Circo romano 2.0

Leer a ciertos filósofos —clásicos en su mayoría— es asomarse a la ventana del tiempo y darse cuenta de que, en realidad, poco o nada hemos cambiado desde hace 5.000 años. Seguimos con los mismos sueños, con los mismos miedos, con las mismas miserias; en nuestras cabezas continúan revoloteando una y otra vez las mismas preguntas sin que el paso del tiempo y la evolución tecnológica hayan conseguido todavía darle respuesta.

Este aparente estancamiento también se deja ver en facetas más pueriles, menos trascendentales. El ocio, por ejemplo. En la época romana, su circo representaba la máxima expresión de la frivolidad y el disfrute por el mero hecho de dejarse atrapar por su existencia. 2.000 años después hemos cambiado los leones por tipos en pantalón corto que le dan patadas a un balón. Nada que objetar, la vida ya es bastante perra como para no poder desahogar nuestras frustraciones en cualquier banalidad que canalice esa fuerza negativa e impida que empecemos a tomarnos en serio el hecho de asesinar.

El futuro está en el ocio, todavía más ahora, convertido ya en un sector económico de gran importancia. Dentro de unos años —menos de los que creemos— la robótica estará tan presente que no es descabellado pensar que muchas personas se encontrarán de repente sin trabajo para ellas, con todo el tiempo del mundo para, o bien deprimirse, o bien disfrutar de un tiempo libre casi ilimitado. Algunos gurús de la economía se han dado cuenta de ello, saben que puede convertirse en un problema muy gordo si no se trabaja bien en encontrar una salida. En este punto concreto existen dos corrientes mayoritarias: la de quienes creen que la robótica creará nuevas necesidades laborales y la de quienes apuestan por una fórmula parecida a la renta universal básica que pueda permitir la subsistencia de la gente sin trabajo —aspecto delicado que da mucho miedo— y no la aboque a la mendicidad absoluta.

No hablamos de ciencia-ficción, lo veremos con nuestros propios ojos. Quizás no de un modo masivo, pero, sin duda, seremos testigos directos de los primeros pasos en la que muchos creen que será la revolución definitiva de la Humanidad, la que nos permitirá ser capaces de cualquier cosa o nos abocará al vertedero del olvido y la barbarie. Es más, hay quienes ven en la robótica el principio de nuestro fin, en forma de segundo advenimiento bajo el nombre de singularidad; a partir de entonces los más catastrofistas nos convierten en actores de la verdadera película ‘Terminator’, los humanos siendo masacrados por las máquinas cuando éstas sean conscientes de lo perjudiciales que somos para su propia supervivencia. ¿Descabellado? Sí. Pero no imposible. El que haya ni siquiera un 0,001 por ciento de posibilidades —porcentaje al azar— de que pueda pasar es aterrador.

Tal vez sea el frío el que nos empuja a ser pesimistas. Tal vez la propia idiosincrasia del ser humano. Sea como fuere, disfrutemos del presente. Gocemos de la cultura friki que tanto nos está dando hoy en día. Vivamos la poca naturaleza que nos queda todavía. Amemos a nuestra familia, a nuestras parejas, a nuestros amigos. Ser optimista es lo único que nos permitirá mantener la cordura en un mundo que se ha convertido en el mayor circo romano del Sistema Solar.


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1 Comentario

  1. Existen más alternativas que la renta universal básica y el trabajo en nuevas tecnologías como modo de subsistencia en el futuro. Los gurús económicos se basan en un sistema económico decadente y tendencioso para aseverar. El verdadero problema, no está solo en la sostenibilidad social, está en la creación de un nuevo sistema social ya que el actual ha sido manipulado para no permitir su desarrollo por los mismos intereses económicos cada vez más de juego de monopoly que de realidad.

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