Los secretos de la evolución

Hoy voy a tratar un tema de esos peliagudos que tanto te gustan y te hacen pensar: la evolución. Y digo peliagudos porque, tras años (ya podemos hablar también de siglos) de estudio, seguimos un poco en pañales en relación a los mecanismos que regulan o guían el proceso de evolución de las especies de nuestro planeta (ya en otros planetas, vete tú a saber cómo funcionará…).

Seguro que escuchas evolución y rápidamente recuerdas esas clases de ciencias en el cole, ya de muy pequeñitos, cuando nos hablaban de Lamarck y aquello del cuello de la jirafa que se estiraba y se estiraba para llegar a las hojas más altas de los árboles, y luego nos hablaban de lo equivocado que estaba y cómo Darwin nos había iluminado a todos con su teoría de la selección natural y lo de que el hombre viene del mono y tal…

Bueno pues para que lo sepas, ni uno era tan tonto (Lamarck) ni el otro era tan listo (Darwin). La herencia lamarckinana es un fenómeno actualmente reconocido de herencia en el mundo de la microbiología y últimamente, el campo de la epigenética (tema que trataré en más detalle en próximos artículos) le está dando un nuevo aire a las teorías de Lamarck, propiciando un resurgir del lamarckismo (ojo, no confundir con el minerialirismo). Por otro lado, la teoría de Darwin sufrió una reformulación respecto a la original después de integrar en ella las conclusiones de los trabajos genéticos de Mendel (sí, el tío que contaba guisantes amarillos o verdes,  lisos o arrugados, ese), entre otros, ya que actualmente sabemos que la selección natural no es el único motor de la evolución, aunque sí es cierto que es uno de los principales.

Otro gran error que solemos cometer al pensar en evolución y selección natural (la prevalencia del más fuerte, o más dotado, bla, bla…) tal como nos la enseñan desde pequeñitos, es que tendemos a creer que son los cambios en el ambiente los que provocan o fuerzan la aparición de nuevos caracteres. ¡Mentiraaa! (ya me ha dado otra vez, perdón…). El ambiente, no es ni más ni menos que un filtro. Los caracteres se van adquiriendo, muy gradualmente, igual de gradualmente que va cambiando el ambiente (olvidémonos de catástrofes tipo meteorito y cosas de esas, que eso no pasa tan a menudo como te lo venden en Hollywood). Así pues, la selección natural sería más un filtro que selecciona en lugar de un motor que propicia el cambio, aunque por supuesto para esto hay opiniones de todos los colores. Yo te estoy dando la mía (que aquí, entre tú y yo, que sepas que es la buena).

¿Pero qué es lo que provoca el cambio? ¿Por qué aparecen nuevos caracteres? (¡¡Brujeríaaaa!!) No será un secreto para ti, que el principal motivo de cambio son las mutaciones en nuestro genoma, en nuestro ADN. Y aquí entramos ya en la parte misteriosa y peliaguda. ¿Cuándo una mutación en el ADN es buena y cuando es mala? Para que existan cambios aparentes o nuevos caracteres no basta con una simple mutación, sino con una acumulación de mutaciones que apunten en la misma dirección durante millones de años. Ahora bien, esas mutaciones no ocurren, por norma general, directamente en los genes como tales, ya que una mutación dentro de la secuencia de un gen generalmente tiene un efecto devastador más que beneficioso. Eso es lo que consideraríamos una mutación “mala”.

¿Cuáles son las buenas? Bueno pues parece que el motor del cambio son las mutaciones que ocurren en las zonas del ADN que no pertenecen a genes, las denominadas secuencias intergénicas. Estas secuencias, que cuando yo cursaba mis primeros años en la Universidad todavía eran conocidas como secuencias basura, y que se pensaba que eran restos de antiguos genes que ya no son tales, ahora se sabe que no son basura sino que tienen un papel crucial en la regulación de la expresión génica. Y ahí es donde, si ocurren mutaciones, tienen un importante papel en la evolución. Para que nos entendamos, un ejemplo simple: el programa electoral del actual gobierno sería un gen, uno ve lo que hay escrito y piensa que eso es lo que tiene que pasar y es lo que va a pasar. Ahora bien, llega el ADN regulador “Rajoy”, e interpreta el programa como le sale de los cojones y se lo pasa por el forro, y pasa otra cosa diferente. Evolución. Tacháaaan.

Un estudio recientemente publicado en Nature Genetics ofrece datos más concretos sobre la proporción total de ADN que ha sido la diana de las mutaciones genéticas que han influenciado la evolución humana, cifrándolo en un 7,5% del total. Es decir, sólo un 7,5% de nuestro actual ADN difiere de nuestro ancestro más próximo (que es, por cierto, un ancestro que compartimos con los actuales chimpancés). De ese porcentaje, sólo un 9% de los cambios corresponden a secuencias que sí pertenecen a genes, mientras que el resto de mutaciones (91%) se concentran en el antiguamente mal llamado ADN basura, ahora bien llamado ADN regulador.

Y aquí lo voy a dejar. Como verás el tema de la evolución es complejo y hoy sólo te muestro una pequeñísima parte. Como dato curioso adicional, te diré que existen además secuencias de ADN “saltarinas”, conocidas como transposones, que se van desprendiendo e insertando en el genoma como les viene en gana, y que dependiendo dónde caigan influyen en que los cambios sean más o menos drásticos y fastidien más o menos. Pero eso ya te lo cuento otro día…

bluebird Comunicación
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3 Comentarios

  1. Mmm, después de leerte, concluyo que no eres un apasionado del Darwinismo, por lo menos, no un dogmático, pero puedo estar equivocado. Dicho lo cual, te hago una pregunta: ¿piensas que la Teoría de la evolución es más filosofía que ciencia o al contrario? Recuerda que durante mucho tiempo el darwinismo estuvo bastante desprestigiado por estar muy influenciado por las teorías económicas liberales de Adam Smith.

    Saludos.

    • Hola Jimeno! que alegría que el maestro lea al alumno, jeje. Era mi intención puntualizar que la Teoría Original de Darwin, la primera, era incompleta hasta que no se actualizó en forma de lo que se conoce actualmente como «Síntesis evolutiva moderna», que integra la teoría original de Darwin, los estudios de Mendel y otros más modernos de genética de poblaciones. Aún así, como bien me comentaste una vez, una teoría es una teoría, y la teoría no es ley.

      • En esto, y en muchas cosas más, tú eres el maestro, ya me conformaría yo con haberte enseñado algo de provecho. Me alegro de poder leerte, y espero que seas feliz por aquellos mundos bárbaros. Un abrazo.

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