¿Todos los seres humanos tenemos un doble?

Seguro que alguna vez te lo has planteado. Alguna de esas veces que has creído reconocer a alguien por la calle y cuando te has acercado te has percatado de tu error. Y luego las risas: «¡Joder, me he cruzado con uno igualito que tú!». O la típica lista chorra de página web: 20 personajes famosos con un doble (que puede ser también famoso, o un personaje desconocido en alguna foto antigua, o un pobre diablo desconocido cualquiera…).

A mí la inquietud sobre los dobles me surgió hace no mucho, al ver juntos a Aznar (Ánsar para los amigos de Texas) y al ex Ministro Soria. «¡Pero si son clavados!» –pensé. Porque, a ver, los políticos de la derecha española tienden a la confusión (en muchos aspectos), particularmente porque todos tienen ese estilo capilar repeinadete de media melenilla, pseudoengominada sí pero no, y, sobre todo, cuando se quieren mimetizar con el pueblo llano, generalmente durante campaña electoral, eligiendo esos vaqueros paliduchos años ochenta que no sabes dónde los compran porque eso ya ni los hacen, y esos mocasines castellanos color ébano requemadillo tirando a cobre. Todos iguales. Sabes a lo que me refiero, ¿verdad? Que los tienes bien en versión normal, bien en panorámica (16:9) como González Pons.

Pero lo de Ánsar y Soria es alucinante. Y esa sombra de bigotillo desenfadado, casi etéreo, que gastan los dos… eso es la repanocha ya. ¡Estos tienen que ser primos! Pero no, no son ni familia. ¿Es casualidad entonces, amigos y amigas, o todos tenemos un doble desconocido en algún lugar del mundo, aunque seamos de familia humilde?

Pues para tu sorpresa, o quizá no, son muchas las líneas de investigación referentes a la herencia genética relacionada a caracteres distintivos entre individuos, especialmente en aquellas especies animales cuyas comunidades cuentan con un componente social importante. Es decir, simplificando el tema, animales que generalmente viven en manadas. De hecho, volviendo a los seres humanos, y teniendo en cuenta que estos caracteres distintivos en nuestro caso son rasgos faciales, la posibilidad de tener un doble vagando por ahí es considerable, sobre todo porque el número de genes que determinan los caracteres faciales es, aunque importante, limitado.

Uno de los expertos internacionales que estudian el tema, el profesor Michael Sheehan, utiliza un ejemplo muy didáctico y fácil de entender: «Los genes que determinan nuestros rasgos son una baraja de cartas. Cada individuo es resultado de barajarlas, así que a base de barajar y barajar una y otra vez, estadísticamente llega un punto en el que las cartas vuelven a aparecer en el mismo orden, o uno muy muy parecido». Aun así, y aunque limitado (permitidme que insista en esto), el número de genes que controlan la forma de la cara, o a cuánta distancia están nuestros ojos entre sí, o de la nariz, la distancia entre ésta y la boca, amplitud de la frente, etcétera, son mucho más numerosos que aquellos que determinan, por ejemplo, la forma o tamaño de otras partes del cuerpo como las manos o los pies.

Curiosamente, el rostro humano presenta una variabilidad muchísimo mayor de la que cabría esperar en relación a la que presentan otras partes del cuerpo. Y esto no es, ni más ni menos, que un sesgo evolutivo presente en comunidades animales cuya supervivencia depende de la interacción social entre individuos. De nuevo, parafraseando al profesor Sheehan: «Uno tiene que saber en una manada quién es el benefactor y quién es imbécil, y tiene que poder reconocerlos». Una verdad como un templo, añado yo.

Por supuesto, otra disciplina a tener muy en cuenta aparte de la genética es la estadística. Y es que, volviendo al ejemplo de la baraja de cartas, es más probable que las combinaciones se repitan teniendo en cuenta que somos 7.000.000.000 (¡¡siete mil millones!!) de personas en el planeta. A principios del siglo XX, éramos poco más de mil millones. Este apunte, de regalo.

Tras ofreceros todos estos datos interesantes, he llegado a la siguiente reflexión, y con ello termino: u os dejáis bigote, u os lo afeiáis bien. Pelusilla no, que os confunden con Ánsar.

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.