El despertar de la gran historia de las galaxias (sin ‘spoiler’)

El primer recuerdo que tengo de La Guerra de las Galaxias (lo de Star Wars vino después) son esos enormes AT-AT destrozándolo todo en ‘El Imperio Contraataca’. Esos enormes perros de metal hacían las delicias de un niño a finales de los 80 para los que aquello, pese a que la película fue estrenada muchos años antes, era lo más increíble que podía ver en una pantalla.

Como no teníamos acceso a los contenidos como ahora, para disfrutar de todo aquello había que esperar a que la primera cadena echara esas películas algún domingo después de comer. Era una delicia, porque entre medias había cintas de ‘Indiana Jones’, ‘Tiburón’, ‘Regreso al Futuro’ y muchos de esos que hoy llamamos clásicos y forman parte de nuestra historia.

Pero volvamos al principio. Después de impresionarme con los AT-AT quizás me desconecté. Es cierto que, viviendo en un pueblo, era quizás más complicado acceder a contenidos para profundizar en todo ese universo en la era previa a Internet. Pero en mi cabeza siempre brilló la historia de Luke Skywalker, las aventuras de Han Solo y, por encima de todo, la fascinación por Darth Vader.

Sí, lo reconozco. Para mí La Guerra de las Galaxias es, el fondo, una profunda admiración por Lord Vader y su voz. Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a Constantino Romero.

Y así llegamos al estreno de la segunda trilogía. Pese a no ser lo que uno podría esperar (esto lo digo años después), en su momento fue absolutamente impresionante. Pero, por encima de todo, los Episodios IV, V y VI hicieron que me reencontrara con la trilogía original y, ahora sí, gracias a Internet, pude profundizar en toda esta gran historia.

En esto que Disney compra la franquicia a George Lucas y todo el mundo pierde la cabeza. Anuncian nuevas películas y el frikismo se divide entre el miedo y la esperanza. Yo fui de los de la esperanza. Y soy de los convencidos. Me gusta que hayan nuevas películas de Star Wars. Me encanta que cada año vayamos a expandir un universo maravilloso que nació de la cabeza de un genio californiano.

Así llegó ‘El despertar de la Fuerza’ en 2015. Me recuerdo en el cine emocionado, nervioso y tenso. Y todas mis expectativas se vieron desbordadas: Disney me había dado lo que necesitaba. Por un lado, enterraba el mal sabor de boca que me pudo dejar la segunda trilogía. Y, por encima de todo, me reencontraba con personajes claves de mi imaginario y podía comenzar a cerrar una etapa en mi fascinación por esta obra de arte de la ciencia ficción.

Es el momento de ‘Los últimos Jedi’. Reconozco que no esperaba nada de lo que me acabé encontrando. Y reconozco que me emocioné, que vibré, que disfruté y que aluciné. Ryan Johnson le ha dado una vuelta a una franquicia que, tras haber cerrado viejas heridas, comienza a dejar atrás el pasado para mirar a un futuro ilusionante. El Episodio VIII es la confirmación de que pueden venir muchas grandes historias una vez que la saga de los Skywalker, la familia real galáctica, deje paso a nuevos personajes y nuevas historias.

No quiero contar nada más. Esto no va de spoiler, va de sensaciones. ‘Los últimos Jedi’ es una película fantástica, en la que el espectador disfruta y el fan puede llegar a gozar. Supongo que los puristas acabarán fastidiados, pero la cinta tiene momentos inolvidables, entrañables y guiños a lo que fue esta saga y lo que debería de ser ahora y en el futuro.

¿El futuro? Pues se escribe con cuatro letras: SOLO. En unos meses nos encontraremos con una nueva película de la franquicia, paralela a todo esto. Y eso es una magnífica noticia si recordamos la última experiencia en este sentido, ya que la primera historia de Star Wars, ‘Rogue One’ es, probablemente, la mejor película de otra galaxia después de la trilogía original.

¿Mi consejo? Ir al cine a disfrutar del Episodio VIII, sin expectativas, y con ganas de disfrutar de una historia que se remonta ya a muchos, muchos años.

¡Ah! Y que la Fuerza os acompañe siempre.

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Señor de 35. Periodista. De los periodistas de Pozoblanco de toda la vida. Soy de Batman pero sin Robin. Robin no mola nada. Robin apesta.

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