Don Draper (o la nostalgia)

Imagina poder entrar en un cuadro de Hopper, en una de esas oficinas iluminadas por la luz de las farolas de la calle que cae en diagonal sobre jefes, secretarias, empleados. Esos hombres atrapados en la oficina hasta altas horas de la noche que ya han perdido el tren que les debía llevar hasta los suburbios donde les esperan sus esposas sonrosadas, la cena en la mesa, los niños acostados tras el baño.

Ese mundo que intuimos fuera de campo en algunas pinturas de Hopper es el mundo en el que nos sumergimos en ‘Mad Men’. Durante casi siete temporadas, de la mano de Matthew Weiner, entramos en oficinas situadas en Madison Avenue. Amplias, elegantes, con olor a tabaco, con minibares repletos y secretarias siempre atentas para que no se acabe el hielo.

Don Draper es publicista. Quizás uno de los mejores de ese Nueva York de los sesenta que retrata la serie. Una época que se levantaba tras la recuperación económica de la posguerra, una época en  la que la publicidad empezaba a ser poderosa y en los despachos de Madison Avenue se inventaba el modo de crear necesidades en la gente, de crear deseo, ansia de poseer. De consumir. Se les daba la posibilidad de ser poderosos por conducir un coche de determinada marca, de sentirse libres por fumar un tipo de cigarrillos, de ser felices por comer una chocolatina, bellas por ponerse un lápiz de labios, de demostrar amor al regalar una joya. Una época en la que desde esos despachos los publicistas empezaban a construir las bases de la sociedad de consumo. “Vosotros, vendedores en vuestra torre, creasteis la religión del consumo masivo” y Don Draper lo resume con una sola frase como respuesta: “La gente desea tanto que le digan qué hacer, que escucha a quien sea”.  Y lo dice en el sexto capítulo de la primera temporada. Ahí es nada.

Pero Don Draper también forma parte de ese mundo construido.

Porque Don Draper es mentira.

Don Draper es la fachada que oculta a Dick Whitman, un hombre criado en un prostíbulo, con carencias afectivas y monetarias, un hombre que se construye a sí mismo a través de una nueva identidad. Don Draper es la mejor marca creada por él, el perfecto símbolo del sueño americano, el self made man,  el triunfador, el que todos los hombres querrían ser, el que todas las mujeres querrían tener, el que puede conseguir aquello que desee.

¿Pero qué desea?

En ‘Summer Men’, capítulo de la cuarta temporada, el protagonista, despojado de su traje, imagen de marca de esa identidad construida, deja de ser Don Draper. En bañador,  sentado en el vestuario de la piscina, vuelve a ser Dick, un hombre inseguro, lleno de dudas, lleno de miedos.

No es casualidad la importancia que se le dio en la serie a un suceso como la muerte de Marilyn Monroe. André y Marie Jacquemetton, showrunners y guionistas de ‘Mad Men’ hasta su sexta temporada, usaron ese incidente de forma dramática porque Marilyn, inventada por la idea que Hollywood creó de ella, es una persona construida.

Y Don Draper, en el fondo, es lo mismo.

Podría ser un personaje de cualquier relato de John Cheever. Es complejo, lleno de matices, odioso y encantador a un tiempo, a quien el espectador perdona porque entiende su angustia, porque al verle sentirse culpable, comparte su culpa. Un personaje en constante huída de sí mismo (quizás para encontrarse).

Un personaje cargado de nostalgia por una vida que nunca existió.

Apenas quedan ocho capítulos para llegar al final de este mundo creado por Mathew Weiner. Ocho capítulos para dar sentido completo una serie arriesgada que, aparte de una estética que sin duda es uno de sus puntos fuertes y ha trascendido la pantalla para invadir la moda actual, tiene una estructura que rompe con la del relato clásico y nos hace olvidar que alguna vez a la televisión se la llamó la caja tonta. Bebe de la literatura, la pintura, el cine y no engancha a la primera, sino que enamora poco a poco al espectador.

Una serie que cuenta el lado amargo del sueño americano.

Porque ‘Mad Men’ muestra las luces y las sombras de una época que, quizás, no fue tan dorada.

 

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.