Leer es postureo

Es una escena tan habitual como excepcional; tan en apariencia inocente que escapa a nuestra mirada, a veces crítica, a veces superficial. Muchos viven tan enfrascados en sus dramas personales que da la sensación de haberse olvidado de observar el pequeño escenario que les rodea, a menos que un escándalo los saque de su sempiterna ofuscación.

El caso es que la susodicha escena transcurre ante mis ojos día tras día, en dos vertientes: la de espectador y la de actor involuntario. Entre traqueteos del vagón del metro, rostros somnolientos que apenas se mantienen despiertos y alguna que otra conversación subida de decibelios me asalta en ocasiones la irremediable necesidad de fisgonear. Y entonces, con más o menos disimulo, miro. Lo que veo me puede gustar más o menos, pero el hecho es impepinable: la gente ya no lee —por mucho que se empeñen algunos estudios en demostrar lo contrario—, y en este país todavía menos. Algunos dirán: «es que ahora se lee mucho», pero es una idea que no termina de cuajar en nuestra sociedad. El móvil se lo está comiendo todo: lectura, cine, sociabilidad…

Hace poco tiempo lo comentaba en un círculo cerrado de conocidos, todos ellos relacionados de una manera u otra con el mundo literario —ya sean lectores, escritores, editores…— y la gran mayoría coincidía en que estamos viviendo la época de la mal llamada “lectura-postureo”: todos presumen de leer los libros más importantes, los más premiados, pero después resulta que las cifras indican lo contrario. Es como la famosa leyenda sobre ‘El Padrino’ (Francis Ford Coppola, 1972), película que todo el mundo dice haber visto cuando más de la mitad mienten.

¿Es postureo colgar infinidad de fotografías en Instagram con todos y cada uno de los libros que se leen? Lo es. Y yo lo practico, no me escondo. Culpable. Sin embargo, en mi caso es un modo de descubrir libros a la gente: en un par de ocasiones algunos internautas me han dado las gracias por colgar las fotos ya que han descubierto a un autor que desconocían y del que se han hecho seguidores incondicionales. En parte, para mí, es un modo de altruismo pese a que pueda ser visto de otra manera —poco me importa, por otro lado—; sin embargo me huelo que, como en muchos otros aspectos del día a día moderno, en la lectura también se ha instalado la pretenciosidad para quedarse, aparentar mucho para que no se sepa que se alberga poco. Mucho ruido y pocas nueces, el leitmotiv del siglo XXI.

Para muestra un botón: nos dicen que cada día los jóvenes leen más. Bien. ¿Sabéis qué libro lleva más de tres meses como número 1 en ventas? Sí, el del famoso youtuber. Siento contradecir a los medios pero ESO NO ES LITERATURA: páginas y más páginas en las que apenas hay letras, y cuando aparecen es para retar a los críos a dibujarse rabos en la frente e ir a la calle de esa guisa. Y después nos extrañamos de que todo vaya mal. ‘Hermano Mayor’ debería entrar ya en la Seguridad Social.

Soy el primer defensor de la difusión de todo tipo de cultura: fotos, blogs, entrevistas, eventos, televisión, radio… ojalá hubiera más. Pero lo que no me gusta es la prostitución de la cultura, convertida en un mero producto de alardeo del que ni siquiera estamos aprendiendo a aprovechar.

Os dejo ya, que voy a colgar en Instagram, Facebook, Twitter, Tumblr, Vimeo, Youtube, Google +… voy a colgar fotos del libro que me estoy leyendo. No recuerdo de qué va ni lo entiendo mucho, pero me han dicho que es de eruditos.

Así soy más cool.

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.