¿Duermen los insectos?

Seguro que te lo has preguntado alguna vez, ¿verdad? Especialmente esas noches de verano, en que duermes con la ventana abierta con la esperanza (muchas veces absurda, si vives en Córdoba por ejemplo) de que entre algo de fresquete por la ventana que te ayude a conciliar el sueño, y de repente empiezas a oír el canto de un grillo que pasaba por allí. ¿No se dormirá un poco el desgraciado y dejará de dar por saco?

Bueno pues lo mismo se preguntaban esta semana nuestros amigos de la edición digital de la revista National Geographic. La respuesta es que sí, los insectos duermen, aunque con matices. Quizá para sorpresa de muchos de vosotros, los insectos son más parecidos a los humanos de lo que podría parecer, no sólo a nivel genético (ya en el artículo de la pasada semana hablé de la mosca de la fruta como modelo de estudios relacionados con el desarrollo y el cáncer), sino también en lo que respecta a respuestas fisiológicas.

Así, en el estudio hacen referencia a insectos de sobra por todos conocidos como las avispas, las abejas, la mantis religiosa, las cucarachas… Todos duermen. Incluso, volviendo a la famosa mosca de la fruta, es sorprendente cómo presenta patrones de sueño/vigilia muy parecidos a los de mamíferos. Tanto es así que responden a estimulantes químicos, como la cafeína, del mismo modo a como lo haría una persona.

Por el contrario, existen evidencias de que otros insectos simplemente descansan durante las horas de noche, como por ejemplo sería el caso de las mariposas, sin tener la certeza de que se pueda hablar de que realmente duermen. En este caso, entran en un estado fisiológico diferente al sueño, denominado torpor, que sería más bien una especie de letargo. Este estado se induce también cuando de repente existe una bajada muy acusada de las temperaturas. ¿Sabes esos días de primavera en los que hace mucho calor un par de semanas y drásticamente de un día para otro hay 15 grados menos de temperatura, y ves que las moscas están como gilipollas? Pues eso es el torpor.

Ya confirmado que los insectos también necesitan sus horillas de sueño, por supuesto sería lógico pensar que la falta de sueño, al igual que a ti y a mí, les afecta. Existe un caso muy concreto en que se pudo comprobar cómo la falta de sueño afectaba muy seriamente a poblaciones de abejas. Como dato curioso, te contaré (por si no lo sabías) que las abejas se comunican entre ellas y se informan sobre la localización de comida, así como de la distancia hacia la misma, mediante una danza especial, en inglés llamada waggle dance, y cuya traducción más acertada me atrevería a denominar como “el meneíllo”.

Pues bien, como ya te he comentado, este meneíllo contiene información muy precisa de cómo encontrar la comida (es decir, las flores más apetitosas) para el resto de abejas de la colmena. Experimentos de privación de sueño con poblaciones de abejas demostraron que éstas se volvían muy erráticas en su comportamiento e incoherentes en sus movimientos durante el meneillo, en comparación con las poblaciones control a las que sí se permitía dormir. Para que te hagas una idea, el equivalente sería pensar que la falta de sueño transformaría a John Travolta en ‘Fiebre del sábado noche’ en Belén Estéban en ‘Mira quién baila’.

Así que, dicho esto, hoy a acostarse tempranito que mañana hay que madrugar. Como me decía mi madre: a partir de las 00.00 de la noche nunca pasa nada bueno, así que lo mejor que hace uno es irse a dormir.

bluebird Comunicación
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