Las Muy Perras o cómo salvar a decenas de galgos de una muerte segura

Hay dos frases que, para mí, resumen a la perfección mis sentimientos hacia esos seres maravillosos a los que solemos llamar perros. Una la pronunciaron Toby y Eileen Green y dice lo siguiente: «Mi meta en la vida es llegar a ser tan maravilloso como mi perro cree que soy«. La otra, la de Will Rogers, podría haberla escrito yo, con la esperanza de una vida eterna, verdaderamente vida: «Si los perros no van al cielo, cuando muera quiero ir a donde van ellos«. Donde van ellos y también aquellos que los aman. Como Mari Quiñonero y Rebeca Khamlichi que, de un tiempo a esta parte, se hacen llamar Las Muy Perras.

Cerca de 15.000 perros son arrojados a las calles cada año. En el caso de los galgos, el acabar abandonados es casi una bendición porque su final habitual, al final de la temporada de caza, es acabar ahorcados de una soga o morir a tiros o a palos

Desde hace tiempo, estas artistas plásticas compaginan sus trabajos con labores de acogida, apadrinamiento y adopción de perros, especialmente de galgos. Hace más o menos un mes les llegó el aviso de que había uno abandonado en muy malas condiciones cerca de un río en un pueblo de Toledo. «Fuimos allí para rescatarlo armadas con kilos y kilos de salchichas creyendo que tardaríamos todo el día en atraparlo. Apenas el pobrecito nos vio a centenares de metros y olió la comida corrió hacia nosotras. Imagina en qué condiciones estaba para agarrarse así a unas desconocidas. En apenas media hora estábamos de regreso a Madrid. Francisco, que así le bautizamos, estaba herido, desnutrido, tenía la piel en muy malas condiciones y olía a crueldad y abandono», nos cuentan. 15 días después ya habían rescatado a otros 11. «Y todavía quedaban cientos», dicen. Dos protectoras, APAP-Alcalá y BAAS Galgo se ofrecieron con enorme generosidad a acogerlos hasta que llegase una adopción.

Y ellas quisieron agradecerlo consiguiendo fondos que les ayudasen a seguir «con su tremenda labor».

¿Cómo?

Pues a través de un libro dedicado de Elvira Lindo, una obra original de la ilustradora Paula Bonet, la colaboración de Alba Galocha o Alex González, un ciervo de cerámica del interiorista Guille García Hoz, un cartel de Alquián y Hóptimo, un cuadro de Lulú Figueroa Domecq, joyas de Beatriz Palacios, una fotografía de Chema Conesa… 

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Todos ellos, junto a otros más de 100 objetos únicos de conocidos diseñadores, escritores, músicos, pintores y actores, forman parte de la gran colección solidaria que va a servir para recaudar fondos y salvar a decenas de galgos de una muerte segura.

Y es que a Las Muy Perras —«usamos este nombre para reivindicar que perro deje de ser un insulto»— se les ocurrió movilizar a su círculo cercano y pedirles objetos y obras originales a través de las cuales conseguir donación de fondos en una campaña de crowdfunding.  La respuesta, y no es un forma de hablar, ha superado todas las expectativas. «Pensábamos contar con una docena de piezas. Pero en un par de días más de cien creadores se habían sumado y querían ofrecemos sus obras u objetos personales para conseguir fondos. Nuestra recién creada cuenta de Instagram sumó más de dos mil seguidores en un par de días. Ahora son casi cuatro mil. Y subiendo»… ¡Qué maravilla!

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A veces, parece que las personas podemos ser un poquito perros. O muy perros. «Los perros suelen atesorar muchas de las virtudes que se le piden a todo ser humano: la lealtad, la fidelidad, la nobleza, la bondad, la simpatía, la inteligencia… Y por eso llevamos este nombre con orgullo», aseguran Mari y Rebeca.

Hasta el 1 de julio, cada día en la página web se subirá una de esas piezas que ellas llaman “recompensas”. La obtendrá el primero que haga una donación económica recomendada que estará en relación al valor de mercado de la obra.

Se trata, sin duda, de una iniciativa hermosa y necesaria, aunque insuficiente, porque, en este país, todavía queda mucho por hacer. Y Las Muy Perras lo saben: «Aunque cuando vemos las condiciones en las que nos llegan algunos de nuestros perros se nos cae el alma a los pies y nos hace plantearnos todo, creemos que algo ha cambiado en los últimos años, que hace una década era impensable. Es difícil hoy que un niño no sufra por el animal al ver una corrida de toros. O que no se conmueva con cualquier animal abandonado o herido. Creemos que estamos en el camino, aunque queda mucho viaje todavía». Y para este cambio de mentalidad, dicen, se necesitan tres cosas: «La primera, educación. La segunda, educación. Y la tercera ya te la puedes imaginar».

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Pero para ellas, como para nosotros, hay esperanza: «Las Muy Perras nos ha enseñado esa parte de España que se resiste a cambiar, ese país en blanco y negro brutal e insensible que sigue tratando a los animales como objetos que se tiran cuando se rompen. Pero también ha reforzado nuestra fe en la gente que combate eso: las protectoras, los veterinarios generosos que se conmueven con nuestros perros, los voluntarios que se movilizan a cualquier hora del día o la noche para ayudar a un animal, las familias de acogida que practican eso del “donde caben dos, caben tres”… Todos ellos también son muy, muy, muy,  pero que Muy Perros».

Fotografías: Ale Megale ©


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