Máscaras

Resulta interesante fijarse en la gente, sobre todo cuando no sabe que está siendo observada. Es en esos momentos de intimidad cuando se muestran tal y como son, su verdadera naturaleza desprovista de ambages y capas de comportamiento social.

Hacerlo en público es complicado porque la gente apenas se relaja cuando se ve rodeada de sus semejantes, y más hoy en día cuando la dictadura de la apariencia ya hace tiempo que reina apaciblemente en la conciencia colectiva. ¿Cómo comprender, cómo fiarse del verdadero rostro de quienes nos rodean? Hay dos opciones, una para crédulos y otra para quienes intentan siempre ir más allá de lo que sus ojos pueden ver. La primera, la de los crédulos, es tan simple como creer a pies juntillas en las fórmulas sociales, las imposturas de la calle, la más que evidente falsedad que esconden las conversaciones.

La segunda, la opción de quienes no tragan con lo establecido, es espiar.

máscaras

Espiar tras las ventanas o, a través de la de uno mismo, a otras ventanas, otros hogares en los que la gente se relaja y deja en la entrada toda la mochila que sacan en la calle. Los amables muestran que también tienen mala hostia; los callados comienzan a hablar por los codos; los risueño lloran sentados en el sofá; los gruñones muestran su corazón con su mascota… Espiar es un fetiche que no todos están dispuestos a admitir, aunque luego las encuestas revelen que el poder que más desearía la gente sería el de ser invisible.

Tengo tentaciones de espiar, de moverme entre las sombras, como un fantasma, sin ser visto ni oído mientras me deslizo en la intimidad de personas que jamás sabrán de mi existencia; es un caramelo difícil de rechazar, porque el premio es descubrir la verdad: lo que realmente son las personas. Pero no tengo arrestos para atreverme, podría ser el principio de una enfermedad mental, de una adicción que cogería las riendas de mi vida y la volvería una mierda.

Todo esto sólo lo escribo en una artículo, luego en la calle soy el hombre más equilibrado que existe. Y siempre bajo las persianas cuando llego a casa.

bluebird Comunicación
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