«El teatro debe abandonar sus complejos literarios»

Como explica Ernesto Caballero, director del Centro Dramático Nacional, Escritos en la escena es un programa que propone estimular la creación de textos dramáticos entre jóvenes autores. A lo largo de dos meses de ensayos el dramaturgo termina de escribir su obra explorando con un grupo de actores las más adecuadas soluciones literarias y teatrales. Este proceso concluye con la presentación del texto ante el público y su posterior publicación en la colección Autores en el Centro. Hoy tengo el placer de charlar de teatro, de la vida, y hasta de fantasmas, con uno de esos jóvenes autores. Con Antonio Rojano, que esta semana ha estrenado ‘La ciudad oscura’.

Me ha fascinado la idea de ‘Escritos en la escena’, porque me da la sensación de que es dar un paso más en la creación literaria que es, al final, el teatro. ¿Qué me puedes contar de ella?

Es una experiencia fundamental para un autor teatral. El teatro, al menos para los autores, no sólo es escritura en soledad, sino que necesita ese espacio real para encarnar los textos, para la experimentación. Un lugar en el que un director y un grupo de actores reescriban escénicamente aquello que está escrito. Para resolver, además, los problemas y los retos que el texto plantea. Y este laboratorio lo permite. Todo el equipo ha sido muy generoso.

¿Y de ‘La ciudad oscura? ¿Qué es ‘La ciudad oscura’, Antonio?

‘La ciudad oscura’ es una obra de teatro dentro de otra obra de teatro. A partir de un juego metateatral, descubrimos a un autor -una especie de alter ego de mí mismo- que está escribiendo una obra con la ayuda de su hija. Al mismo tiempo, también viviremos aquello que ambos escriben: la ficción en la que trabajan. En ella, dos inspectores de homicidios investigan el suicidio de un jockey tras vencer en su última carrera. Los dos mundos, realidad y ficción, se alternan durante el espectáculo, llegando a confundirlos. Del mismo modo, la creación despierta fantasmas del pasado, tanto en el terreno personal del autor como en la ficción criminal.

‘La ciudad oscura’ se estrenó el pasado miércoles en el Teatro María Guerrero. Cuéntame, ¿cómo fue?

Los estrenos siempre son especiales y un tanto peculiares. La tensión de ser el primer día cuenta, el público suele estar formado por la familia, amigos cercanos, críticos y también representantes institucionales. Es una mezcla extraña, pero en este caso estamos muy contentos. La obra gustó y el equipo recibió muchas felicitaciones por el trabajo.

Además, ayer tras la obra hubo un encuentro con el público. Siempre he pensado que una obra literaria no se completa hasta que también es de los lectores (en este caso, el público). ¿Qué esperabas de ello?

Es una obra con una trama compleja. La alternancia de realidades y los temas por los que viaja la función exige bastante atención al espectador. La gente estos días permanece muy atenta y realiza este viaje intelectual y emocional con entusiasmo. Estoy deseando conocer qué es lo que piensan, qué dudas plantean acerca de la función y, sobre todo, ya que ‘Escritos en la Escena’ es un proceso muy abierto, descubrir y entender qué lagunas tiene la obra que puedan ser resueltas antes de la publicación del texto.

Dices, en relación a la obra, que «la historia de nuestro país podría ser considerada como una historia de terror»… ¿En la que al final “mueren” los malos?  

Creo que no es como Hamlet, aquí no muere nadie, ni el apuntador… pero aunque no hayamos aún localizado a todos los que están detrás del «mal» en esta obra, ya que se ocultan en la profunda oscuridad, sí que hemos tratado de desenmascararlos haciendo preguntas. Iluminar dichas preguntas debe ser el primer cometido del teatro.

¿Cómo definirías tu obra teatral?

Es una obra un poco indefinible dentro de la convención teatral de nuestro país. Bebe mucho de la posmodernidad y la narrativa. De estos tiempos de cine y series. Autores de novela como DeLillo están detrás del imaginario. Otros más desconocidos —aunque estrenen de vez en cuando en España— como Rafael Spregelburd tienen mucha culpabilidad en su desarrollo. ‘La ciudad oscura’ es una obra de teatro poliédrica, que bebe de la modernidad y que habla del tiempo de hoy de un modo muy atractivo.

Viendo tu trayectoria, y puesto que hemos nacido en el mismo año, no puedo evitar preguntarme «¿qué estás haciendo mal, Pilar?»…

Yo creo que lo estás haciendo muy bien. La poesía, además, es como el ocultismo. Esto del teatro, cuando hay estrenos, hace mucho ruido. Pero la vida del autor teatral es también solitaria.

Creo que me has leído el pensamiento: «Siempre la literatura. Porque el impulso de crear, de escribir o de hacer teatro, parece el único exorcismo posible para confrontar nuestros fantasmas»… ¿Cuáles son esos fantasmas?

Los fantasmas a los que me refiero en la ficción son de nuestro país. Este siglo XX aterrador, la Guerra Civil, la Dictadura, los fantasmas de la Transición… La herencia adquirida para alguien, en nuestro caso, nacido en 1982 a veces es un tanto detestable. Yo no me siento responsable de nada de lo ocurrido, pero sí que necesito conocerlo y quiero saber la verdad. No esa verdad velada que hay en los libros de historia. Del mismo modo, para los escritores, por un lado están estos fantasmas temáticos, pero sobre todo existen aquellos otros personales. Los amores desechos. Las experiencias vividas. Como la de ese niño de siete años esperando en la parada del autobús, cuando a tu padre se le olvidó que salías de la clase de judo a las cinco de la tarde, por ejemplo. Todas esas experiencias se filtran a través de lo que escribimos. Los fantasmas salen fuera. Y quizás la literatura sea el lugar donde exorcizarlos.

Sé que estás trabajando en otro proyecto teatral, que ha sido merecedor de una de las ayudas de la Fundación BBVA a la creación literaria. ¿Qué me puedes desvelar?

Muy poco de momento. Trata sobre Proust. Utilizaré  cada tomo de ‘En busca del tiempo perdido’ para escribir una obra de teatro, una obra que se inspire en este universo. Estoy con el primer tomo y con la primera obra, pero aún no puedo desvelar mucho más. Sí que quiero reafirmar, con este proyecto, la necesidad de ambición en la escritura dramática. El teatro debe abandonar sus complejos literarios.

Y, para terminar, pregunta obligada: ¿Cuándo vas a escribir un personaje para Bill Murray?

Ya lo he escrito. Estoy esperando a que su representante me devuelva la llamada.

bluebird Comunicación
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