Valentina y Bastet, una historia tristemente cotidiana

Valentina y Bastet

Decía la escritora Agatha Christie que «los perros son sabios» porque «se arrastran a un rincón tranquilo para lamerse las heridas y no vuelven al mundo hasta que sanan».

Hoy Valentina y Bastet están llegando a sus casas de acogida, sus lugares en calma, para recuperarse de unos días atroces. Porque atroz es la realidad para muchos —demasiados— perros. Ellos, que sólo merecen amor, se ven, a menudo, recibiendo desprecio, abandono o indiferencia. «La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que se trata a sus animales», aseguraba Gandhi. La nuestra sigue siendo, sin duda, injusta; su ética, dudosa.

Y para muestra, la cruel historia de estas dos valientes, madre e hija, Bastet y Valentina, rescatadas de un trágico final por la asociación Peludos Los Pedroches. Se trata de una protectora ubicada en Pozoblanco que, día a día, se deja la piel y el alma en conseguir una vida mejor para los 67 perros que cuida en su refugio y para salvar la vida de otros.

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«Todos los días nos llegan varios avisos de perros que se ven por las calles, que pueden estar abandonados, en fin, si pudiéramos cogerlos a todos tendríamos ya más de 100», me cuenta Rosa García Aperador, la presidenta de la asociación. «Pero tenemos que ser consecuentes. Es decir, tenemos que trabajar por los que tenemos ahora mismo y asegurar su bienestar. Hacinar perros iría en contra de nuestros principios. Por eso, ahora sólo atendemos los casos que son más urgentes, es decir, madres con camada, atropellos o casos muy extremos».

Esta semana unos trabajadores de una nave cercana le entregaron a Valentina, atropellada, metida en una caja. El diagnóstico veterinario no fue muy halagüeño. «Tenía la pelvis totalmente destrozada», explica Rosa. Esa misma tarde intentaron recoger a la madre, pero fue imposible. «Estaba tan asustada que huía». Dos días después, recibieron el aviso de que también había sido atropellada. «Tenía la cadera rota, con luxación del hueso que la fija a la columna», continúa Rosa. Debían operar a ambas.

Antes este caso —con el refugio saturado de perros, con adopciones a cuentagotas, pocos voluntarios y una situación económica realmente difícil,— a Peludos Los Pedroches no le ha quedado más remedio que «liarnos la manta a la cabeza y actuar, con el corazón y nada de nada con la cabeza».

Por eso, se ha puesto en marcha una campaña de donación desde Facebook. «Valentina tiene seis meses, su madre, Bastet, alrededor de 15 meses. Ambas tenían que poder andar. Había que operarlas, ya conseguiremos el dinero». De momento, han recaudado 570 euros de los 1.400 que han costado las operaciones. Porque sí, las dos intervenciones que se realizaron el pasado lunes han sido un éxito.

Podríamos finalizar este relato aquí, con este final agridulce, pero feliz, al fin y al cabo. Pero la realidad manda. Ayer por la tarde, Moon, otra perra, era rescatada en la carretera que une Pozoblanco y Villanueva de Córdoba. También atropellada, aparentemente con una fractura abierta.

Así es el día a día de las personas que se dedican a dar amor a los que más y mejor aman. «Son seres indefensos que han conocido la maldad humana y hay que demostrarles que otra vida es posible y que no todos somos iguales», reflexiona Rosa. Se habla mucho de las personas que rescatan perros, pero ella sabe que es justo al contrario, son ellos quienes nos rescatan.

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Colaborar en este campaña es, de alguna manera, devolverles una minúscula parte de todo lo que ellos nos dan.

Ojalá Valentina, Bastet —y ahora también Moon— vuelvan muy pronto sanas a este mundo. Y que lo encuentren más luminoso y acogedor, dentro de la familia que se merecen tener.

2 Comentarios

  1. Gracias, Pilar, por dedicar espacio en este medio y por dar voz a este tipo de historias, tan necesarias para intentar concienciar a una sociedad (por no decir otra cosa) que ignora, porque quiere y porque no ve. ¡Gracias!

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