‘Casi nada que ponerte’, la novela que me resistía a leer (y que devoré en un día)

Cuando un libro que habla de —por ejemplo— fútbol, política o moda es realmente bueno, gusta incluso a aquellas personas que se confiesan ajenas a estos mundillos. Esa es la prueba irrefutable de la calidad literaria y parece funcionar bajo la ley de que si algo te lo narran bien, y bonito, no importa cuál sea tu predisposición inicial hacia aquello que te cuentan: va a funcionar. Así las cosas, Lucía Lijtmaer ha conseguido algo casi impensable: que me lea (mejor dicho, que devore), a pesar de mi resistencia inicial, un libro sobre un tema que en principio ni me iba ni me venía. «Veremos», me decía dudosa, sin saber que al abrir su novela estaba apuntándome un gran acierto. ‘Casi nada que ponerte (una de las novedades de Libros del Lince que está recogiendo críticas excelentes; y no es para menos) presenta a dos empresarios del mundo de la moda, sí, pero no habla de pasarelas, de nuevas tendencias, de galardones internacionales para jóvenes diseñadores ni de supermodelos galácticas. La polifacética autora (colaboradora en eldiario.es o Carne Cruda, profesora y organizadora del festival ‘Princesas y Darth Vaders’) recupera la historia real de Mario Montaruli y Roberto Gribodo, una pareja gay que emprendió su negocio particular y que vivió su esplendor en el Buenos Aires de los años 70 y 80 del pasado siglo. Viajes e identidades en una retrospectiva nostálgica con sabor a nuevo periodismo.

En el suntuoso glamour de la boutique de La Colorada —el barroco y exuberante edificio regentado por Marioyroberto, la “entidad única”—, por el que pasaban las clientas más adineradas de la capital argentina, se gesta un “juego” que fue creciendo hasta desembocar en la decadencia a la que parecía predestinado. La picaresca y el derroche ostentoso, el talento de los protagonistas para seducir a sus clientas —incluso a las que realmente no podían permitirse jugar a comprar trapitos caros— ayudan a comprender, a modo de metáfora, una parcela de la personalidad del país sudamericano. ‘Casi nada que ponerte’ retrata un modelo de negocio ya extinto, basado en un trato cien por cien personalizado a una cartera de clientes sabiamente fidelizada, y que nada tendría hoy que hacer contra los emporios unipersonales extendidos en varios continentes o la fabricación masificada de productos textiles, por no hablar de la emergencia de las firmas low cost.

Un libro que es un tren (o un avión) al pasado, donde la moda es la excusa para contar historias brillantes, propias o ajenas, desde la cercanía y la humanidad, que es a lo que aspira el periodista o el escritor. Un collage coral y personalísimo, con trazos de crónica y entrevistas, diario y teatro que es, además, el retrato de una generación: la de los hijos de los emigrados («una hija de emigrantes es una niña con la cabeza metida en un tupperware; una isla en medio del Pacífico»). La narradora, de ascendencia polaca, argentina de nacimiento y «barcelonesa hasta las trancas», explora a sus protagonistas, su trasfondo, la motivación que les empujó a dejar atrás sendos entornos opresivos y sin posibilidades para llegar a Buenos Aires y empezar a construir un sueño. Pero en el camino aprovecha de paso para buscarse a sí misma a través de fotos descoloridas, amistades y familiares; para recordar ese país que dejó cuando sólo contaba con unos pocos meses de vida. ‘Casi nada que ponerte’, al margen de su calidad como novela, no se parece a nada que haya leído anteriormente, lo cual, hoy día, es un estímulo para el lector que busca ese soplo fresco entre sus lecturas. Y no es descabellado afirmar que —hablo ya de un hecho constatado— Libros del Lince nunca (me) decepciona.

bluebird Comunicación
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1 Comentario

  1. Me encanta como relatas.
    Gracias por la recomendación.
    Con permiso me he llevado tu entrada a mi humilde blog.
    Si no te parece bien, házmelo saber y la quito.
    Saludos

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