[Tragos amargos] La taberna de los pasos perdidos

Estoy perdida. ¿Eso tiene arreglo?

-Charlotte, en ‘Lost In Translation’-

Tragos amargos 2016 Ilustración de Daniel Crespo

Arrecia la tormenta en la ciudad gris. Las viejas callejas de la ciudad medieval se incrustan a duras penas en el casco antiguo, atrapadas entre las torres de granito, cemento y cristal del centro financiero, que amenaza con engullirlas en un futuro próximo. El frío y la humedad se cuelan por los callejones solitarios, generando una densa niebla de atmósfera atemporal. En uno de ellos, un hombre con gabardina empapada y sombrero, va saltando entre los soportales, buscando guarecerse de la intensa lluvia otoñal. Al final de uno de ellos, una luz parpadeante indica la presencia de un establecimiento abierto. El único. No lo duda ni un instante y se lanza hacia allí a la carrera. Quizás sea el sitio que ha andado buscando durante tanto tiempo. Entra:

—Buenas noches.

—Buenas noches.

—¿Qué desea?

—Sólo quería hacerle una pregunta, andaba buscando la taberna de los pasos perdidos…

—Nunca he oído hablar de ella.

—Vaya. Lo siento. Disculpe la intromisión —el hombre hace ademán de salir por la puerta—.

—¿Va a volver a salir a la calle con este tiempo? Tome asiento y espere a ver si en un rato escampa. Esta lluvia impide orientarse.

—Tiene razón —el hombre toma asiento en uno de los viejos taburetes raídos y se quita la gabardina, que deja a un lado de la barra—.

—Alguien me dijo que estaba por aquí. ¿Sabe a quién podría preguntar?

—Aquí estamos sólo usted y yo. No parece que haga día para salir a la calle. Al menos, nadie cuerdo lo haría.

—Miraré en el móvil.

—¿No cree que si es la taberna de los pasos perdidos, quizás no aparezca en los mapas?

—No lo había pensado.

—Es una suposición.

—¿Tiene algún plano de la zona?

–La verdad es que no. Nunca lo he necesitado. Aquí solo tenemos cerveza y papeles en blanco.

—¿Papeles en blanco?

—Pensamos que las mejores historias siempre están por escribir.

—Interesante.

—¿Quiere uno? Parece que la tormenta arrecia.

—No sabría qué poner.

—De eso se trata.

—No le entiendo.

—Si tuviera algo que decir, no hubiera acabado aquí.

—Estaba perdido

—¿No lo estamos todos?

—Sigo sin entenderle

—Si realmente supiera a dónde ir, no habría salido hoy a la calle.

—No aguantaba en casa

—¿Por qué? Mire el día que hace.

—Me sentía solo.

—¿No lo estamos todos?

—Aquí estamos usted y yo.

—Sí, pero aún así, ¿no se siente solo?

—Un poco, apenas nos conocemos.

—Y usted, ¿se conoce a sí mismo?

—Creo que sí.

—¿Está usted seguro? —el tabernero se retira un momento y regresa con una copa de cerveza fría, junto a una hoja de papel en blanco y una vieja pluma—.

—No le he pedido nada.

—Por eso. Aquí nadie espera nada porque no tenemos nada que ofrecerle. Bienvenido a la taberna de los pasos perdidos.

La ilustración que acompaña a este artículo es de Daniel Crespo.

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