Instagram, ¿pezones no, acoso sí?

Se ha acusado muchas veces de censura a Instagram por su política de no permitir desnudos. Según ha asegurado alguna vez Kevin Systrom, cofundador de la red social, para garantizar que el sitio sea seguro, tanto para los famosos como para la gente común.

No sé qué problema puede haber en que una persona, libremente, decida mostrar su cuerpo desnudo. El cuerpo, la carne, lo que somos debajo de la ropa y de la moda, no puede herir a nadie. Es sólo piel.

«No se deben subir imágenes u otro tipo de contenido violento, que muestre desnudez completa o parcial, discriminatorio, ilícito, transgresor, de odio, pornográfico o sexualmente sugestivo vía este servicio», dicen las reglas de Instagram.

Unas reglas cuanto menos curiosas, cuando los pezones femeninos son rápidamente censurados mientras que otras prácticas, de verdad invasivas, se permiten.

Veréis, hace un par de días descubrí que tenía un par de mensajes pendientes en mi bandeja de entrada de Instagram. Uno de ellos estaba ahí desde febrero, esperando que lo aceptara o lo rechazara. Mi sorpresa aparece cuando descubro de qué trata la foto. Es la imagen de un pene erecto, debajo de un calzoncillo, y con la mano de un tipo por encima. Para que nos entendamos, la imagen de un tipo masturbándose. Concretamente, esta:

instagram

Primero sentí vergüenza, mucha vergüenza, luego un inexplicable sentimiento de culpa y, por último, pudor, muchísimo pudor. Tanto que no sé si este escrito finalmente verá la luz o se quedará para siempre perdido en una carpeta de Google Drive.

Y me da rabia, porque el pudor viene de la sensación de que estoy exagerando; de que esto no es más que “una chiquillada” de un tío aburrido que no tiene nada mejor que hacer. Que quizá, de alguna manera, la culpa es mía, que me empeño en decir, una y otra vez, que el porno es poesía, que he escrito un libro donde el sexo es explícito. Sí, me siento culpable.

Es inexplicable, ni yo misma entiendo esta sensación, porque yo no he pedido a nadie que me mande una foto de su polla empalmada. Pero no puedo evitarla. Y no puedo evitarla, porque son años y años de una educación y una cultura que nos culpa. Siempre.

Porque siempre hay un «algo habrás hecho», un «si es que mira cómo vas», un«calladita estás más guapa», un «cuídate, no vuelvas tarde y sola a casa». La responsabilidad sigue cayendo sobre nuestros hombros. Y estoy cansada.

Quizá por eso escriba estas letras, aunque no me atreva a desvelar la identidad del sujeto, aunque no tenga tan clara mi inocencia. Estoy cansada de que se nos acose, de que se nos culpe, de que se nos sexualice. Basta ya.

Por cierto, hace dos días que denuncié el mensaje en Instagram y todavía hoy la foto no ha sido borrada.


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2 Comentarios

  1. No sientas culpa porque el mundo esté lleno de gilipollas. Haces bien en contarlo y denunciarlo públicamente, la única manera de que las redes sociales cambien su mentalidad es precisamente esa: que empiecen a salir a la luz este tipo de casos.

    Y sinceramente: te pasas de buena persona al ocultar el nombre del que te lo ha enviado. Él no ha tenido ningún pudor en hacerlo y tú no se lo has pedido, digo yo que eso te da la autoridad moral suficiente como para hacer con eso lo que te salga de las narices.

    Salud.

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