Ondas gravitacionales y el espacio-tiempo

¡Menuda está liando el científico este de los pelos raros y la lengua fuera! Precisamente, el pasado 2015 fue el año de Einstein, al celebrarse el centenario de la formulación de su archiconocida Teoría de la Relatividad General. La diosa fortuna ha querido traer de vuelta al imaginario general a nuestro amigo Albert (Bertín para los amigos), ya que el pasado jueves 11 de febrero, se hacía pública la detección directa de las denominadas ondas gravitacionales, precisamente predichas (de forma teórica), por la relatividad general.

Ya lo habréis visto, escuchado o leído, por activa y por pasiva en informativos y medios generalistas. Y tendréis la cabeza loca, llena de tecnicismos y palabrejas raras y demás. Y estoy seguro que todavía os preguntáis qué leches es una onda gravitacional, y por qué es tan importante.

Bueno, por suerte para todos, la diosa fortuna también ha puesto a vuestra disposición a tipos como yo, a los que no les gustan los tecnicismos ni se andan con rodeos, y les gusta que las cosas las entendamos todos. Dicho esto, el tema de las ondas gravitacionales tiene una complejidad que escapa a mi mente simple, así que voy a usar mi cerebro como un filtro (que no un fistro) para tamizar un poquito toda la información con la que nos están bombardeando, y que te quedes con la suficiente como para superar una tarde de domingo hablando de física con tu cuñao.

Decir, antes que nada, que a la Teoría de la Relatividad General hay que echarle de comer aparte, como decimos por mi tierra. Eso no hay quien lo digiera. Como anécdota, cuenta la leyenda que tras una conferencia, un periodista se acercó a Einstein y le dijo: «Profesor, creo que ya comprendo su teoría».  A lo que éste respondió: «Ah, pues enhorabuena, ya somos dos». Leyendas aparte, otro dato curioso acerca de la dichosa teoría es que la mayoría de la gente piensa, erróneamente, que Einstein recibió el premio Nobel por ella. Nada más lejos de la realidad, amigos, ya que se lo concedieron por el descubrimiento del efecto fotoeléctrico (no voy a entrar en detalles, si estáis aburridos, a la Wikipedia de cabeza).

Pero antes de entrar en faena con el tema de las ondas gravitacionales, un aviso navegantes: no pretendo dar una explicación científicamente correcta y concisa, sino trasladar a todos los lectores una idea general y aproximada. Eso implica no entrar en detalles, ni matemáticas, ni nada que aburra a las ovejas. Esto no es un artículo científico (ni se le parece), sino un artículo de divulgación. Dicho esto, las quejas a los editores, y a dar por culo, os vais al parque.

Aclarado el punto anterior, vamos al lío: ¿Qué demonios es una onda gravitacional? Pues son ondas cósmicas capaces de alterar el espacio-tiempo. Fin. Es broma, sigo. Ese tipo de ondas, se generan por un evento tremendísimo, en este caso concreto las ondas detectadas proceden de la colisión de dos agujeros negros hace 1.300 millones de años. Para que os hagáis una idea, es como tirar un peñuscazo de seis o siete kilos en mitad de una piscina. Las ondas generadas, se transmiten por todo el cosmos a la velocidad de la luz, pero a diferencia de ésta (la luz, digo, que también es una onda), las ondas gravitacionales no se alteran ni pierden intensidad durante su tránsito por todo el universo. Ejemplo adicional: si tú enciendes una linterna, un tipo a diez metros ve la luz, a 20 metros ya la ve menos, y a un kilómetro no ve una leche. La luz, en su tránsito por el espacio y debido a la interacción con la materia, ha perdido intensidad hasta extinguirse.

Como información extra, avisarte de que un agujero negro, en realidad no es un agujero. Sí, como lo oyes. Es una masa de materia tan inmensamente grande, que tiene tal atracción gravitacional que ni la luz puede escapar de ella. Por eso se denomina, coloquialmente, agujero: un puntazo inmenso de vacío en el universo. Pero no está vacío tampoco. Ya sé lo que estás pensando: «Pero estos físicos, ¿qué fuman?». Los dos agujeros negros en cuestión, que generaron las ondas que hoy estamos detectando, tenían una masa (atentos aquí) de entre 30 y 40 veces la de nuestro Sol. De semejante choque, la masa que se desplazó y pasó a formar parte de las ondas gravitacionales, equivaldría a la de tres veces nuestro Sol, y todo eso pasó en un segundo, generando un pico de energía equivalente a 50 veces la energía que correspondería a todo el universo conocido. Resumiendo: una hostia solamente equiparable a la de Javier Arenas en las elecciones andaluzas de 2012.

La importancia de poder medir estas ondas por primera vez, radica en que son la prueba tangible de que la Teoría de la Relatividad formulada por Einstein hace exactamente 100 años, y que nadie hasta la fecha había sido capaz de probar, es correcta. Según esta teoría, el espacio y el tiempo no son dos entes separados sino que están ligados (el famoso espacio-tiempo), y pueden ser alterados en conjunto por objetos de gravedad masiva. Esto implica que en el Universo el espacio-tiempo no es plano y que los planetas, estrellas, y demás cuerpos celestes, pueden con su gravedad alterar y por tanto curvar el espacio-tiempo a su alrededor: a mayor masa, mayor gravedad, luego mayor alteración (en concreto, curvatura) del espacio-tiempo. Estas ondas gravitacionales, predichas por Einstein hace 100 años, serían otra fuerza, al igual que la gravedad, capaz de alterar el espacio tiempo en su tránsito por el Universo. Además, por el simple hecho de que no pierden energía por su interacción con la materia, nos ofrecen una cantidad de información brutal. Es como si, de repente, no sólo podemos ver el Universo, sino que ahora lo podemos oír, lo podemos tocar…

En palabras de uno de los miembros del equipo que ha medido las ondas, el profesor Rainer Weiss del MIT, «hubiese sido genial poder ver la cara de Einstein si hubiésemos podido decirle que lo hemos conseguido». Verdaderamente, hubiese sido acojonante.

bluebird Comunicación
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