¿Nos fumigan desde el cielo? ‘Spoiler’: no

Menuda semanita. De una tacada nos hemos quedado sin elecciones y sin fútbol para hablar. ¿Ahora qué hacemos? Bueno, la mayoría estaréis ya pensando en la playita, la montaña, esa visita a los parientes del pueblo… Lo que viene siendo un verano estándar, vaya. Así que no creo que estéis demasiado preocupados ni por la política ni por el fútbol. Pero como para agosto queda un tironcillo, todavía me quedan un par de artículos para amenizaros las sobremesas domingueras, así que no temáis.

Hoy me ha vuelto a dar por las conspiraciones. Todos habréis notado que las redes sociales, entre otras muchas cosas, son un hervidero de conspiraciones. Las hay para todos los gustos. La última moda es que desaparecen papeletas por ahí —un contubernio judeo-masónico de padre y muy señor mío—. Pero, bueno, cada uno que pase el rato en Internet como buenamente pueda, ¿verdad?

Pero hay una conspiración en concreto que, de puro absurdo, ya hasta duele. Y como la explicación es sencilla, de la química más básica que hay (nivel Quimicefa para principiantes), y me iba a llevar poco tiempo explicarlo, pues me he dicho «a por ella, campeón». Se trata, nada más y nada menos, que de los famosos chemtrails. ¿Chem cualo? Chemtrails (estelas químicas). Igual los aficionados al misterio habéis oído alguna vez, bien por radio o por televisión, debatir sobre el tema. Parece que cuando los espectros y aliens están de capa caída, y no asoman, recuperan el tema para tener de qué hablar. Es como cuando de vez en cuando toca hablar de Gibraltar en las noticias, no sé si me explico (guiño, guiño).

Me puso sobre la pista hace unos días un amigo, que igual prefiere quedar en el anonimato (Alfonso, ¡un saludo majo!), que me preguntó qué de cierto había en todo eso o si sólo eran soplapolleces. Perdonad el taco, pero así es Alfonso. Para los que no tengáis ni idea de lo que estoy hablando, la conspiración viene más o menos a decir que los gobiernos/alienígenas/farmacéuticas/Piqué (tachad el que corresponda) nos fumigan con sustancias químicas en forma de aerosoles desde los aviones.

¿En qué se basa semejante afirmación? En las estelas blancas que aparecen en el cielo, entrecruzadas unas con otras, y que permanecen, según el día, durante horas sin difuminarse. ¿Y por qué nos fumigan? Depende del conspirador, hay químicos para todo: esterilizar a la población, controlar el clima, esparcir enfermedades para que compremos más medicamentos, y así un largo etcetera que no parece tener fin. ¿Será cierto? Pues NO.

La respuesta, amigos y amigas, que os va a dejar con el culo torcío, es simple: es agua. Agua. Los famosos chemtrails, estelas químicas, son estelas pero de agua. ¿Cómo es eso posible? Muy simple: la combustión del queroseno, del que se nutren los motores de los aviones comerciales, como toda combustión del hidrocarburo que queráis, genera dióxido de carbono y agua. Un misterio acojonante. Y pensaréis «pues mi Opel Corsa no deja estela». Los aviones comerciales vuelan de media a unos 10.000 metros de altura. A semejante altitud, la temperatura media de la atmósfera es de unos -50 grados y el vapor de agua sale de las turbinas del avión a 500 grados. No hace falta que te explique que semejante diferencia de temperatura provoca que el vapor de agua cristalice súbitamente y se formen las estelas tras el avión.

Ahora vienen los argumentos conspiranóicos. Vamos uno a uno. ¿Por qué unas veces desaparecen enseguida y otras veces permanecen durante horas? Pues depende de las condiciones atmosféricas. Una estela es, a fin de cuentas, una nube. Y como tal se comporta. ¿Por qué hay cada vez más estelas si antes no había tantas? Bueno, en aeropuertos como el de Madrid-Barajas hay picos anuales de hasta 1.300 vuelos diarios actualmente. ¿Qué dices? ¿Qué se ven diez estelas cruzadas? ¡Uuuuyyyy, cuidao! ¡El Apocalipsiiiiis! ¿Por qué a veces las estelas no parecen salir de los motores sino de la cola del avión? Simple: una ilusión debido a que existe lo que se llama «zona de enfriamiento», desde que el vapor sale de las turbinas hasta que se forman los cristales de hielo. Esta distancia de enfriamiento depende de la velocidad a la que vaya el avión en ese momento —si está en maniobras de aterrizaje irá más lento y la estela se genera más cerca del motor y viceversa, en este ultimo caso generando la ilusión de que la estela sale tras la cola y no del motor—.

Pongámosle además, y como broche final al tema, la nota de sentido común. Si para fumigar un campo de cultivo las avionetas rocían aerosoles a unos 10-15 metros sobre el terreno, imaginaos a la concentración que tendría que estar el “tóxico manipulador” para llegar a la superficie y tener siquiera algún rastro tras ser rociado a 10.000 metros de altura. Además, ¿qué sustancia química deja estela a no ser que se pretenda que la deje? Y más aún: si nos pretenden intoxicar, esterilizar, etc., ¿creéis en serio que iban a dejar un rastro en el cielo para que se vea? Amos, po favó.

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.