El traje de Ana

ana

Ana se viste de gala cuando juega su Atleti. Tiene su propio ritual. Bufanda al cuello aún dentro de casa, camiseta de franjas rojiblancas o polo azul oscuro. Cualquier cosa que lleve un escudo. Cualquier cosa que lleve el orgullo. Le endulzan la cara las noches de fútbol. Le sienta genial un escudo en el pecho. Y no olvida nunca por qué el escudo va cosido a la izquierda. Luego una cerveza, y ser del Atleti, noventa minutos y toda una vida.

Recuerdo el día que la conocí. Entre un par de botellines, las entradas del cine, algún cigarro y un miedo de tres pares de narices, me escapé un momento al baño para escribirle a un amigo: «Es perfecta. Me caso». Pero luego apostillé que teníamos un problema: «Es del Atleti, le gusta sufrir». Medio en broma, medio en serio. Como nosotros al principio. Luego hicimos el tour del Calderón en el día de mi cumpleaños, y pensé que poco a poco lo iba consiguiendo. Un día le dije que le pediría matrimonio en el estadio durante un Atlético – Bayern, y casi un año después compró las entradas, porque también nuestros equipos estaban llamados a encontrarse. Y se llevó ella el asalto, pero yo fui sin anillo.

Y ahora sólo puedo alegrarme si gana su Atleti. ¿Cómo no hacerlo? Con lo bien que le sienta su escudo en el pecho. Con lo que brillan sus ojos cuando se viste de gala. Con lo que endulzan su cara las noches de fútbol. ¿Cómo no ser un poquito del Atleti? Y todo por ella, que lo es más que el madroño, que llama «casa» al Calderón, que sabe que el escudo va siempre cosido a la izquierda. ¿Cómo no serlo? Incluso en noches como la de ayer. De hecho incluso más. Aunque su bufanda al cuello me parta el alma, mientras se pone el pijama, se quita la elástica y la guarda con pena hasta el próximo día. Porque a pesar de todo, qué bien le sienta el escudo en el pecho. Qué dulce su cara las noches de fútbol. Qué cruel es su Atleti algunas veces con ella. Pero eso ya lo sabía. Poco importa. Que sea el Atleti lo que amargue sus ojos. Que sólo sea el fútbol lo que tuerza su gesto. Que endulcen su cara las noches de fútbol. Que todas las noches las pase con ella. Qué bien le sienta a Ana su traje de gala.

bluebird Comunicación
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