Un nido de gorrones llamado Senado

El Senado siempre está ahí. Siempre. No sirve para nada pero ahí lo tenemos. Allí, entre sus paredes, 266 políticos viven muy bien a costa de todos los españoles sin hacer prácticamente nada. O muy poco. Y los que lo hacen, francamente, son los que menos posibilidades tienen para que prosperen sus iniciativas.

El Senado es el hermano pequeño del Congreso de los Diputados, sometido a él, que, con una mayoría absoluta como la que tenemos ahora con el Partido Popular, pierde cualquier posibilidad de sentido práctico. Imaginen que el Gobierno decide lanzar una ley absurda para que todos los españoles tengamos uno mono en casa. Lo aprobará el Consejo de Ministros, luego el Congreso con su mayoría, irá al Senado y… de vuelta al Congreso aprobada y con un lazo.

El Senado es esa institución para la que también votamos cada cuatro años. Sí, usted vota al Senado. Y yo también. Es esa papeleta que acompaña a la de las importantes, las del Congreso, las que eligieron a Mariano. ¿No recuerdan que ustedes introducen en las urnas dos sobres? Pues el segundo, el otro, es el del Senado.

¿Y para qué sirve esto del Senado? Se supone que debe controlar la acción del Gobierno pero ya vemos que controlar, lo que se dice controlar, controla poco. También se supone que tiene iniciativa legislativa, aunque los sucesivos gobiernos de la democracia lo usan como un trámite que tienen que pasar las leyes antes de ser efectivas.

Entonces, ¿para qué sirve el Senado?

Pues para que los señores senadores vivan a cuerpo de rey. Y que, de vez en cuando, salga algún escándalo de sus señorías por vivir a todo tren. Grandes sueldos, enormes dietas, buenos viajes… muy pocas iniciativas. Y como decíamos antes, los pocos que tienen ganas de trabajar son olvidados por el resto.

¡Ah! Se me olvidaba decir que allí va Rajoy de vez en cuando a contar cosas. Y unos le aplauden y otros le abuchean. Eso sí, los señores senadores se ponen muy guapos para salir en televisión, ya que es uno de los pocos días que salen ante las cámaras.

Por cierto, el Senado también es un cementerio de elefantes. Sí, ese lugar al que políticos que ya han pasado al olvido público siguen ganando dinero por su servicio a todos y cada uno de los españoles. De repente escuchas que el senador Fulano ha hecho no se qué y te sorprendes al darte cuenta que ese señor sigue en política. El Senado de España es a la política lo que el Milan al fútbol.

También tenemos el caso de alcaldes o políticos de otras instituciones que tienen su cargo de senador. Y su doble sueldo. Pero ojo… que también hay senados autonómicos que se sirven de las arcas públicas para llevar a cabo su función: gorronear, sentarse en una butaca, levantar la mano de vez en cuando y ver la vida pasar.

Ahora, según parece, el señor presidente extremeño, y antiguo senador, José Antonio Monago, se pegó unos buenos viajecitos a costa del Senado de España hasta Canarias para ver a su querida novia. O eso cuentan. Él lo niega. Probablemente esto se haya filtrado porque a Monago le tienen muchas ganas dentro del PP. Muchísimas.

Pero lo mismo esto sirve para descubrir lo que hay debajo de esta institución. Poco sabemos sobre el Senado porque no suele estar en el punto de mira. Eso le toca al Congreso de los Diputados. Quizás lo de Monago es la punta del iceberg de un gasto de dinero público desmesurado por parte de sus señorías senadores.

En tiempos de regeneración política como los que nos encontramos es hora de plantearse para qué sirve esto del Senado y cuánto dinero cuesta a las arcas públicas una institución nada efectiva.

Como la Casa Real, pero ese es otro tema.

Y tras ese análisis, habría que decidir si regenerar el Senado otorgándole otras funciones que tuvieran sentido práctico o, lo más lógico, hacerlo desaparecer que seguro que la vida sigue y no pasará nada porque 266 señores dejen de cobrar altísimos sueldos. Ya se encargarán sus partidos de recolocarlos…

Fotografía: Zupez Zeta ©

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