Los anti-Nobel

Porque la vida no es siempre de color de rosa, ni la ciencia tampoco. Todos tenemos nuestro némesis. Como la luz tiene a la oscuridad, el bien tiene al mal, la fuerza tiene al lado oscuro y Casillas tiene a Arbeloa. Y los premios Nobel… pues sus anti-Nobel. Porque los experimentos científicos se sabe cómo empiezan, pero nunca como acaban (si es que acaban…).

¿Quién dice que la ciencia tiene que ser aburrida? Y es que al fin y al cabo, los científicos somos unos cachondos, y también tenemos nuestras bromas (no va a ser todo el día bata para arriba, bata para abajo, ahora mezclo esto, ahora lo otro). Eso sí, algunos de los galardonados con el anti-Nobel no se lo han tomado tan bien… Pero quedémonos con la parte divertida. En inglés se conoce a estos premios como los Ig-Nobel. Existe la falsa creencia, muy extendida, de que su nombre viene de “innoble”, pero ya estoy yo para contarte la verdad. Su verdadero origen está basado en un hecho muy científico (como no podría ser de otra manera): la reacción antígeno-anticuerpo. Y es que los anticuerpos son proteínas también conocidas como inmuno-globulinas (Ig). Anti-Nobel, Ig-Nobel… ¿lo pillas? Bueno, es igual, sigue leyendo…

Estos divertidos galardones se vienen entregando anualmente desde 1991, y fueron creados por la revista de ciencia-humor “Annals of Improbable Research” . La traducción sería algo así como “crónicas de la investigación inverosímil” (lo aclaro por si acaso alguna alcaldesa de Madrid nos lee, y no doy nombres para no señalar a nadie). El espíritu del galardón es premiar, y cito literalmente a sus creadores, investigaciones que primero te hacen reir, pero luego te hacen pensar. Profundo… ¿eh? Por supuesto la ceremonia de entrega no tiene la pompa que tienen los Nobel, aunque eso sí, no los entregan en cualquier sitio, no. Nada más y nada menos que en Harvard. Para darle un poco de vidilla al tema de la ceremonia, todos los años es costumbre que haya una niña entre el público que interrumpe cada dos por tres al grito de “Me abuuuuurrooooo”, y que algunos de los científicos que participen no paren de lanzar aviones de papel al auditorio. Puro cachondeo del bueno, vamos. Te sorprenderá saber que el encargado de salir con una escoba a barrer del escenario los puñeteros avioncitos es Roy Glauber, profesor de Física de la Universidad de Harvard y galardonado en 2005 con un premio Nobel (de los de verdad), y que lleva ya 15 años como “el niño de la escoba”.

Las categorías a las que se otorga el galardón no son fijas, se van adaptando cada año en función de la “originalidad” (llamémoslo así) de los estudios premiados. Y aquí hay de todo lo que te puedas imaginar. Y es que 23 años dan para mucho… Hay investigaciones chorras, otras muuuuy chorras, otras que empezaron serias y acabaron en desastre, y lo más sorprendente: investigaciones premiadas con un Anti-Nobel, que luego fueron cruciales para el desarrollo de medicamentos. Este último es el caso del científico holandés Bart Knols, que en 2006 recibió un anti-Nobel por un estudio en el que decía que ciertos mosquitos se sienten igualmente atraídos por una variedad de queso que por el olor a pies. Lo que en principio parecía una tontería muy gorda, fue la base para la creación de un medicamento anti malaria. También existen casos de científicos que han ganado un Anti-Nobel, y luego un Nobel de verdad.

Pasemos a los ejemplos, que sé que lo estás deseando… La lista es para no acabar, pero como tampoco es cuestión, te voy a contar los que más me han llamado la atención de cada campo (juro por Snoopy que son investigaciones reales, y que han sido publicadas en revistas especializadas):

Premio Anti-Nobel de Química: para un grupo de científicos japoneses cuya investigación concluye que el proceso bioquímico por el que la cebolla hace llorar a las personas cuando se corta es más complicado de lo que se pensaba. (Tócate los cojones…)

Premio Anti-Nobel de Matemáticas: para el cálculo de la probabilidad de que Gorvachov sea el anticristo. Por cierto, por si tienes interés, era de 8.606.091.751.882contra 1.

Premio Anti-Nobel de Biología: al estudio de la incidencia de casos de estreñimiento en los soldados que hacen guardia. Te cagas… (nunca mejor dicho).

Premio Anti-Nobel de Medicina: al estudio clínico titulado ‘Un hombre que se machacó el dedo y estuvo oliendo a podrido durante cinco años’. Nada más que añadir aquí.

Premio Anti-Nobel de Ingeniería: a los creadores del combover, un estilo de peinado para calvos que disimula estirando al máximo el pelo que queda en los laterales. Parece que Iñaki Anasagasti anda de litigios con estos tíos. Pepe Oneto lo mismo se une a la causa. Huele a culebrón…

Y voy a parar ya, que ya está bien por hoy. Si tienes más curiosidad, la lista de galardonados y sus trabajos es pública, así te entretienes un rato. Y quién sabe, lo mismo un día la vuelves a consultar y encuentras mi nombre ligado a un anti-Nobel de literatura por escribir este artículo…

bluebird Comunicación
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