Señores del bar de abajo

Sí, esos que desayunáis cada mañana lo mismo a la misma hora, los que bajáis a ver el fútbol o los que simplemente os habéis sentado ahí por casualidad. No sé qué os hace pensar que debéis parar de hablar entre vosotros cuando una mujer pasa por delante. Supongo que estaréis debatiendo sobre cosas importantes pero, creedme, no nos interesa vuestra conversación. Es más, la mayoría de veces intentamos acelerar el paso o subir el volumen de la música, no vaya a ser que escuchemos asuntos que no nos conciernen, secretos de estado o, ya de paso, algún comentario fuera de lugar.

Señores del bar de abajo, no hace falta que busquen la mirada cómplice de su acompañantes. A nosotras nos da igual vuestra aprobación y, con todo el respeto, no nos importa absolutamente nada lo que ustedes piensen sobre nosotras o sobre nuestro trasero. Es más,supongo que ustedes se alegran de vernos pero siento decirles que tan sólo hemos coincidido porque este es el camino más corto para ir al trabajo y no tenemos ninguna necesidad de cambiar nuestra ruta.

No se lo tomen como algo personal. Seguro que ustedes tienen muchas cosas que decir. Algo parecido a cientos de flores saliendo por su boca en forma de piropo. Y, por supuesto, seguro que también habrá alguien que querrá escucharlas e incluso le agradará saber vuestra opinión. La cuestión, y siento su decepción, es que ese alguien no somos nosotras.

A veces, señores del bar de abajo, no es necesario pensar en voz alta. Nosotras somos muy válidas en nuestro trabajo, nos hemos ganado el respeto de nuestros compañeros y no nos interesa vuestros «¡y encima eres guapa!» o «pues ya si tuviera tetas…». Las luces de más de uno sí que son demasiado cortas y tenemos la decencia de no informaros sobre ello.

Todos decimos cosas que hubiéramos preferido guardarnos cuando nos tomamos una copa de más. También nos hemos arrepentido de ese último trago de cerveza que a nosotras nos empujó a llamar a nuestro ex y a vosotros a empujarnos a nosotras si nos queríamos ir “antes de tiempo”. Supongo que ya lo sabéis, pero no nos gusta tener que cruzarnos de acera para esquivaros a las tres de la madrugada cuando lo único en lo que pensamos es en llegar —solas— a nuestra cama.

Por eso, señores del bar de abajo, a ustedes les gustaría invitarnos a un café y nosotras os invitamos a tener vuestra boca cerrada. Al menos, no enmudezcan y sigan vuestra conversación mientras nos dan el repaso de rigor cuando pasamos por delante.

A ver si resulta que, de verdad, no podéis hacer dos cosas a la vez.

bluebird Comunicación
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