¿Influye la suerte en nuestro destino?

El pasado miércoles 26 de enero trascendió en el diario El País la noticia de que una chica por la que Justin Bieber había preguntado su nombre iba a actuar como modelo en el próximo Mercedes Benz Fashion Week en Madrid. Se trata de una historia curiosa y que plantea la pregunta seguramente imposible de responder empíricamente: ¿La suerte influye en nuestro destino?

Pongámonos en situación primero: semanas atrás, Justin Bieber, en su cuenta de Instagram, colgaba una fotografía en la que aparecía una chica atractiva haciéndose un selfie y debajo de susodicha fotografía se preguntaba quién era ella. Una situación que, seguramente, sorprenderá a muchos, en vista sobre todo de que el cantante canadiense dispone de poco tiempo (y ganas probablemente) para dedicarse a mirar fotografías de personas desconocidas en su cuenta personal. Hasta aquí, extraño. Pero posteriormente, cuando esa foto pasó por los ojos de miles de fans del cantante (con chicas a las que imaginamos muertas de envidia y arañando algún objeto al abasto), los usuarios de Instagram consiguieron dar con la chica y se lo hicieron saber a Bieber. ¿Pura suerte?

Con casi toda seguridad, la chica tuvo algo en la fotografía que consiguió llamarle la atención. Y ya se sabe: la fama es muy caudalosa y arrastra a muchos, para bien o para mal. Ahora la chica –cuyo nombre es Cindy Kimberly, vive en España y tiene 17 años– verá cumplido su sueño de actuar como modelo en una pasarela con los mejores focos, las mejores modelos y los mejores diseñadores. Habría que inquirirse si ella sólo envió una foto de sí misma al cantante o si, en cambio, lo atosigó al ritmo de disparos de metralleta. Si sólo envió una foto, ya muchos podemos casi colgarnos en lo más alto de un campanario. ¿No resulta indignante? ¿O fastidioso? Es como si el éxito de la vida, en forma de fama, esté simbolizado por un dedo invisible que, desde algún rincón inhóspito del sistema solar, señala a alguien y le dota de toda la suerte del mundo.

¿Hasta qué punto tienen cabida el talento, la constancia y el esfuerzo? Aquí subyace la eterna pregunta, aquella que jamás podrá ser contestada puesto que la vida tiene tal abanico de vidas, de sorpresas, de historias, que todas ellas resultan igual de válidas. No deja de sorprender, sin embargo, que una acción tan aparentemente fortuita, haya desembocado en algo por lo que muchas chicas han porfiado, y seguramente más mayores y con mucho más esfuerzo. No ponemos en duda aquí a nadie ni señalamos que la chica no haya movido ni un dedo, pero la sensación que da desde fuera es la de «menuda suerte que ha tenido la tía».

Podríamos extrapolar esta situación y transferirlo a muchos otros ámbitos de la vida, mas prácticamente nadie discrepará que cuando uno piensa en suerte le viene a la cabeza el mundo del arte. En especial la literatura y el cine. Mucho se alarga la lista de escritores o actores que iniciaron su andadura profesional con éxito tras un golpe de suerte. Desde algún contacto con alguien “metido en el meollo” como cruzarse con algún director que, por capricho o absurdidad, se maravilla al instante. A la cabeza nos podría venir el caso de Virginia Cherrill, quien protagonizó una de las películas más famosas de Charles Chaplin, ‘Las luces de la ciudad’. En ella actuaba de chica ciega que vendía flores dentro de una familia con deudas. Cuentan las lenguas que Charles Chaplin se cruzó con esta mujer y se fijó en especial que ella podía, si oteaba a la distancia sin moverse, aparentar la ceguera. ¿Suerte? ¿El destino? Podríamos relatar aquí un sinfín de anécdotas que pondrían los dientes muy largos a todos aquellos que sueñan con entrar en un mundo que parece no pertenecerles de lo difícil que resulta acceder.

La cuestión yace en si vale la pena luchar en este mundo extraño y contrariado. Gran cantidad de artistas de suma calidad han muerto en el anonimato mientras que otros, injustamente, han saboreado las mieles de la fama y del éxito. La eterna discusión: ¿Es lo famoso bueno? ¿Es lo famoso sinónimo de calidad? A favor hay que subrayar que la vida, así, tiene esos giros inesperados que condimentan a personas cuyas vidas han sufrido en la tristeza o la pobreza. No obstante, ¿quién no necesita ese “golpe de suerte”? Todos estamos necesitados de sueños o de objetivos platónicos que nos llenen hasta desbordarnos. ¿Entra aquí acaso la justicia? Sea lo que sea la moraleja que podríamos extraer de este anecdótico (aunque a veces preocupante, según cómo se mire) hecho.

¿Enviamos alguna foto, algún texto, algún trabajo a algún famoso? Quizá nos hagan caso después de todo. Al final y al cabo, son humanos, de carne y hueso, por lo que a lo mejor albergan o cobijan sentimientos de compasión. Probemos. ¿No tenemos ya el no?

bluebird Comunicación
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