Lo ‘mainstream’, ni exclusivo ni excluyente

mainstream

Si existe algo que me produce verdadero tedio y asco es la falsa modestia, la intencionalidad barata de mostrar versiones contrarias al propio ser por el hecho de brillar un poco más o por la desasosegada sensación de querer encajar, de no aparentar ser algo hueco, vacío. El problema estriba en el brillo, en la cantidad de voltios que cada bombilla puede soportar, porque gran parte de ellas acaban viendo sus potencias limitadas, mermadas, y el brillo deseado acaba convirtiéndose en un destello, evidente y cegador, que acaba por romper la bombilla. Hasta este punto somos conscientes de que todos queremos disponer de las bombillas con la mejor calidad posible, el mejor alumbramiento, para no sentirnos tan vacíos, para poder ver mejor nuestro entorno, para entenderlo y llegar a conseguir una interacción satisfactoria.

Pero al igual que en un circuito eléctrico, la distribución de elementos juega un papel clave y la sobrecarga puede llegar a arruinar todo el entramado. Cuando sentimos la paranoica sensación de carecer de los elementos necesarios para poner en marcha el circuito, se produce la sobrecarga. Ese destello, por unos momentos imperceptible, acaba por proyectarse contra los otros circuitos paralelos. La detección, sin embargo, del error en los sistemas exteriores se acaba haciendo palpable. La conexión se ve forzosamente averiada. La intercomunicación paralizada. Sistema en off.

Cuando presentamos la primera versión de nuestro sistema o, si queréis mejor, la versión definitiva —pues son ambas las que han llegado a definir nuestra marca, nuestra codificación ante el mundo— desconocemos los potenciales riesgos, solo contamos con nuestra autenticidad, nuestra buscada “fiabilidad”. La diferencia en cuanto a unos y otros modelos reside en la transparencia, la consciencia de proyectarse de forma inequívoca, exponiendo las ventajas y asumiendo las posibles mejoras ausentes. Los modelos que pretenden venderte un producto que a simple vista parece estar defectuoso acaban cayendo por su propio peso (más cuando la documentación, a priori, de ese modelo ha resultado contradictoria con la expuesta por el comerciante), se delatan. Pueden triunfar, sí, pero nunca serán catalogados como fiables. Nuestra sociedad ha acabado por decantarse por modelos defectuosos, desleales con su contenido, abandonados a un miserable y más que deplorable marketing de diseño: todo un intento de alegato trascendental en un envasado colorista. Ahora es más necesario que nunca avisar a la clientela de las trampas, del distanciamiento con esos tenderos que pretenden venderte la moto en un manufacturado envoltorio chillón, rozando con cada tirada lo kitsch.

mainstream 2

A estas alturas es cuando vendría la parte de mi supuesta discriminación anticipada y, nada más lejos de la verdad, la única garantía que puedo y quiero ofrecer es, una vez más, la transparencia, la seguridad de saber lo que compramos, lo que consumimos, siendo críticos con las carencias y las aportaciones de cada producto. Podemos reconocer el desarrollo tecnológico implantado por Apple, alabar y agradecer los efectos especiales barbáricos distintivos de la industria hollywoodiense, la rapidez y facilidad de la comida basura encabezada por la franquicia McDonald’s, la inigualable e incomparable sensación de positivismo y buenrollismo que despiertan los hits de las radiofórmulas o las liberalizadoras salidas de desenfreno y locura propiciadas gracias a la extensión de las discos y garitos popularizados desde la década de los 80.  Sin embargo, al final del día, estos gigantes y exitosos benefactores de la comodidad y el disfrute no cubren ni la mitad de las necesidades tanto físicas como intelectuales que demandamos para poder sentirnos completos, “capacitados”. Aquellos que escogen la opción única de esta senda acaban por sufrir una sobrecarga del sistema. Si bien todos tenemos necesidades y atracciones diferentes, la eficiencia nunca llegará a ser la misma si se concentra todo el arsenal en un único tipo de circuito, aunque, como venía diciendo, las consecuencias serán más nefastas si se decide apostar por algo de lo que no dispones. Quedas vendido, tachado con una marca imborrable de pretencioso fraudulento. Ninguno podemos intentar alumbrar más allá de un radio de alcance que sobrepase el límite, es técnicamente imposible, además de aburrido, pues las necesidades y gustos específicos siguen estando ahí.

Toda esta lectura de manual no quiere decir, ni mucho menos, que el ejercicio de actividades comúnmente extendidas y abrazadas por la mayoría de las culturas no me suponga un placer inmenso, a veces, incluso, diría que revitalizante. Cuando las instrucciones de tu sistema interno parecen confusas, cuando tu velocidad de procesamiento se ha suspendido temporalmente en stand by, siempre ayuda pulsar el on y sumergirte en las clásicas aventuras espaciales, sentirte identificado con las rocambolescas situaciones de los personajes de las sitcoms, ahogar —o profundizar— tus penas con las espirales de relaciones de amor-odio —a veces, tan ideales y lejanas, otras, tan familiarmente reconocibles— maquetadas en melodías pegadizas endulzadas por la erótica divina de celebridades como Beyoncé, Madonna, Katy Perry o Bruno Mars, o incluso llegar a sentirte por unos momentos tan valioso y relevante para el mundo como los héroes de capa y espada, tan deseados y aclamados. Sí, todos necesitamos a nuestros héroes, ¿no? Pero cuando la función termina y se cierra el telón, debemos saber enterrar los castillos de arena y compatibilizar esa superficialidad liberalizadora con las aportaciones de los capítulos menos visibles, pero más sinceros y humanos. Solo así puede redecorarse un interiorismo gris, teniendo en cuenta la complementación de las emociones que inspiran y reconfortan el alma, los detalles del minimalismo. Como seres complejos, necesitamos de ambas partes en sus dosis necesarias, solo así se conseguirá que el engranaje active la corriente de forma eficiente.

Pueden tomarlo como un manual general para personas abandonadas, yo lo seguiré concibiendo como un ritual ancestral de vitalismo puro, sin abandonarme por entero al acuerdo pactado, a la estatista comodidad de lo mainstream, ni ensalzándolo ni repudiándolo, ni exclusivo ni excluyente.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here