Hasta luego, genio

Se fue. La persona que dio un lenguaje al humor de las últimas décadas en España nos abandonó un sábado de noviembre. Lo veíamos venir, pero… Chiquito de la Calzada ya no está con nosotros. O sí.

Quizás este artículo debería haber comenzado con un chiste, ¿no? Venga vamos.

—¡Paparl, paparl! ¡Llévame al circoooorl!

—No, hijo mío. El que quiera verte que venga a casa.

Ahora sí, podemos continuar.

Chiquito de la Calzada apareció allá por mediados de los 90, cuando todo lo que pasaba lo echaban en televisión. La tele era el Twitter o el Facebook de estos días, por si me lee algún joven entusiasta de Bill Murray. De repente, en un programa llamado ‘Genio y Figura’, un tipo bajito, con un extraño corte de pelo y andares bailarines comenzó a contar chistes. Y ya nunca paró.

Comenzó un fenómeno difícil de explicar hoy día. Algo mucho mayor que un viral. En unos días, todo un país hablaba con palabras como jarl, peich, fistro, cobarderl o agromenauer, sin olvidarnos de expresiones como pecadorl de la pradera o después de los dolores. La chiquitomanía lo inundó todo: casetes con sus mejores chistes, bolsas de snacks, tazos, juegos, etc.

El debate llegó muy lejos y muchos querían que la palabra fistro estuviera en el diccionario de la Real Academia Española. No lo consiguieron, pero a lo mejor fue porque en esa época no había Change.org ni ninguna plataforma similar. Quizás deberíamos retomar esa campaña ahora tras su muerte. Desde luego sería un magnífico homenaje a un genio que, les guste o no a los académicos, cambió la manera de expresarse en nuestro país.

Chiquito estuvo más que de moda. Era parte de nosotros. Ya nadie podrá decir la palabra pecador sin pensar en él y muy pocos dudarán que nació bastante después de los dolores. Por la gloria de su madre. Además, el gran Gregorio hizo cine. Sí. Para la historia quedan dos grandes clásicos del cine español como fueron ‘Aquí llega Condemor, el pecadorl de la pradera’ con la sublime escena de las tarantelas, o ‘Brácula’ que, aunque era algo más floja que la primera, estaba llena de magia.

Tuvo más apariciones en la gran pantalla, y en televisión, el medio que lo hizo grande. Apareció en anuncios llenos de nostalgia y en películas que arrasaban en taquilla. Y siempre, absolutamente siempre, acompañado de esos ruidos, expresiones o palabras que forman parte de nuestra historia y nuestra manera de contar las cosas.

Quizás, dentro de algunos años, muchos niños y niñas que todavía no han nacido cuenten las cosas empezando por «uno que va» o digan un sonoro «al ataquerl». Eso será porque Chiquito y su manera de contar cosas seguirá viajando de generación en generación, y seguro que más de uno se sentará gustoso a contarles quién era Gregorio Esteban Sánchez Fernández.

Gracias por las risas, por todas ellas.

Por la gloria de tu madre, descansa, Chiquito.

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