‘Élite’, la consolidación de la pasión por el drama adolescente

Élite principal 1

Podemos afirmar, al menos aquellos telespectadores nacidos dentro de mi generación, cómo se ha desarrollado progresivamente un interés desbordado por las creaciones de temática adolescente, ocupando prácticamente la mayor parte del catálogo de producciones y llegando a centralizar la variedad de la oferta televisiva en un género en concreto (con ‘Skins’ empezó esta pasión por el delirio juvenil, contagiando esta preferencia hasta hoy).

Cabría preguntarse si se han acabado las ideas para ofrecer al público algo novedoso o también podríamos ponernos conspirativos —algo que parece que está muy mal visto en estos tiempos— y deducir que todo se trata de un plan estratégico de venta establecido a partir  de la incapacidad de la gente por mostrar interés en algo que se desvíe más allá de las ficciones melodramáticas con aires intensitos de madurez prefabricada. Pero entonces saldría a relucir la típica réplica del entendido de turno que exclama diciendo que lo que necesita el espectador medio de hoy es algo «de actualidad» con lo que identificarse, algo que podamos visualizarlo y sentirlo como propio, que podría pasarnos a cualquiera. El principal problema que veo y que rompe con este argumento es que no puedo —ni quiero— que me vendan esta ola de efervescencia hormonal como un marco de referencia donde todos podríamos encontrar nuestro reflejo. Quizá haya personas que afirmen que han vivido situaciones tan estrambóticas como perseguir a un asesino clandestino como pasatiempo corriente de alumno de instituto o los que se peguen por defender que no han podido empatizar más con unos adolescentes por no poder comprarse un autobús como regalo de fin de curso.  

En plena época de las plataformas de pago y del reinado de Netflix como administrador de contenido, esta tendencia se ha intensificado —queda más cool poder decir que tu vida está siendo representada gracias a la empresa del momento— en el periodo del consumo fácil, donde, aparentemente deprimidos por los problemas del primer mundo, sólo soñamos con llegar a casa después de otro día insulso de trabajo e identificarnos viendo los sucesos de esos personajes cuya vida es tan envidiable.

Tal vez solo me quede apartarme y transmitir mi fascinación ante las (supuestas) vidas paralelas que se construyen estos apasionados por lo “realista”, ya que para qué demonios vamos a apostar por investigar otras vías de género si siempre podemos abanderarnos de ser otro joven incomprendido cuya red de acontecimientos imposibles está siendo reproducida por un reparto de ensueño en la misma pantalla.

'Élite' principal 2

Dentro de esta tesitura por el apego teen, la recién estrenada ‘Élite’ encontraría su lugar en un punto intermedio, una serie donde poder apreciar ciertos conflictos sociales, en la que la ficción no llega a convertirse en una fantasmada tan alejada de la realidad, por más que a veces necesitemos sumergirnos en nuevas experiencias inexistentes en nuestro día a día. Dejando a un lado que la premisa pueda ser más o menos interesante —la confrontación por la convivencia forzada de dos clases sociales tan dispares— debemos admitir que el gancho lo logran concienzudamente a través de un reparto de escándalo, porque esa es la sensación premeditada que se pretende conseguir al reunir bellezas incuestionables, por lo que el primer contacto y el hilo que hace que en la mayoría de los casos puedan sobrevivir y alcanzar cuotas de éxito estos géneros reside exclusivamente en la estética, en este caso la pura estética del atractivo corporal. Esto no quiere decir ni por ello debemos restar mérito al trabajo interpretativo que recae sobre el elenco, especialmente el aire fresco que aportan la soltura y la rebeldía natural de María Pedraza o Miguel Herrán, trabajo notable que ya pudimos apreciar en otra serie de la misma compañía como ‘La casa de papel’, donde también colaboraron juntos.

La cuestión que me viene escamando, y que se repite como constante en todas estas producciones, es la inverosimilitud de la construcción de estos personajes con la realidad. No sé vosotros, pero en mi entorno ha predominado generalmente más bien una normalidad estética. Lo de guapos, feos y del montón por lo visto ya lo hemos suprimido, ahora sólo se puede ser guapo. Está bien, queremos tramas que envuelvan problemas actuales. La discordancia llega cuando sientes que no se está representando al común de los mortales, por no hablar de que no puedes creerte la vida de un adolescente en el cuerpo de un veinteañero. En cuanto al planteamiento formal, no deja de ser curioso cómo se asemeja tanto la estructura tipográfica de la introducción con la de ‘Stranger Things’ o cómo se dispone la construcción narrativa en base a flashforwards del asesinato de la misma manera que en ‘Big Little Lies’.

Pero, como ya apuntaba, de lo que sí puede presumir ‘Élite’ es de ir un poco más allá, de querer hacer hincapié en temática social mostrando por ejemplo la disyuntiva de ser gay en un entorno familiar con fuertes prejuicios propios del conservadurismo religioso o la crítica  a la educación familiar basada en un clasismo socioeconómico aberrante. Sea cual sea su intención, de lo que no cabe duda a expensas de una más que probable nueva temporada es de la amarga sensación de boca que se te queda al comprobar que vivimos en un mundo profundamente desigual e injusto, donde los ricos y privilegiados siempre ganan.

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Estudiante a tiempo parcial y artista renegado. Sólo un chico de la calle que vive su canción. En el cine y la música se plasma mi vida, mientras yo intento darle un sentido a través de estos párrafos vacíos, o no, eso lo decidirán ustedes.

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