Cuando despertó, Rubalcaba todavía seguía allí

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Rubalcaba se va. Lo anunció el hombre en una mañana de inicio de verano. Después de 21 años dedicado a la política, Alfredo Pérez deja la primera línea para volver a la Universidad. Sí, 21 años, aunque puedan parecer cuarenta, en los que ha estado por todas partes y con la misma cara.

Para algunos, Rubalcaba siempre estuvo ahí. Hay toda una generación de españoles que hemos crecido viendo su barba en los telediarios. Como Ministro, como diputado, como secretario general del PSOE, como Rubalcaba en sí mismo. Porque Alfredo Pérez ya es eterno.

Bueno, eterno… tampoco es como dijo Jesús Posada, que debe seguir en éxtasis tras los actos de la coronación de Felipe, al señalar que Alfredo Pérez es “una gran figura del parlamentarismo del siglo XXI”. A ver, señor Posada, con ese comentario no está muy claro si deja peor a la política, al parlamentarismo o al siglo XXI.

Pero parece ser que Alfredo Pérez sí que se va. Dice que vuelve a la Universidad, donde se tendrá que poner al día porque los jóvenes no son los de los años ochenta. Ahora hay métodos más modernos para copiar en los exámenes y si no está espabilado se le van a copiar uno tras otro. Aunque seguro que se pone pronto al día. Y lo mismo le da por usar Twitter para hacerse unos selfies con sus alumnos.

Oye, pero Alfredo Pérez llegó a la política en 1986, con lo que nos salen algunos años más. Sí, fue Secretario de Estado de Educación con Felipe González. Casi 30 años con Rubalcaba por todas partes. Claro, por eso a algunos españoles les costará no verlo ahí, en su escaño, con Alfonso Guerra (que todavía sigue ahí el tío) y con Rajoy en frente.

Se va Rubalcaba. O eso dice porque todavía no se ha ido. Aún queda para septiembre y seguro que nos deja tardes de gloria y brillo. Tardes como en esa en la que ayudó a mantener una monarquía rancia en contra de los principios republicanos que forman parte de la esencia del PSOE. Pero no, a Alfredo le gusta el cortijo que tienen montado unos y otros y optó por abrazarse a Mariano (que también tiene barba) para mantener todo así, que tapaditos están más guapos.

Alfredo. ¡Ay!, Alfredo Pérez.

Con él, podemos sentirnos como Monterroso y señalar de manera tajante:

Cuando despertó, Rubalcaba todavía seguía allí.

La ilustración que acompaña a este artículo es de Facundo Mascaraque.

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