“En vaso de caña, por favor”: De si Podemos (o no), del Calatrava (te la clava) o del célibe Paquito (Francisco)

¿Se puede?

Silencio.

¡¿Que si se puede?!

– ¡Qué sí, hombre, que sí! Que te he escuchado a la primera. Pero escucharte al grito de ¡PODEMOS!, hombre, no tiene precio. De ahí que esperara a la primera persona del plural, pero no.

– Bueno, tú no cambias, eh. Pero que yo menos aún…

– Como si lo viera, vamos.

– Aunque tú… tú siempre tuviste tu puntito friki, eh: con tus muñequitos de superhéroes, con tus jueguecitos de mesa, con tus cómics Manga…

– Ya ves, y ahora mangan todos y yo me quedo manga por hombro. Pero a ti eso del nuevo “manga” te va pero mucho. Se dice, se comenta, ojo. Por cierto, ¿te pongo una… (Homus) “Cañete”? ¡Fresquita, fresquita!

– Pues no, tío listo. Y no, tío listo: este año no he votado al PP.

– ¿Rayita en la pared? ¿Ya? ¿La primera en… ¡un año ya!?

– Pues ya ves. Uno que cambia.

– No será para tanto.

– ¡Ni al PP ni al PP! Vamos, que no iba a votar a ninguno otro. Que el coche se me jodió viniendo de Lisboa y tuve que hacer noche en un poblacho perdío’ entrando en España ya.

– Ya decía yo. Ya decía yo.

Varios minutos después.

– Bueno, ¿y la reforma qué?

– ¿Cuál de ellas?: ¿La que necesita mi Barça? ¿La que necesita la monarquía? ¿La de Europa? ¿La laboral? ¿La del hijo del Ortega Cano?…

– La del bar, coño. Que hay que ponerte hasta los puntitos sobre las íes. Nada de ceritos, que te nos cabreas.

Cerito el que tengo en mi cuenta. Iba a decir de ahorros, pero lo dejamos en cuenta. Así que ya estás pensando en hablar conmigo para la comunión de tu hijo, que si no en mala cuenta te tendré y en mala sombra te cobijaré.

– No llamarás sombra a lo que esas sombrillitas de Coca-Cola que te han traído dan, ¿no? Valor tienes, además, haciendo negocios con esos.

– Con esos, señorito, día sí y día también, has pagado las facturas de este bar vía ron cola durante los últimos 15 años.

– Ya no, amigo. Ahora bebo gin-tonic.

– Rayita en la pared. Otra vez.

– Por cierto, con eso de #cañitabrava has rizado el rizo, amigo. Vaya nombre feo que te has marcado para la reinauguración del bar. Más te vale que los precios tengan pocos ceritos, que si no ya me veo las pintadas: cañitabravatelaclava.

– Tú siempre tan pintoresco como un cuadro de costumbre. Qué poca lumbre pa’ tanta cabezota.

– Venga, no te me enfades, hombre, que como tus cañitas y tus papitas bravas pocas o ninguna hay. Y más a esos precios.

– Hablando de “papitas”, y por no seguir con el rollo que me traes. ¿Qué me dices de lo del Paquito? Tu oportunidad de pluriemplearte; tú, tan de papitas, tan papista, tan capillita. ¡Coño! Si hasta podrías tener más chicuelos. ¿Bautizo a la vista en el #cañitabrava? ¿Lo apuntamos?

– Deja de dar tanta cañita, pony bravo. Que estás hecho un pony bravo. Y cuidadito con no “hashtagte” con tanta papita.

– ¿Un café, entonces?

– En vaso de caña, por favor.

La imagen es de Ventura Ces Armental ©

NOTA: la de arriba solo pretende -si pretender es el verbo adecuado- ser una visión cómico-irónica (acaso cuasi maniquea las más de las veces) de la actualidad diaria que nos rodea desde el prisma de dos tipos -¿acaso importan los nombres?-, sí, en exceso arquetípicos: uno de tantos parroquianos del típico bar de barrio y el dueño del mismo, uno de tantos de típicos bares de barrio.

“En vaso de caña, por favor” se publica cada miércoles en Murray Magazine. Las doce primeras ediciones se publicaron entre el 6 y el 29 de mayo de 2013 en La Tertulia de la Urraca.

bluebird Comunicación
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