Vicios, asesinos y monstruos

Cuando dejé de fumar creí, sinceramente, que tarde o temprano acabaría substituyendo la nicotina por otra cosa igual de nociva o peor.  Echando la vista atrás, recuerdo que las primeras semanas consumí más azúcar de lo habitual: tomaba cafés con más azúcar, volví a comer chucherías…

Entiendo que es un proceso lógico: cuando el cuerpo demanda algo de lo que le has privado, busca una ruta alternativa que le pueda llevar al mismo sitio o al menos a algo parecido. Así que, inevitablemente, cogí peso. No demasiado, pero el suficiente para notarlo en mis rodillas y mi espalda. Por si fuera poco, sabía que en mi sangre empezaba a acumularse una cantidad de azúcar nada deseable. Salí de Mordor y fui a parar a Moria. Tocaba volver a buscar la luz.

Resulta curioso pensar que fue más difícil dejar el azúcar que el tabaco. Fue durante esos días de batalla (en los que tenía varios momentos de debilidad durante el día, antojos de chucherías e incluso bollería industrial) cuando recordé algunos documentales que vi en Youtube sobre el mundo del azúcar, toda una industria con mil ramificaciones que abarcan prácticamente cualquier aspecto de nuestra vida cotidiana. Si uno lo piensa realmente da un poco de miedo saber hasta qué punto no somos libres de elegir cómo alimentarnos; podemos creer que lo hacemos, pero no es cierto.

¿Cómo conseguí (prácticamente) eliminar cualquier azúcar añadido de mi dieta? Del mismo modo que lo hice con el tabaco, convirtiéndolo en mi asesino si no le paraba los pies. Lo convertí en una figura criminal, en una sombra homicida que iba a por mí y que esperaba cualquier momento para asestarme una puñalada en el pecho. Le puse incluso cara, tapada hasta los ojos, unos ojos de mirada gélida. No tardé en odiarle, y a partir de ese momento fue menos difícil huir. Me convertí en protagonista de una novela policíaca en la que el protagonista consigue eludir al malo hasta el punto de hacerse invisible. Poco a poco conseguía escurrirme durante más tiempo, hasta que llegó un día en el que no logró encontrarme: si eso ocurre sólo es porque yo lo permito.  

Mi próximo objetivo es erradicar casi por completo la ingesta de alcohol (que todo sea dicho de paso, nunca ha sido del otro mundo). Estoy pensando si también lo convierto en un asesino o esta vez pienso a lo grande y lo convierto en una criatura abisal lovecraftiana. Sea como sea, también desapareceré de su radar.

bluebird Comunicación
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