«Catenaccio es como un ‘highlights’ de las cosas que nos pasan»

CatenaccioLe voy cogiendo el gusto a esto de entrevistar amigos. Sin duda alguna, es más fácil imaginar las respuestas mientras uno construye las preguntas conociendo a quién las va a responder. En esta ocasión, es el turno de David Molina, miembro de Catenaccio junto a otro reciente entrevistado en Murray Magazine, Antonio Jesús Moreno. Ambos presentan ‘La Escala de Richter’ (Clifford Records, 2017), diez canciones que recorren su geografía personal mostrando claramente la jugada.

Por cierto, ojo en la entrevista a los «gatos del mundo vegetal».

Catenaccio recuerda inevitablemente a lo italiano, a fútbol de siempre, a historias de toda la vida, pero para vosotros, ¿qué es Catenaccio?

Supongo que hay muchas motivaciones diferentes para hacer canciones. En nuestro caso, es una vía de escape, de evasión, un modo de afrontar las pequeñas tragedias personales que, utilizando el símil futbolero, nos hacen replegarnos en nuestra particular área doméstica, donde contenemos el ataque, recuperamos el aliento y volvemos a agarrar la vida con un contraataque certero dejando grabada una buena jugada que acabe en gol. Es un Catenaccio musical, aunque al contrario que en el fútbol, nosotros sólo mostramos las jugadas. Es como un highlights de las cosas que nos pasan en el terreno personal. Seguramente no militamos en la División de Honor, pero peleamos y disfrutamos marcando.

¿Cómo ve el David Molina que acaba de lanzar disco con Catenaccio al David Molina que se subía al escenario con los míticos y añorados Deneuve? ¿En qué ha evolucionado tu música?

Hay mucho de Deneuve en lo que hacemos en Catenaccio, sobre todo en el apartado lírico. Deneuve fue una carrera universitaria. Adolfo Carrillo y Antonio Agredano escribían de forma diferente a los grupos que solía escuchar entonces, te intentaban tocar dentro huyendo de los conceptos tópicos y las rimas fáciles. Y aprendí que si querías hacer una buena canción tenías que tener algo que contar, no solo unir palabras con cierta gracia. Eso aumenta la exigencia personal y hace que necesites un mínimo de 20 canciones para grabar un disco, porque la mitad de ellas acaban en la papelera.

Tanto tú como Antonio Jesús lleváis con la música a cuestas toda la vida. ¿Qué significa en vuestra trayectoria ‘La escala de Richter’?

Creo que es un paso más, que continúa en lo personal nuestros proyectos anteriores. Al final hacemos canciones por necesidad y disfrute personal, y renunciar a compartirlas sería quedarse a las puertas. Quizá ese es el paso más importante de este disco, editarlo con un sello. Porque en un primer momento iba a ser un EP, luego un disco autoeditado y, al final, tras compartirlo con algunos amigos, nos animamos a buscar discográfica. Y mira, la primera puerta que tocamos, Clifford Records, se abrió con comentarios muy buenos sobre las canciones. Así que ha sido un proceso de ir ganando confianza poco a poco y de creer en lo que hacíamos.

Richter

Sin duda alguna, al enfrentarse al magnífico trabajo que habéis editado, uno se queda pasmado con una portada que no puede dejar indiferente a nadie. ¿Cuál es su historia?

La foto de la portada la tomé hace algo más de un año en el Torcal de Antequera. A medida que el disco iba creciendo me venían a la cabeza multitud de imágenes geológicas y fenómenos naturales que podía unir perfectamente con cosas que me pasaban. Y entonces vino aquel terremoto en Málaga, donde vivo desde hace tres años, que nos despertó a todos en plena noche. Acojona bastante. Me desperté haciendo la croqueta en la cama. El resquebrajamiento de la tierra y la crudeza del paisaje del Torcal conectaban muy bien con cómo me sentía y con las canciones que estaba escribiendo. Y fruto de todo aquello escribí ‘La Escala de Richter’, que también da nombre al disco.

Siguiendo con el título del disco, su canción homónima podría ser la biografía de muchos de nuestra generación. ¿quién es nuestro perro del hortelano?

Todos somos nuestro propio perro del hortelano en algún momento, y podemos tardar tiempo en darnos cuenta. Creo que hay que ser consciente de esto antes de buscar y juzgar a los demás perros del hortelano que aparecen en la vida.

La geografía juega un papel clave: ‘Antequera’, ‘Los Polos Opuestos’, la ‘Calle Gigante’, ‘La Gran Muralla’… ¿Qué influencia tienen los lugares en los que vives en tu manera de crear música?

Yo creo que es una prueba de que somos el suelo que vamos pisando. Siempre que uno sale de casa se expone a que le pasen cosas. Puede ser una obviedad, pero yo trabajo desde casa y eso me convierte a veces en un ermitaño. Y luego cuando salgo vuelvo con historias y referencias que aparecen cuando hago canciones. ‘La Gran Muralla’ no la he visitado aún. Esa canción hace referencia al nombre de un restaurante chino que hay en Pozoblanco. Aquí en Málaga pido a uno que se llama Fu-Manchú, pero… ¿Cómo iba a llamar así a la canción? [Risas] ‘La Gran Muralla’ es una canción basada en un pedido al chino. La típica cena de chino que antes te comías con tu ex novia, pero que un día te zampas solo de manera un tanto melancólica. Es un juego que me gusta para componer; dar protagonismo a una sopa agripicante de pescado en una relación que ha terminado es un poco loco, pero me divierte.

Otra canción para una época puede ser ‘Made in China’. ¿Cuándo se pondrá en marcha la obsolescencia de esta sociedad que hemos creado?

Parece difícil. Y la única opción es que todos aprendamos a asumir nuestra pequeña o gran responsabilidad con la sociedad, con el planeta, con los de nuestro alrededor y con los que vendrán, y no porque lo digan las leyes, sino por convencimiento propio. Acabo de volver de Australia y, por poner un ejemplo, en términos de residuos y gestión de la basura, te das cuenta de la diferencia cultural que hay. Es para hacérnoslo mirar. No está mal recordarlo ahora que llegan las procesiones religiosas, con sus mantos de cáscaras de pipas y sus charcos de cera derretida (y subvencionada) que esperarán pacientemente durante meses para derribar a ciclistas y peatones.

Tengo que confesar que mi favorita es ‘El cerro de la cárcel’. Además, desde la primera escucha. ¿Por qué esta canción para abrir el disco?

Quizá es una decisión técnica, o de conexión con el público. El mayor terror de un músico es imaginar a alguien saltando de una canción a otra a los 20 segundos. Por eso intentamos que la primera canción tenga un tono alegre, un estribillo claro, y que resuma el tono general de las pistas que hay después. De momento, hemos conseguido conectar contigo, así que estamos contentos.

La penúltima… ¿Qué os pasa con los cactus?

[Risas] Los cactus son los gatos del mundo vegetal. Son bonitos, pero su encanto no reside en su carácter sociable. Son ariscos, permanecen estáticos, impasibles, y cuando te acercas a cuidarlos y regarlos te sueltan un zarpazo. Creo que por eso la naturaleza les puso espinas, para que no los riegue nadie, porque no lo necesitan. Sin embargo, admiro su belleza en estado salvaje, en el desierto. Con los gatos no he tenido muy buena conexión en general, pero últimamente he conocido alguno que se ha ganado mi respeto enseguida con cucamonas divertidas.  Los cactus, como esa cena de comida china de la que hablamos en ‘La Gran Muralla’, son otra referencia más de utilizar lo cotidiano para hablar de cosas más trascendentes.

Por último, ya que conoces bien a Bill Murray, ¿qué tema del disco serviría de banda sonora para una de sus películas?

Pues me gustaría verlo narrando alguna historia con los cactus, imagino diálogos locos entre las plantas y Bill, humanizándolos y teniendo acaloradas discusiones. Sería divertido.

Fotografía: Ariadne Zanella ©

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