Opino, del verbo de verdad

Ayer estuve hablando con una amiga un ratito de esos largos, una llamada para cortar las notas de voz de dos minutos donde cada una hablaba de una cosa distinta.

Las dos fumando, cada una en su ventana del baño, como si tuviéramos 15 años y nuestros padres no supieran que fumamos.

Hablábamos del feminismo, y ese concepto exagerado y negativo que se tiene ahora sobre él. Yo no lo defendía oh, que nadie me coma, termina de leer decía que «madre mía, que qué exageración y que tampoco era para tanto», y ella me decía «María, si no hubiera sido por feministas radicales, tú ahora no podrías votar, es algo tan sencillo como eso».

Eh. Cierto. Nunca lo había pensado.

Pero no voy a mostrar aquí la opinión, ni la conversación completa, porque, de la hora que hablamos, la frase que me siguió golpeando fuerte en la cabeza después de colgar fue «Ahí no te puedo decir nada, porque aún no tengo una opinión formada sobre ese tema».

¡Venga ya!

¡No opinó porque no tenía suficientes datos como para opinar! ¡¡En España!! ¡Lo dijo!

No sabéis qué es eso.

Estaba esperando a saber más que ya sabía de antes sobre ese tema, porque aún tenía dudas y no quería ser una ignorante. Quería discutirlo como una personal normal, con una cerveza delante y con unas ideas claras.

Lo de la cerveza delante se da mucho, lo de las ideas claras poco.

Igual os parece una imbecilidad que esté hablando de esto, pero bueno, como dice la RAE en su tercera que no menos importante definición de opinión, opinar es: Discurrir sobre las razones, probabilidades o conjeturas referentes a la verdad o certeza de algo.

Y es maravillosa la definición.

Creo que en pocas personas lo he oído, ni siquiera lo he dicho yo las veces suficientes, acabando conversaciones con un «venga sí lo que tú digas, tronca» para ahorrarme saliva, como si fuera cara o algo.

La saliva está para gastarla opinando, pero se gasta mejor si te sabe a verdad y a defender algo con coherencia, que lo sé yo y lo sabe la gente.

Una cosa es que notes ese sabor asiduamente.

Que no, que poca gente.

Mi amiga, mi amiga lo debe de saber, porque lo dijo, y la creo. Y nadie miente mientras se fuma un cigarro de liar en una ventana del baño, ¿no? ¡Opino!

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De Murcia, qué hermosa eres. Tengo años y soy publicista. A veces escribo, otras veo vídeos de gatitos encima de aspiradoras. Me han acogido aquí porque no existe sitio mejor donde ubicar mi caos mental

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