que le tenía terror; y a seguir escribiendo.

Como dijo William James, el hermano del gran Henry James,  «un gran número de personas piensan que están pensando, cuando no hacen más que reordenar sus prejuicios». ¿Compartirías con nosotros alguna sentencia que te parezca fenomenal por lo contundente?

No se me ocurre ninguna ahora mismo, pero esa cita de James me parece buenísima: pensar es romper con las ideas preconcebidas, con modos de vida pret a porter.

¿Cuál sería tu “mayor secreto mejor guardado”?

No tengo ninguno pero podría compartir una idea: no existe el control, no controlamos nada, hay que dejarse ir.

¿Solés estar en desacuerdo con vos misma?

Soy muy contra. Me encanta tratar de mirar las dos caras de la moneda al mismo tiempo.

Caronte

Pido para mi muerte un esclavo de azul.

Él me llevará por la huesería
a brazadas de oso el río espeso
alejará las calaveras
que muerden los pies del recién caído.

Un hombre.

Nadará por mí.
No se atreverán con su durísima carne
las tortugas lentas de los islotes.

Transitar los castigos
las gracias de esta vida.
Tanta materia agitada.

Lo pido azul hecho de río.
Que por los peligros de la muerte

me lleve me deje dormir.

(De ‘Forense. Estación fantasma’)

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Rolando Revagliatti
Rolando Revagliatti nació en 1945 en Buenos Aires (ciudad en la que reside), la Argentina. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos y relatos y quince poemarios, además de otros cuatro sólo en soporte digital. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com. Sus 185 producciones en video se hallan en http://www.youtube.com/rolandorevagliatti

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