El cine… mejor que rime: ‘Todos están muertos’

Había películas ochenteras

con fantasmas de puntillas.

En España eran más horteras

y le daban a las pastillas.

La música sintetizada

sonaba en las discotecas.

Si querías ir bien peinada

competías con pinacotecas.

Ya pasados esos años

no se olvidan sus deidades.

Las resacas son travesaños

entre días de piedades.

Pero esos muertos sonoros

no nos dejan olvidar,

y sus indelebles lloros

nos tienden a influenciar.

Elena Anaya es la inerte

que mataron sus pasados,

pero la historia convierte,

ella no tuvo pecados.

Madre e hijo no controlan sus acciones

cuando buscan lugar común.

La agorafobia no se arregla en canciones,

¿será en botas frotadas con betún?

Si todos los ídolos murieron

va siendo hora de continuar.

Que no sean los que cayeron

los que nos vayan a traumar.

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Levantarse de la cama: hecho. Ducharse y comer algo: hecho. Ver una peli: hecho. Salir a comprar tabaco y alcohol: hecho. Leer un rato: hecho. Tontear por curiosidades en Internet: hecho. Salir a tomar unas cañas y charlar: hecho. Darse un poco de cariño: hecho, dos veces. Escribir una biografía para MurrayMag: demasiadas cosas, no da tiempo a hacerlo todo en un día.

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