A la segunda fue la vencida (o cómo Netflix acabó por poseerme)

A la segunda fue la vencida (o cómo Netflix acabó por poseerme)

En otro artículo hablé de mi terrible experiencia con Netflix, ese gigante del llamado streaming que tanto ha revolucionado el panorama del entretenimiento visual; explicaba en aquel pequeño texto cómo me asomé a mi particular Mordor personal, conseguí rechazarlo y no lancé mi vida por la borda.

Bien, eso fue hace unos meses. La cosa ha cambiado significativamente.

No me extenderé con detalles que no interesan a nadie (y, si me equivoco, me lo decís), con lo cual voy directamente al grano y hablo de algunas series que he podido ver… Lo que sí quiero decir es que he conseguido alcanzar un equilibrio mediante el cual pocos son los días que paso de las dos horas frente al televisor / PC. (Un poco de autoreconocimiento no viene mal).

Veamos:

Big Mouth

Pocas series han descrito la adolescencia (el inicio de ella, concretamente) con tanta precisión como ésta. Dibujos animados que plasman, siempre desde la exageración, el despertar sexual del ser humano. Obviamente es una serie para adultos, y que tiene la gracia de trasladarte a la adolescencia desde nuestra perspectiva de una persona ya madura. Explícita pero divertidísima, siempre que se sepa el contexto en el que se ha creado. Sin tapujos, sin complejos. Ríete de ‘Padre de Familia’.

Dark

Si esta serie fuera norteamericana en lugar de alemana estaríamos ante una fiebre absoluta en redes, un fenómeno que rivalizaría directamente con ‘Juego de Tronos’. Heredera directa de ‘Lost’, ‘Stranger Things’ y ‘Regreso al Futuro’, ‘Dark nos sumerge en una increíble paradoja temporal constante en la que incluso se adivinan algunos toques lovecraftianos que espero que tengan mayor importancia en la segunda temporada (ya en pleno rodaje). La cosmogonía de Weiden (escenario en el que transcurre toda la historia) es fascinante y el trasfondo filosófico alcanza cotas altísimas en la recta final de los diez trepidantes episodios que conforman esta primera temporada. No os la podéis perder.

Happy!

Netflix Happy!

Cuando uno tiene una mala noche, ya sea porque ha tomado algo que no debía —o quería, pero se ha pasado tomándola—, porque la mezcla alcohólica no le ha sentado bien, o porque esa calada ha sido mortal… Sea por lo que sea, cuando uno vive esa noche siempre suceden cosas raras. ¿Qué pasaría si esas horas se trasladan a una serie de ocho episodios con un policía retirado de por medio, un unicornio volador y mucha sangre? Pues que tenemos ‘Happy!, una auténtica ida de olla que desde los primeros diez segundos deja claras sus intenciones: flipar un rato, sin parar, a veces sin sentido alguno. Un disfrute puro del que no debemos hacer nada más que absorber como esponjas. Mención especial al protagonista, un personaje tan extremo que te tiene que caer bien.

Berserk: La Edad de Oro

La obra de culto del mangaka Kentaro Miura es, sin duda, una de las más reverenciadas del panorama manga. Hoy en día, más de 20 años después, sigue publicándose —si bien es cierto que se debe a que Miura es un tipo que parece tomarse las cosas muy pausadamente; la serie ha tenido varios parones y ahora tiene un ritmo de capítulos mensuales… que además son cortos. Pero mejor eso que nada— y su legión de fervientes seguidores sigue creciendo. Como era de esperar, la adaptación al anime llegó: en los 90 hubo una primera tanda, capítulos que narraban una parte del manga, la más conocida —y de momento la mejor— en la que vemos al protagonista, Guts, inmerso en una historia adictiva que tiene un final realmente impresionante. Hace pocos años se decidió revisitar ese período y el resultado son tres películas de hora y media cada una, con una animación a medio camino entre la tradición y la innovación digital, que sin superar a su original —el factor nostálgico influye— sigue siendo una apabullante historia, bien plasmada, y que es fiel al manga. Las vi del tirón y las disfruté como un enano. Sin ser tan gore como en papel, me sorprendió el nivel de violencia, bastante alto para tratarse de un producto encaminado a que lo vea la mayor cantidad posible de público. Hay sangre, hay sexo. Por suerte, es Berserk.

Agretsuko

De nuevo, Japón. Es mi fetiche, lo admito —y ahora estoy volviendo a engancharme—, y en esta serie de animación de episodios cortos se concentra toda la idiosincrasia japonesa. El trabajo, las amistades, el amor… y el karaoke. EL KARAOKE. Cuando la veáis lo entenderéis, pues es lo mejor de la serie y con lo que realmente me muero de la risa —por si fuera poco Retsuko, la protagonista, canta un estilo musical del que soy fan— y me hace desear que los episodios fueran más largo. ‘Agretsuko es una serie de clichés, que, curiosamente, en Japón se cumplen con sorprendente precisión. No por ello es ofensiva, ni está —creo— ideada con la intención de ser una crítica social, sino simplemente como la crónica social de la actualidad nipona. Tan sólo una única recomendación —realmente vale para todas las series de las que hablo—: se ha de ver en versión original.

Stranger Things 2

Tras una primera temporada que la convirtió en serie de culto, llegó esta segunda tanda de capítulos en los que nuestros protagonistas vuelven a vérselas con el Upside Down, el reverso oscuro de nuestra realidad. Vuelven los personajes que ya conocemos y aparecen nuevos que amplían el particular universo strangerthinguiano, con disparidad de resultados. De nuevo se mezclan esos géneros que tanto engancharon: los años 80, su cultura pop y algunos guiños que los más avispados sabrán ver. No desvelaré detalles de la trama, aunque puedo decir tras ver los capítulos que si bien sigue siendo disfrutable se nota un ligero bajón en su calidad —sin ir más lejos me gustó mucho más ‘Dark’— y deja una pequeña sombra de duda de cara a la tercera temporada, en la que deberían empezar a resolver algunos enigmas si no quieren convertirse en la nueva ‘Lost’.

Este es el bagaje actual de series que he visto en Netflix, mi otrora bestia negra y que se ha convertido de forma insospechada en una amistad. Ya tengo otras series en el punto de mira, pero esa es otra historia…

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