Emprendedor, ¿conoces la cara B?

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La pasada semana tuve la suerte de participar en las jornadas de Pozoblanco Inspira, un punto de encuentro entre empresarios, administraciones públicas, demandantes de empleo y sociedad en general de Los Pedroches. Participé en una mesa redonda, en la que, junto a otros jóvenes empresario de Pozoblanco, dimos nuestras impresiones sobre el relevo generacional en el sector empresarial de la comarca y, más concretamente, en nuestras empresas.

Todo ello me llevo a reflexionar sobre varias cuestiones que, en el día a día, a uno se le presentan como joven empresario, aunque ya peine canas. Y es que tanto en mi intervención, como en otras de las que tuve la suerte de presenciar, se transmitió la cara A de lo que significa ser empresario.

Como sucede cuando ves realizado un reto deportivo, una vez que lo consigues, pasa el tiempo y se lo cuentas a un amigo, comentándole lo bien que os lo pasasteis el fin de semana, lo bonito que fueron los momentos antes de la salida, la emoción cuando cruzaste la meta y estaba esperándote tu madre para la darte la medalla de finisher… Y, a la vez, se te olvida comentarle el día que hiciste 21 kilómetros dando vueltas en la pista de atletismo, un día de verano hasta las 11 de la noche, o el día que hiciste 150 kilómetros con la bici, solo como la una, o que al día siguiente te dolía hasta el alma… Pero es que el afán de supervivencia del ser humano hace que dejes a un lado lo malo y te quedes con lo bueno o, al menos, eso hacemos los que intentamos ser positivos.

Lo mismo me ocurrió en mi intervención en la mesa redonda, conté lo bueno y dejé a un lado lo menos bueno.

Por esto, si animo a los jóvenes a ser empresarios —o emprendedores, como prefieren llamarlos ahora—, habrá que contar también la cara B. Todo visto desde el más subjetivo prisma de mi propia experiencia, la cual considero escasa e, igualmente, vista con perspectiva ni siquiera acertada.

Lo primero, básico, fundamental: Tienes que tener una «capacidad de trabajo brutal», como dicen los modernos. Dicho de otra forma, debes estar preparado para ser el primero en entrar y el último en salir de tu negocio. Aquí el reloj sólo vale para que no se te pase ninguna cita de tu agenda y lo de las horas extras, si las cobraras a un euro, podrías hacerte rico. Si quieres ver una muestra de esto que te digo sólo tienes que irte un domingo o un día de fiesta por el polígono, seguramente te encuentres más de un coche  aparcado cerca de un negocio con la puerta cerrada.

Otro punto importante es que has de estar concienciado de que tus obligaciones van a ser muchas a nivel de responsabilidad, tributarias, de personal… Y tus derechos los que les sobren a los demás. Tu sueldo seguramente no sea el más alto de tu empresa, cobrarás cuando se pueda y el tema jubilación mejor ni lo tocamos. Siempre que pienso en los empresarios y autónomos recuerdo las películas de las grandes batallas de la Edad Media, donde enormes tercios, formados por miles de guerreros, se enfrentaban en grandes llanuras y de repente una voz decía «¡atacad!». Entonces salían una avanzadilla de valientes, a los cuales les llovían flechas, lanzas y demás lindezas. Estos iban una muerte segura y ellos lo sabían, pero, a pesar de ello, iban orgullososEa, pues esos mismos somos los autónomos de hoy en día.

Otro tema de la cara B es la formación. Gran mérito el de nuestros padres, que, sin tener casi la EGB, fueron capaces de crear sus empresas y hacerlas crecer. Por el contrario, la mayoría de los hoy llamados emprendedores, somos personas sobradamente formadas académicamente: árboles de decisión, matrices, perceptibles, econométricas, varianzas, protocolos, contabilidades presupuestarias… No es que sirvan de poco, es que muchas veces no valen para nada. No quiero decir que la formación no sea necesaria, todo lo contrario, es básica, porque ante todo te da la libertad y el respaldo de saber que estás haciendo las cosas bien. Pero no es menos cierto que tú, que sales de la facultad con tu súper licenciatura y tu costoso máster, te encuentras de bruces con la realidad… Y te puedes caer de espaldas. En mi opinión, falta mucha práctica o realidad y sobra algo de teoría.

Importante también el tema económico. Si eres un hijo de la nada, ten por seguro que la carne en el asador la pones tú. Vamos, que lo que te juegas es  tu dinero. Del tema subvenciones, mejor ni las esperes. Que vienen, pues bien; que no, pues ya me lo esperaba. Por otro lado, las entidades financieras, si tienes suerte y deciden ayudarte, enhorabuena, te has casado de por vida. Aquí lo de que las sociedades son de responsabilidad limitada y te juegas lo que aporta en el negocio, no es tan así —véase tema garantías personales—.

Otro trago que te tocará pasar es que, de repente, se te encienda la bombilla, tengas una idea genial, la desarrolles, la lleves a cabo y cuando te funcione, a los cuatro días vendrá otro y te la copiará. No te preocupes, es el mejor síntoma de que algo es realmente bueno. Y, además, las ideas se pueden robar, pero el talento no.

Y otro lado oscuro en esto de ser empresario es que si después de lo anteriormente mencionado logras prosperar, que todo te vaya bien y tienes la suerte de conseguir una vida cómoda, siempre habrá quien diga «¡cuánto no habrá robado ese!».

Aunque parezca todo lo contrario, pretendo animar a los nuevos emprendedores, pero tendremos que decirlo todo, ¿no? Para lo maravilloso ya están los programas de televisión y de radio, pero quizá sea nuestra obligación contar el lado oscuro, la cara B. De lo que sí estoy seguro es de que si estás convencido y lo tienes claro, no hay nada más gratificante para los que llevamos esto dentro que ver que tus esfuerzos, iniciativas y proyectos salen adelante. Más vale haberlo intentado que quedarse con la duda para siempre. La cara A compensa con creces la cara B.

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