‘Bar Bahar’, alentando el feminismo

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«Estamos hartos de dictaduras, de las reglas. Al principio de la Primavera Árabe se olía a libertad, se notaba un viento de cambio, pero cinco años después nos damos cuenta de que la sociedad árabe está peor que antes. Pero no nos hemos rendido. Debemos liberar nuestras mentes, debemos seguir alentando el feminismo, la educación, mudarnos a las grandes ciudades donde existe la posibilidad de anonimato y libertad para las mujeres, llevar una vida respetuosa como ciudadanos de igual a igual, hombres y mujeres, palestinos e israelíes. Es hora de que empiece una nueva era». Así de potente se expresaba en la gala de clausura del Festival de San Sebastián la directora de cine Maysaloun Hamoud.

Nació en Budapest mientras su padre estudiaba Medicina y creció en Dier Hanna, un pueblo al norte de Israel. Después de licenciarse en Historia del Oriente Próximo en la Universidad Hebrea, un acontecimiento en el que casi pierde la vida la encauzó hacia el cine. Se licenció con honores en la Escuela Minshar.

Y hace unos días llegaba a nuestros cines con su ópera prima, ‘Bar Bahar – Entre dos mundos‘, el filme del que todo el mundo habla, el más premiado del Festival de San Sebastián. Una película que cuenta la historia de Leila, Nour y Salma, tres ciudadanas palestinas de Israel que viven en Tel Aviv, donde comparten piso y vivencias. Una cinta que plasma maravillosamente bien la dualidad a la que las tres jóvenes mujeres se ven sometidas en su vida diaria, atrapadas entre la tradición y la vida en la gran ciudad, así como el precio que deben pagar por un estilo de vida que la mayoría considera normal: la libertad de trabajar, de divertirse y de elegir.

Las protagonistas se encuentran atrapadas entre la roca inamovible del sexismo y la muralla del racismo, no están en ninguna parte y se ven obligadas a realizar un recorrido agridulce, sin posibilidad de regreso, hacia un futuro muy incierto.

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A través de ellas, la directora se enfrenta a la sexualidad y el tema gay en el mundo árabe:

«Cuando decides contarle al mundo lo que piensas y lo que sientes, no hay vuelta atrás. Solo queda expresar tu verdad interior o abandonar el proceso creativo. Al menos, así es como lo veo. El espíritu radical de la Primavera Árabe también levantó olas en Israel y Palestina. Formó parte de nuestro pensamiento. El grito Kefaya! (¡Basta!) salió de la garganta de millones de jóvenes árabes de ambos sexos, condenando la opresión, el patriarcado, el chauvinismo, la marginalización y la homofobia; demandando un nuevo orden carente de códigos culturales conservadores aplicados en nombre de la “tradición”. Ya no podíamos seguir barriéndolo todo debajo de la alfombra, había que poner las cosas encima de la mesa. Si no, acabaríamos tropezando con los montoncitos debajo de la alfombra y no llegaríamos a ninguna parte. El fundamentalismo es una enfermedad mortal. Y si no nos atrevíamos a sacudir la alfombra de una vez por todas, posiblemente acabaríamos ahogándonos debajo».

Maysaloun Hamoud es valiente, sí, pero no ingenua. Sabe que «habrá repercusiones, incluso personales, hacia mí». Pero no se rinde: «Eso forma parte del precio de los cambios sociales. Por eso quiero hacer cine. Claro que me preocupa la recepción que pueda tener la película en cuanto a sus efectos positivos. ¿Al corazón y a la cabeza de cuánta gente llegará? No sé qué reacciones se producirán, no puedo saberlo».

Muy pronto lo sabrá.

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