El nuevo ‘boom’ de la cultura latinoamericana

El nuevo boom lationamericano principal

La cultura latinoamericana está viviendo un periodo de apogeo en estos últimos años. Toda ella, a diferencia de los años 50 y 60 del siglo pasado, cuando la literatura protagonizó un primer boom con grandísimos autores —algunos de los mejores del siglo, sin duda—, que no vino acompañado de un despertar tal como el que vive a día de hoy.

La música, el cine, la gastronomía o la política latinoamericanas copan todas las conversaciones que merecen la pena a día de hoy sobre música, cine, gastronomía o política. Su influencia en estas disciplinas es tan importante que obviar la influencia de todos los pueblos que viven al sur de los Estados Unidos en el continente americano es un acto de insensatez. Mucho más si no solo se obvia, sino que se desprecia.

Las claves de esta nueva hegemonía cultural que se está gestando son dos, a mi entender. Además son dos cuestiones contradictorias, como muchos de los factores que marcan el mundo latinoamericano de forma indeleble.

Por un lado, Latinoamérica es una amalgama de pueblos muy diferentes pero que muestran una identidad común entre sí. A diferencia de lo que ocurre en Europa, se reconocen como hermanos; más allá de intereses políticos como los que han conformado la UE, nada más lejano que un español y un sueco, un italiano y un bielorruso. Algo que no ocurre cuando hablamos de Ecuador y Colombia o Venezuela y Bolivia.

El nuevo boom lationamericano colombia

Por otro lado nos encontramos de la misma manera con un pueblo tradicionalmente emigrante, pero cuya esencia no se ha diluido entre la de los pueblos que les han acogido. A diferencia de los inmigrantes europeos que llegaron a Estados Unidos, en muchos casos huyendo de sus países por cuestiones políticas, que a las pocas generaciones ya estaban dentro del american way of life.

Sin olvidarnos de que también ha recibido inmigración de todo tipo a lo largo de los últimos seis siglos. Desde los chinos que llegaron al Perú a los españoles que colonizaron el continente.

Esto ha provocado que la cultura latinoamericana sea integradora y exportadora al mismo tiempo. Un crisol de costumbres, alimentos y culturas que ha cuajado y ha adquirido un carácter propio e inconfundible. Unido al exotismo que refleja por su clima, colores y modo de vida lo hace atractivísimo para casi todo el que se acerca allí. O para el que tiene el privilegio de que Latinoamérica se acerque a él.

Reguetón, la música más popular del planeta

Igual que en tiempos del boom de la literatura latinoamericana y el realismo mágico los autores de todo el continente supieron leer a los grandes escritores de principios del XX y llevárselos a su terreno —a lo sobrenatural, los boliches, a su lenguaje y sus raíces— para escribir obras que perdurarán para siempre en los cánones literarios, los cantantes latinoamericanos de la nueva generación (los del siglo XXI) han sabido coger lo mejor de la música urbana que se hace en Jamaica —el reggae— y en los Estados Unidos —el hip hop— y lo han pasado por el trópico, el ecuador y el sol; por Héctor Lavoe, Ismael Rivera y Willie Colón; por la bachata, la salsa y la cumbia, haciendo que lo callejero tome una nueva dimensión: más festiva, sensual y menos oscura.

Tan solo han pasado 15 años desde que el reguetón empezó a tomar forma de industria y a llegar a Europa, a través de España (gracias —y digo «gracias» y no «debido a», porque yo les estaré eternamente agradecidos— a todos los inmigrantes latinoamericanos que llegaron aquí cuando cambiaba el siglo y el milenio), y a Estados Unidos. Han bastado para convertirla en la música más popular del planeta.

Igual que durante años no sabíamos lo que decían las canciones en inglés que sonaban en la radio minuto sí y minuto también, ahora son ellos los que no tienen idea de que dicen Daddy Yankee, J. Balvin o Bad Bunny en sus temas. A raíz de la serie que Netflix y Nicky Jam han pergeñado sobre la vida de este último, estamos redescubriendo los inicios del artista que abrió la ceremonia de la final del pasado Mundial de Fútbol. ¡En Rusia! La música latina ha conseguido dar, literalmente, la vuelta al mundo.

Estos mismos artistas están convirtiéndose en los más populares del planeta (en concreto, Bad Bunny merece un artículo aparte) y han conseguido que, Drake, el cantante más escuchado de los últimos dos años, cante en español para todo el mundo.Mientras tanto, reivindican como influencias a los Lavoe y Colón con los que se criaron y mezclaron los beats de trap con la salsa y la bachata.

Grandes películas con alma de autor

Se ha hablado muchísimo de la nueva ola de cineastas mexicanos en Hollywood, casi tanto como de la influencia del reguetón en la música de masas. Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón llevan dominando con mano de hierro en guante de seda los premios más prestigiosos del mundo del cine desde hace casi un lustro.

El éxito de estos cineastas radica en su versatilidad a la hora de encarar proyectos que respiran todo el alma de Latinoamérica, con grandes películas rodadas en Estados Unidos pero con alma de auteur. Así fueron ‘Amores Perros’, ‘Y tu mamá también’ y, ahora, la recentísima y superfavorita para los premios de la Academia, ‘Roma’.

‘Birdman’, ‘El Renacido’, ‘La forma del agua’ o ‘Gravity’ consiguieron llevarse el gato al agua de crítica y público los últimos años gracias a su impresionante factura técnica. No olvidemos el trabajo de los equipos de estos directores, integrados en gran parte por latinoamericanos, entre los que destaca el también mexicano Enmanuel Lubezqui, uno de los mejores directores de fotografía de la historia. También gracias a la capacidad de materializar historias escritas para la gran pantalla en un momento en el que proliferan los remakes, las adaptaciones y los biopics.

Sin embargo, no es sólo el cine lo que está dando alas a la cultura audiovisual latinoamericana. En la pequeña pantalla estamos asistiendo a un fenómeno de actores y realizadores que alcanzan grandes cotas de popularidad.

El mayor ejemplo de todo esto es ‘Narcos’, la serie de Netflix sobre los diferentes cárteles de la droga en Sudamérica durante los años 80 y 90 que enganchó a medio mundo: Medellín, Cali y ahora México han sido sus escenarios principales y el hype no disminuye.

Es un error, a mi entender, desprestigiar ‘Narcos’ o criticarla en base a su temática o a una posible idealización del consumo de drogas. Así como achacar su éxito al morbo que producen estas tramas. La solvencia de los actores como Wagner Moura (Pablo Escobar) o Pedro Pascal (el agente Raúl Peña) ha quedado más que contrastada, así como la impronta que directores de televisión latinoamericanos han sabido darle a una serie que ha mimado su estética desde el primer capítulo.

El caso de Pedro Pascal es digno de una celebración extraordinaria. No sólo se ha hecho con el rol protagonista y de narrador en una serie producida en Estados Unidos, después de que empezara siendo un agente norteamericano la voz narrativa de ‘Narcos’ (en una clara muestra de que Netflix no siempre acierta a la primera), sino que es actualmente la imagen de Loewe. Un latinoamericano siendo imagen de una de las marcas de lujo y alta costura; algo que no se había dado con anterioridad y que es otra muestra más del boom que está viviendo lo latino a nivel cultural, influenciando todos los ámbitos de la misma.

Comer, una forma de entender el mundo

Si en algún ámbito la cultura latinoamericana ha sido aceptada sin ningún tipo de reparo entre las grandes convicciones preestablecidas, esa ha sido la gastronomía. Mucho antes de que el internacionalismo y la multiculturalidad se convirtieran en la ideología dominante, la comida de Latinoamérica, en este caso con México a la cabeza, fue una de las primeras que se abrió pasó por todo el mundo: primero con puestos callejeros, luego con restaurantes.

Pero hablar —o escribir— de gastronomía latinoamericana es hablar del mismo continente biológica y geográficamente. Su transversalidad y sus diferentes ecosistemas hacen que sea una de las más variadas del mundo. Selva, mar, montaña… En todas las regiones hay platos y recetas para todos los gustos. Y en este caso la abundancia no está reñida con la calidad.

Solo en Perú hay más de 4.000 clases diferentes de papa diferentes. Las especias, con especial atención a los ajís, se cuentan por docenas, y las diferentes influencias que han recibido a lo largo de los siglos están perfectamente mezcladas unas con otras, dando lugar a una forma de entender la comida que causa sensación.

Tanto que, cada vez más, en diferentes países del entorno del centro y sur del continente americano se entiende la gastronomía como la principal forma de comunicar su cultura al resto del mundo. Las embajadas y diferentes asociaciones de hosteleros y cocineros que hay repartidas por el mundo se esfuerzan a diario para organizar eventos donde podamos probar los platos más y menos conocidos de los diferentes países.

El nuevo boom lationamericano ceviche

Las sopas del Ecuador —encebollados, caldos de gallina—, los ceviches de la gastronomía peruana, así como la chifa —quizá el primer ejemplo de comida fusión del mundo en cuanto a organicidad en dicha unión del culturas—, la carne argentina o brasileña o las bandejas paisas colombianas son auténticas delicias que nos sirven para entender mejor la forma de vivir de estos pueblos.

Cuidar lo natural y las materias primas, la importancia de las raíces y la experimentación sin caer en alardes innecesarios y la sencillez, hacen que disfrutar de la gastronomía latinoamericana, estés donde estés, sea acercarse a ellos y a su forma de entender el mundo de una forma mucho más obvia a como sucede en otros países.

Todo esto ha conseguido un reconocimiento entre el público y la crítica más exigente del mundillo gastronómico. Unos ejemplos a vuelapluma:

  • Siete restaurantes de los 50 mejores del mundo en 2018 están en Latinoamérica. Cuatro de los 20 primeros.
  • Virgilio Martínez, peruano, fue considerado en 2017 mejor chef del mundo. Es el responsable de Central, el sexto mejor restaurante del mundo.
  • La cocina mexicana es una de las cuatro únicas del mundo consideradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (junto a la francesa, la japonesa y la española). 
  • Perú se ha consolidado como el mejor destino gastronómico del mundo, siendo galardonada durante seis años seguidos.

Más allá del axioma irrefutable neoliberal

También en lo político Latinoamérica se ha convertido en uno de los escenarios del mundo con más trascendencia en el equilibrio geopolítico —quizá el que más—. Los movimientos de tinte ideológico más disruptivos y que más han variado el estado de letargo en el que la política occidental ha querido mantenerse desde la Guerra Fría han nacido o se han visto llevados a su máxima expresión en América Latina. Para bien o para mal.

El movimiento Bolivariano que llevó a Hugo Chavez a la presidencia de Venezuela y que ahora sostiene en el alambre a su sucesor, Nicolás Maduro, se ha erigido como el muro de contención a las políticas mercantilistas que, impulsadas desde los grandes think tanks del mundo sajón, han conquistado el imaginario económico occidental, haciendo que el neoliberalismo sea percibido como un axioma irrefutable.

El nuevo boom lationamericano Hugo Chávez
Fotografía: David Hernández ©

Su voluntad de mantener la soberanía popular en el pueblo de Venezuela a toda costa le ha granjeado enemigos y detractores, a la par que defensores de un país que, con casi el 20 por ciento del petróleo del mundo, le planta cara a los Estados Unidos del Trump. A nivel de política económica no parece que esté siendo la mejor opción, y es que los bloqueos occidentales al país latinoamericano, unido a una economía basada en el petróleo (sin hacer tampoco negocio con él) se han convertido en el mejor argumento para atacar a un régimen político que fluctúa peligrosamente entre la democracia y el autoritarismo.

Mientras escribo estas líneas, todo el mundo mira fijamente a cómo se resuelve la situación política en Venezuela, con Maduro y Juan Guaidó, presidente de la Asamblea, presuponiéndose presidentes legítimos del país (recordemos que Venezuela cuenta con un sistema presidencialista, como EEUU). Dos cámaras de representantes del pueblo conviviendo a pocos metros una de otra y la opinión mundial dividida.

En el otro extremo del espectro político, nos encontramos el Brasil de Bolsonaro, el candidato populista de extrema derecha que se hizo con la victoria en las elecciones de hace pocos meses.

Un candidato que en pleno siglo XXI ataca a los homosexuales, hace de menos a la mujer, desprecia a los ciudadanos racializados del país del Amazonas, y que, sin embargo, ha resultado ganador de unos comicios realmente polémicos, debido a la inhabilitación y encarcelamiento del candidato y ex presidente, Lula Da Silva, por corrupción.

Un Bolsonaro que, a pesar de que no ha podido llevar a cabo con toda la determinación que mostró en campaña su agenda política debido a una enfermedad que se prolonga en el tiempo, ya ha tenido tiempo para cambiar algo el rostro de un país que a día de hoy se encuentra en un momento estratégico clave para dar el salto a convertirse en uno de los países más prósperos del mundo (lo tiene todo: población, materias primas, un entorno atractivo) y que se lo juega todo en manos de un presidente, cuanto menos, inquietante.

Pero no solo de extremos vive el hombre. En Latinoamérica hemos visto también en el poder a un hombre sencillo y digno que ha conseguido la admiración de incluso quienes lo detestan en el plano político. Un hombre cuya muerte se llorará en todo el continente y en gran parte del mundo. Hablamos, claro, de José Mujica, el ex presidente de Uruguay, que rechazó el lujo que conlleva el poder y vivió sus días al frente de uno de los países que tienen como frontera el Río de la Plata en su casa de toda la vida, humilde y austera.

José Mujica se convirtió en representante de un movimiento que reivindicaba la dignidad de lo justo. Además, tuvo el valor de llevar a cabo reformas, como la legalización de la marihuana, que acabarán siendo una realidad en todo el mundo. Sin entrar a discutir, claro, si esto es positivo o negativo a largo plazo, es, obviamente, una de las formas más efectivas de luchar con el narcotráfico, generar impuestos extra para ayudas sociales y sanitarias y regular, por fin, un mercado que ha sido injustamente demonizado.

Todo esto y mucho más es Latinoamérica. Un continente vivo, asentado en contradicciones, que es muy difícil no amar. Un continente que está viviendo un período de agitación y evolución, y que seguirá creciendo en relevancia en todo el mundo. Igual que lo ha venido haciendo hasta ahora. Con alma de inmigrante y emigrante, primero llegando a todos y luego creciendo más que nadie. Se lo merecen.

Hemos preguntado a la gente que es lo primero que se les pasa por la cabeza cuando les decimos Latinoamérica. Os dejamos una selección de las respuestas:

Arepa, calor, cumbia y Bolaño, gastronomía, baile y diversidad, fruta exótica, ‘Las venas abiertas de Latinoamérica’, reguetón, fértil, salvaje, contrastes, incas, mayas y Machupichu, felicidad, mente abierta, playa, música, alegría, felicidad, mate, samba, comer y bailar, gastronomía por descubrir, petróleo, Ozuna, ceviche y reguetón, diversidad cultural, arroz con alubias y aguacate, felicidad con poco, paraíso, realismo mágico, baile, guacamole, sabor, Borges y hospitalidad…

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.