Tordesillas volvió a ser la capital mundial de la vergüenza

Soy una inculta.

Si todo lo que tiene que ver con la tauromaquia es cultura, yo hoy, aquí, confieso que soy una inculta.

Soy una apátrida.

Reniego de esa España gris oscura, casi negra, que disfruta torturando hasta la muerte a un inocente, cuyas tripas quedan desparramadas en el suelo mientras una muchedumbre de ¿personas? lo celebran. En serio, soy una inculta. En lugar de cultura veo miedo, asco y una enorme sensación de vergüenza.

Porque sí, Tordesillas volvió ayer a ser la capital mundial de la vergüenza.

Vecinos y visitantes se armaron con lanzas para dejarnos un año más, y ya son demasiados, imágenes lamentables del hombre contra la bestia. Es decir, del ser humano que deberíamos ser contra la bestia que, a veces, somos. Y las bestias lancean, o prenden fuego, o llenan de dardos a un toro, no entiendo muy bien por qué.

Por cultura y tradición, dicen. Y yo me reafirmo, prefiero ser Inculta y apátrida.

Ayer en Tordesillas se cometió un asesinato cruel en la vía pública, mientras una turba de gentuza insultaba y agredía a las personas que trataban de impedirlo.Y no sólo eso, también se insultó y se agredió a los periodistas que trataban de contar lo ocurrido. Lamentable.

Y, mientras tanto, yo me pregunto:

¿Por qué ni este ni ningún gobierno ha parado esta barbaridad?

¿Por qué Pedro Sánchez y la cúpula del PSOE de lavan las manos ante la vergüenza que debería suponer que sea un pueblo gobernado por su partido quien perpetre esta atrocidad?

¿Por qué la Justicia es incapaz de frenar la barbarie?

¿Por qué las autoridades permitieron que ayer se golpease e insultase a los periodistas?

Un año más, me sigue dando asco la cultura, la tradición y España. Asco.

Fotografía: PACMA ©

bluebird Comunicación
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