La diversificación del porno

La pornografía machista, irreal e imperante que reina desde el Big Bang del sexo audiovisual por fin ha encontrado una oposición fuerte. No solo en política fluyen nuevos vientos del oeste. La culpa la tienen profesionales como Amarna Miller y Erika Lust. Los seres humanos ya no tenemos que escoger entre excitarnos con recuerdos o creaciones de nuestra mente y el porno estilo Nacho Vidal. Tenemos más opciones. Ni las mujeres de la pantalla tienen por qué ser sumisas que se pasan el día practicando la doble penetración con cada fontanero que se atreve a arreglar los bajos de sus cocinas –el argumento supura machismo hasta en las preposiciones y artículos–, ni los hombres unos sementales sin cerebro nacidos exclusivamente para pasarse el día empotrando a hembras que el porno nos vende que solo sirven para ser amas de casa.

Pero no solo se ha abierto el abanico de historias que podemos consumir cuando abrimos el ordenador en busca de excitación. También a las mujeres cada vez les da menos pudor admitir que son unas grandes consumidores de pornografía, y los actores y actrices porno empiezan a encontrar más variedad de productoras donde poder ejercer su trabajo con total comodidad. Amarna Miller –el Miller de su nombre artístico responde a su admiración por el escritor Henry Miller–, licenciada en Bellas Artes, no halló esta situación cuando sacó con 19 años la cabeza por primera vez en el universo pornográfico. «Las respuestas que recibí de las productoras españolas a mi ofrecimiento para trabajar como actriz porno fueron terribles. No me gustaban los argumentos, no me sentía identificada con los personajes que me ofrecían y la estética a nivel de producción tampoco era de mi gusto. Después de eso decidí no meterme en el porno». Por el momento. «Entonces en Bellas Artes descubrí la fotografía y empecé a tomar fotos de mis amigas. Con ropa, después desnudas… Y pensé, ‘¿será esto un nicho de mercado?’ Y en esa época creé Omnia X, la productora que monté con un socio y que ha sido mi empresa durante cinco años. Con ese control decidí meterme como actriz. Primero con lésbicos y después con heteros». Por contrato advierte que solo hará las prácticas sexuales que quiera y con los actores que quiera. «Yo quiero hacer aquello que a mí me gusta como actriz. Y punto». Por ello ha realizado gran parte de su trabajo en el extranjero.

Aunque sus nombres suenan a procedencia de tierras lejanas, una es madrileña y la otra barcelonesa. Amarna Miller es el nombre artístico de Marina, madrileña nacida en 1990. Erika Lust es el nombre de Erika Hallqvist y nació en Estocolmo en 1977, pero se siente barcelonesa desde que la pisó por primera vez de camino a Alicante, donde fue a aprender español durante el verano del 97. «Buah, ¿por qué no me puedo quedar aquí?, pensé la primera vez que vi Barcelona. Fue un amor a primera vista». El verano siguiente, con 21 años, ya lo pasó en Barcelona. «Hasta que después de tres veranos seguidos viniendo me quedé a vivir aquí. Y de Barcelona ya no me va a mover nadie». En Suecia había estudiado Ciencias Políticas.

porno Amarna Miller

Amarna Miller, aunque lo respeta, no es reacia a criticar el porno que hasta ahora ha imperado en nuestra sociedad, y que de hecho, todavía sigue imperando aunque de forma menos aplastante. «Hasta ahora en el porno solo se presentaban actores que no son realistas haciendo prácticas que no son verosímiles. Es un tipo de porno bastante casposo. Yo soy muy fan del porno con argumento y del porno sin argumento. Lo que no soy muy fan es de los argumentos cutres, los argumentos que no son verosímiles. Tú quieres sentirte identificado con la escena que estás viendo para poderte masturbar con ella, que al final es el objetivo». Pero las cosas están cambiando desde hace un tiempo. «En los últimos años se empiezan a ver directores transexuales, directores mujeres, un interés más grande por la estética, etcétera. En el porno yo siempre he echado en falta diversidad de miradas. Ahora menos, pero aun lo sigo echando en falta».

En los años 2000 hubo una oleada de productoras que buscaron el cuánto más mejor. Cuánto más carne estuviesen dispuestas a introducir en sus orificios las actrices, más posibilidades de ser contratadas. Y a poder ser, que tuviesen las tetas operadas, unos labios carnosos y un culo perfecto. En definitiva, son las productoras que crearon el porno con el que hemos crecido los que entonces éramos adolescentes. «Buscaban acróbatas corporales, no personas. Ser buena actriz era que tu cuerpo fuese capaz de albergar unos cuantos penes a la vez. Por suerte, esto está cambiando. Hay más pasión, hay realismo. También ha cambiado el físico de las actrices. Ahora una chica operada lo tiene más difícil para encontrar trabajo que una que no lo está».

Erika Lust no se considera pornógrafa. «Yo al principio quería hacer algo que tuviese que ver con el placer femenino.  Yo no quiero hacer porno. Yo quiero hacer cine independiente enfocado en el placer y la sexualidad. No me veo como pornógrafa. Me veo como creadora de cine adulto independiente». Al hacer ‘Ser o no ser una buena chica’ –su primer cortometraje, el cual recibió dos millones de visitas en su blog y ganó premios como el Best Short Film del International Erotic Film Festival de Barcelona en 2005–, se dio cuenta de que ese tipo de cine no solo le gustaba a ella y a sus amigas, sino que le agradaba a mucha gente. «Entonces creé la productora Lust Cinema con mi marido, Pablo Dobner. Desde entonces solo hemos crecido, crecido y crecido. Nuestro producto está igual de apreciado por hombres que por mujeres. Son gente que comparte mis valores, no los valores de esos hombres heterosexuales blancos middle age que hasta ahora lo han decidido todo en el porno».

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Fotografía: Pol Jordá ©

Antes de todo esto, cuando Erika aún no sabía que acabaría dirigiendo habitualmente a personas practicando sexo delante de una cámara, había consumido porno y nunca le había gustado ni le había encajado con su forma de entender el sexo. «No me daba lo que yo quería. La sexualidad es tan rica, hay tanto para retratar y para explorar… La pornografía se ha limitado a mostrar un mundo muy pequeño de la sexualidad, y sobre todo muy machista. Hasta ahora no ha entrado en el mundo de las emociones, de las sensaciones. El porno tiene que tener una estética, y eso es lo que busco en mis proyectos».

Sus trabajos se encuentran en el limbo entre pornografía y cine apto para proyectar en salas convencionales. Lust se ha encontrado en diferentes ocasiones que sus cortos no encajaban en ninguno de los dos sectores. Por eso, entre otros motivos, creó su página web en la que poder colgar sus trabajos. Actualmente su proyecto más ambicioso es X Confessions. Cada mes escoge dos fantasías eróticas propuestas por los seguidores y las convierte en cortometraje. Muchos de los actores no son ni profesionales. A veces simplemente son parejas con ganas de experimentar divirtiéndose. Eso sí. Lust, antes de firmar nada, les advierte siempre de los peligros. «Para mí es muy importante concienciarles de la importancia de lo que van a hacer. De los contratiempos que les puede originar en el futuro. De que eso va a quedar para siempre colgado en Internet. Y no trabajo con gente demasiado joven. No apoyo lo que hacen muchas productoras de decirte ‘Ah, mañana cumples dieciocho. Mañana Rodamos’. Aparte de que no lo encuentro ético, una persona tan joven aún no ha tenido tiempo de experimentar suficiente su sexualidad, y eso quedará reflejado delante de una cámara. Tenemos que saber de dónde sale nuestro porno y ser responsables con ello».

Amarna Miller dejó su productora y ahora está metida en diferentes proyectos trabajando como actriz. Pero también en uno más personal: su primer libro, ‘Manual de Psiconáutica’ (Lapsus Calami), en el que mezcla poesía con fotografías. «Soy una obsesa del conocimiento. Gracias a mi faceta de actriz porno es más fácil hacer llegar mis reflexiones a la gente. Estoy enseñando un mundo bastante desconocido para la mayoría de la población. Prácticamente no hay nadie de lengua hispana que esté contando cómo es la industria pornográfica por dentro». Lo dice una autora influenciada por escritores como Tom Wolfe, Jack Kerouac, Irvine Welsh o Chuck Palahniuk.

Tiene ganas de contar que el porno es tremendamente diferente por dentro respecto a la concepción que se tiene desde fuera. Y no soporta la imagen que se tiene de las profesionales del sexo. «Odio las representaciones paternalistas hacia las actrices porno, victimizándolas. No somos analfabetas ni venimos de familias desestructuradas ni nos quedaremos sin comer si no nos dedicamos al porno. El sexo sigue siendo un tabú muy grande. Decir que quieres disfrutar de tu cuerpo y de tu sexualidad delante de las cámaras está mal visto, victimizado. La mujer en la sociedad actual aun no puede disfrutar libremente de su sexo. Los años 80 me parecieron infinitamente más aperturistas que el 2015».

Por último, al preguntarle qué papel tiene la pornografía en la educación sexual de nuestra sociedad, quiere dejarnos una reflexión: «La pornografía juega un papel muy importante en la educación sexual de nuestra sociedad actual, pero ello no me parece un hecho positivo. Significa que nuestros niños carecen de suficiente información válida por parte de las figuras paternas y de las escuelas. No se puede culpar al porno de algo que no se está haciendo bien en casa».

bluebird Comunicación
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