Serendipia cotidiana: 10 cosas que iban a ser otras

serendipia. (Adapt. del ingl. serendipity, y este de Serendip, hoy Sri Lanka, por alus. a la fábula oriental The Three Princes of Serendip ‘Los tres príncipes de Serendip’). f. Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual. El descubrimiento de la penicilina fue una serendipia.

Este es el significado que la RAE otorga a una palabra que nos transporta a un universo mágico en el que las cosas pasan de manera inesperada sin ni siquiera buscarlas o mientras se buscaban otras muy diferentes. Y eso, que parece tener un halo poético, está mucho más presente en nuestro día a día de lo que pensamos. Por ejemplo, en un montón de productos que usamos que, en un primer momento, iban a ser otra cosa.

Os invitamos a conocer 10 de ellos:

1. Coca-Cola

Corría el año 1886 en Atlanta cuando el farmacéutico John S. Pemberton creó un jarabe contra los problemas de digestión que además aportase energía, y acabó dando con la fórmula secreta más famosa del mundo. La farmacia vendía la bebida a un precio de cinco céntimos el vaso. Así fue el inicio de una historia de triunfo que ya dura casi 130 años. Pemberton no tardó en darse cuenta de que la bebida que había creado podía ser un éxito. Su contable, Frank Robinson, fue quien ideó la marca y diseña el logotipo: había nacido Coca-Cola. En 1891 se fundó The Coca-Cola Company, formada por el también farmacéutico Asa G. Candler, su hermano John S. Candler y Frank Robinson. Dos años después registraron la marca en la Oficina de Registro de la Propiedad Industrial de los EEUU. Apenas habían pasado once años desde su creación en una farmacia cuando, en 1897, Coca-Cola salía por primera vez de los Estados Unidos. Lo demás, ya es historia… El 94% del planeta conoce su nombre. Y todo por la digestión.

2. Listerine

La historia de Listerine se remonta a hace más de 150 años, en los albores de la medicina moderna. Todo comenzó en 1860, gracias al trabajo de Joseph Lister, una eminencia de la cirugía inglesa, que por aquel entonces ahondaba en el estudio de las teorías del famoso científico Louis Pasteur, que sostenía que la causa de numerosas infecciones podía ser la presencia de unos gérmenes invisibles. En 1865, se convirtió en el primer cirujano en realizar una operación en una sala esterilizada pulverizando el aire con antiséptico. En 1876, pronunció una conferencia sobre sus investigaciones que generó el interés de dos hombres que desempeñarían un papel muy destacado en la historia de Listerine. Por un lado, Joseph Lawrence, quien creó en su laboratorio una fórmula única a partir de las investigaciones de Lister, y, por otro, Robert Wood Johnson, fundador del grupo Johnson & Johnson.

Juntos fabricaron y comercializaron Listerine, utilizado por entonces para desinfectar quirófanos y heridas. Unos años después, en 1895, comienza a venderse a los odontólogos después de que varios estudios demostraran su utilidad a la hora de matar los gérmenes de la boca. En la década de los 20, Listerine acuña el término halitosis para describir el mal aliento y las ventas se disparan. Listerine fue el primer producto de venta con receta que puede adquirirse libremente en Estados Unidos.

Por cierto, si mezclais una taza de agua con media de vinagre y otra media de Listerine y metéis dentro los pies, podréis presumir de una piel suave como la de un bebé. De verdad.

3. Viagra

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La pastillita azul más famosa del mundo comenzó siendo un experimento para el tratamiento de la hipertensión arterial y la angina de pecho, ya que dilata los vasos sanguíneos. Durante el estudio se descubrió que los que la probaban “sufrían” (o disfrutaban, quién sabe) de notables erecciones. Viendo el filón, los laboratorios Pfizer, que desarrollaban la investigación, decidieron comercializarlo para el tratamiento de la disfunción eréctil. Su comercialización comenzó en el año 1998 y las ventas anuales pronto superaron los 1.000 millones de dólares.

4. Benetint

Benefit es hoy una de las marcas de cosméticos más reputadas del mundo, y todo gracias a una bailarina de striptease. Las hermanas gemelas Jean y Jane Ford tenían en el San Francisco de los años 70 una modesta tienda de cosmética, donde entró un buen día una bailarina en busca de un producto específico que le ayudara a dar color a sus pezones. Estaba cansada de los pintalabios, porque se derretía y no duraba puesto mucho tiempo. Jean y Jane se pusieron manos a la obra y crearon el llamado “rose tint”, conocido ahora mundialmente como Benetint, un tinte de color rojo que puede utilizarse tanto en las mejillas como en los labios. Y, por supuesto, sí, también puede colorear tus pezones.

5. Super Glue

Lo que ha terminado siendo un imprescindible en muchas casas, comenzó como producto de guerra. Concretamente, durante la II Guerra Mundial Harry Coover, su creador, trabajaba con cianocrilatos con el fin de encontrar un material transparente que sirviera para las miras de los fusiles y se encontró con el cianocrilato de metilo, con el que no podía trabajar porque se adhería a todo. Tanto es así que, más adelante, durante la Guerra de Vietnam se usó para pegar tejidos humanos como recurso hasta que al herido pudiera atenderle un médico. Tremendo.

6. Gintónic

Hay que remontarse a finales del siglo XVIII cuando un joyero alemán, de nombre Johann Jacob Schweppe, creó un sistema para añadir anhídrido carbónico al agua embotellada, consiguiendo así las primeras bebidas con gas. Decidió que Londres sería el mejor lugar para comercializar su bebida y fue allí, cuando la compañía Schweppes creó en 1790 un remedio basado en el agua de quinina: la tónica, con el objetivo de combatir el paludismo.

Poco después, el Imperio Británico llegó a la India, donde muchos soldados morían por la malaria. Comenzó así un tratamiento con tónica que pretendía salvar sus vidas. Pero su sabor amargo era un hándicap y alguien decidió que sería buena idea mezclarlo con ginebra. Así, el gintónic comenzó siendo una bebida medicinal convirtiéndose, mucho tiempo después, en una ensalada extraña en la que cabe casi todo.

7. Plastilina

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La plastilina… Ese producto tan tierno que ha pasado por las manos de generaciones y generaciones de niños… Era al principio un producto de limpieza. Joseph McVicker limpiaba de hollín las paredes de las casas cuando se dio cuenta de que su hermana la usaba en su escuela como plastilina. Los hermanos comenzaron a comercializarla en 1955 y hasta hoy.

8. Microondas

Lo que puede dar de sí una chocolatina… Percy Spencer trabajaba en mejorar el magnetrón que usaban los radares que detectaban aviones y submarinos durante la II Guerra Mundial. Mientras realizaba los pertinentes experimentos, se dio cuenta de que se le había derretido el chocolate que guardaba en su bolsillo. Después probó con granos de maíz y, al final, decidió dejar los radares y fabricar un recipiente seguro para su uso. Había nacido el microondas, que fue presentado en el año 1967.

9. Levi’s

Que los Levi´s comenzaron siendo ropa de trabajo y acabaron convirtiéndose en lo que son ahora lo sabemos todos. ¿Pero sabías que lo que pretendía Levi Strauss en un primer momento era vender una tela de lona fuerte para que mineros y buscadores de oro se hicieran sus tiendas de campaña? Sin embargo, enseguida se dio cuenta de que a estos no les importaba dormir al raso y su proyecto fracasó momentáneamente. Pronto descubrió que los mineros se quejaban de lo rápido que se rompían sus pantalones y decidió emplear la tela de lona en fabricarles unos mucho más resistentes, añadiendo un remate de cobre en la bragueta y los bolsillos. Patentaron el invento en 1873 y llegó el triunfo que todos conocemos:  Levi´s tiene hoy fábricas en 45 países y distribuye sus prendas en más de 100 y sigue siendo el líder mundial en tejidos vaqueros.

10. Kleenex

Tras usarse como filtro en las máscaras anti gas durante la I Guerra Mundial, y bajo el nombre de Kotex, se comercializaron como compresas, apósitos y toallitas desmaquillantes. Fueron muy famosas entre el gremio de maquilladores de aquel inolvidable cine de los años 20. Algunos de ellos descubrieron lo cómodo que era tener esas toallitas de papel a mano y empezaron a usarlas en lugar del clásico pañuelo. Así, la empresa Kimberly-Clark reconvirtió el producto y nació Kleenex, un nombre que combina la palabra clean y su antiguo nombre, Kotex. En 1925, millones de personas en Estados Unidos ya habían abandonado sus pañuelos de tela y habían optado por los desechables de papel.

Fotografía: Meena Kadri ©

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