El metagenoma: tu monstruo interior

Hoy voy a empezar el artículo poniéndome nostálgico y recordando aquellos maravillosos años de las clases de biología en el instituto (y digo maravillosos porque la única preocupación que tenía aquí un servidor en el día a día era saber si iba a llover para poder ir a jugar al tenis, y eso era maravilloso y punto). Recordaréis los que sois de mi generación o algo más viejunos aquellas lecciones sobre la flora intestinal, esos dos o tres bichos locos que estaban por ahí en nuestro estómago pero que no nos hacían daño, y que luego José Coronado lanzó a la fama con sus famosos anuncios del bífidus y el tránsito intestinal.

El término se actualizó un poco más adelante, cuando se fue conociendo más a fondo qué tipo de bichos andaban rondando por nuestro tracto digestivo, y ya por mis años universitarios (ahí cambié el tenis por el mus) se empezó a hablar de fauna microbiana. Recuerdo feroces batallas indirectas entre los profesores de formación botánica y los de zoología usándonos a los alumnos como dardos: no es flora, es fauna. No es fauna, es flora. Y así… Pero no entremos en eso. El caso es que lo que se pensaba que eran dos o tres bacterias locas e inofensivas, ha resultado ser una comunidad microbiana absolutamente esencial para nuestra vida y que determina factores tan importantes como nuestra predisposición a padecer según qué tipo de enfermedades (así como la reacción frente a ellas), nuestra respuesta a determinados tipos de medicación, etc.

Te resultará familiar el famoso Proyecto genoma humano y el hito de su secuenciación completa en el año 2.000. La panacea: ahí íbamos a encontrar las respuestas para todo… Como ya te he comentado alguna vez, al final acabamos con más preguntas que respuestas. Pues amigo o amiga, resulta que tanto o más importante (personalmente, yo opino que muchísimo más) es nuestro otro genoma, el metagenoma. ¿Y eso qué es? Nada más, y nada menos, que la información genética contenida en esa comunidad microbiana que vive en feliz (o infeliz, según el caso) armonía con nosotros.

Hablemos de números, para que lo entiendas mejor. El peso total de los microbios que habitan nuestro interior es de 1,5 kilos (eso sin contar microorganismos que habitan en la piel). ¿Aún no te impresiona demasiado? Veámoslo desde otro punto de vista. En el cuerpo humano, en TU cuerpo, sólo el 10% de células son células humanas. El otro 90% de células son bacterias que habitan en ti.

Pausa dramática. Luces. Ba-da-bam-pssst. ¡Bestial!

Así es. Ahora serás capaz de imaginar, que la contribución de tus bichitos a tu bienestar, tiene que ser importante sí o sí. Las sustancias que producen dichos microorganismos, fácilmente alcanzan tu sistema circulatorio y se distribuyen por tu cuerpo. Pero no te asustes, no vayas corriendo a lavarte o hacer gárgaras con enjuague bucal. Hablamos de que las bacterias beneficiosas producen sustancias tales como anti-inflamatorios, antioxidantes, vitaminas, etcétera, que de otro modo nosotros no somos capaces de producir. Y hemos evolucionado a lo largo de millones de años para beneficio mutuo. Eso sí, al igual que en una buena peli del oeste, existen los buenos y existen los malos. Y los malos suelen ser bien puñeteros: pueden producir toxinas que pueden originar mutaciones en el ADN de tus células, o bien alterar el correcto funcionamiento del sistema nervioso o el sistema inmune. El equilibrio entre ambas poblaciones es en buena parte responsable de tu buena o mala salud, y de que seas más o menos susceptible a infecciones u otro tipo de enfermedades, de implicaciones tan sonadas como el cáncer.

Y es que buena parte de los esfuerzos de la investigación biofarmacéutica se están centrando por este motivo en el desarrollo de fármacos cuyo objetivo no son tus propias células sino tu “otro” yo. Pero como todo en ciencia, nada es tan sencillo como parece. Al igual que los individuos somos diferentes en apariencia externa, también somos diferentes por dentro en lo que respecta al tipo de especies microbianas que habitan en nuestro interior.

Un humano adulto contiene unas 10.000 especies de bacterias diferentes. Y esas bacterias son diferentes entre diferentes poblaciones humanas (hablamos de poblaciones geográficamente aisladas por miles de años, ahora es muy fácil coger un avión y llegar a Kuala-Lumpur para cenar), al igual que su proporción. Si al final de la secuenciación del genoma humano descubrimos que un humano tiene unos 25.000 genes (cada uno puede ser por tanto una diana potencial para un medicamento específico), la secuenciación del metagenoma ha resultado en 3,3 MILLONES de genes adicionales. Y eso son muuuuchas dianas genéticas hacia las que apuntar…

Como podrás imaginar, en este campo seguimos en pañales… Pero tranquil@: los de la bata blanca estamos trabajando en ello (si nos dejan los recortes, claro está…).

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.