2019, ¿dónde está Rick Deckard?

Rick Deckard

Solía estar en mi estantería cinéfila (ahora, hasta nueva orden, aguarda su destino en una caja de cartón), ordenada alfabéticamente, por lo que estaba de las primeras. Fue, también, de las primeras películas de ciencia-ficción que vi, siendo un mocoso que no levantaba dos palmos del suelo; forma parte del star system de mi infancia junto a la trilogía original de Star Wars’, ‘E.T.’, ‘Los Goonies’, ‘Alien’ e ‘Indiana Jones’. Menuda fuente de la que beber, ¿qué podía salir mal?

Esa película, que alimentó mi imaginación, transcurría en Los Ángeles; corre el año 2019 y la sociedad es una curiosa mezcla de altísima tecnología y suburbios oscuros, sucios y al margen de la ley. En ese escenario tan steampunk, cinco androides de última generación ponen en peligro a la ciudad. Un ex-policía, Rick Deckard (interpretado por Harrison Ford) es reclutado para encontrarlos y exterminarlos. En su búsqueda, se preguntará acerca de la mortalidad y lo que nos hace humanos y no máquinas.

Hablamos, como no, de ‘Blade Runner. La mítica película de Ridley Scott planteaba un mundo futurista al que, temporalmente, justo acabamos de llegar: 2019. Una fecha que nos evoca a metal, a robots, a naves espaciales, coches voladores… ¿dónde están? ¿Y Deckard, alguien lo ha visto por ahí?

Si algo tiene la realidad es que tiene una capacidad abrumadora para borrar de un plumazo las especulaciones, teorías y predicciones. El presente fija la historia y desacredita cualquier línea alternativa, cualquier posibilidad que no entra en su escenario. Nuestro presente, 2019, no se diferencia demasiado de la década en la que se rodó ‘Blade Runner’; no al menos en los grandes iconos que marcaron la película —robots, tecnología punto por todas partes y exploración espacial—. Los coches siguen yendo sobre cuatro ruedas, los androides no han cruzado la esfera de la ficción y nunca hemos aventurado al ser humano más allá de la Luna.

El choque entre la realidad y ‘Blade Runner’ supone una muestra más de lo difícil que es comprender un concepto como las expectativas. Y lo es porque éstas son contradictorias, caprichosas y muchas veces fútiles. Son contradictorias porque al mismo tiempo constituyen un aliciente para evolucionar, pero al mismo tiempo se pueden convertir en trampantojos que alimentan y hacen crecer el desengaño, la frustración. Cuando somos adolescentes somos un crisol de expectativas, de ilusiones, de sueños… que desgraciadamente, en muchas ocasiones no terminan por converger en nuestra realidad.

Pero no caigamos en el desánimo, porque las expectativas existen por alguna razón. El mundo de ‘Blade Runner’ todavía no existe, en parte, pero comparte con el nuestro muchos puntos no menos importantes: el ansia de libertad, la importancia de saber lo valiosos que somos. También es una advertencia, algo común en la ciencia-ficción, acerca del peligro de una sociedad hiperconsumista y entregada en demasía a la tecnología; esto último ya es uno de los temas más delicados de nuestra actualidad, si bien en lugar de robots que quieren los mismos derechos que los humanos, nos encontramos con smartphones que hacen la función de espía las 24 horas del día. Eso sí, ambos conceptos —el ficticio y el real— comparten un denominador en común: la libertad.

Las grandes obras —pictóricas, literarias, cinematográficas, etc…— suelen contener cuestiones universales que perduran a lo largo del tiempo. Como, en este caso, la libertad. Tal vez sea ese, y no otro, el principal tema que deberíamos extraer de tan curiosa efemérides metacinematográfica: en ese mundo futuro que ya no se cumplirá, se ansía una libertad —la de los androides— que se niega, del mismo modo que en nuestra realidad debemos luchar para que esos derechos a ser libres no sean cuestionados, recortados y vilipendiados.

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