«La policía nos pegó, nos quitó la ropa y las botas y nos devolvió a Serbia»

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Cada vez que descubrimos una nueva nota de prensa de Save the Children en nuestro correo electrónico sabemos que vamos a indignarnos hasta las lágrimas —mitad rabia, mitad impotencia—. Esta vez puede que, incluso, hayamos sentido más allá. Porque en ella hay niños denunciando malos tratos y abusos por parte de la policía a lo largo de la ruta de los Balcanes.

Las políticas restrictivas —y vergonzosas— de la Unión Europea han provocado que cada vez más refugiados decidan atravesarla, a sabiendas de que es el itinerario terrestre más mortífero. Una ruta en la que hay niños que cruzan montañas y bosques a temperaturas bajo cero mientras sufren el trato violento de policías y contrabandistas.

Tal y como denuncia la ONG, en los últimos dos meses se han producido más de 1.600 devoluciones ilegales de refugiados y migrantes desde Hungría y Croacia, los cuales han sido obligados —a menudo de forma violenta— a regresar a Serbia, a pesar de que ya habían cruzado la frontera. Al día se producen una media de 30 casos de devoluciones ilegales y clandestinas que ponen de manifiesto cómo muchos refugiados no tienen acceso a su derecho a solicitar asilo. Save the Children estima que la mitad de los refugiados y migrantes que llegan a Serbia son menores y que el 20 por ciento han realizado el viaje solos, algunos de ellos con tan solo ocho o nueve años de edad.

Terrible. Pues bien, hay más.

En Miksaliste, el centro de ayuda a los refugiados en Belgrado donde varias organizaciones benéficas están trabajando, varios adolescentes cuentan tras haber regresado de la frontera que la violencia y malos tratos de la policía son algo habitual a lo largo de la ruta terrestre de los Balcanes.

Un niño de 12 años de Afganistán denuncia a Save the Children su difícil experiencia en esta ruta: «Durante el viaje tuve muchos problemas, especialmente en el bosque. La policía búlgara nos golpeó, nos quitó el dinero y nos preguntó por qué vinimos a Europa. También tuvimos problemas con la mafia».

La organización también cuenta la historia de un matrimonio iraquí y sus hijos pequeños, que atravesaron toda la noche las montañas nevadas en la frontera búlgara y consiguieron llegar a Miksaliste. Una vez allí, la madre necesitó atención médica urgente. Toda la familia huyó de Irak cuando su casa fue bombardeada y los niños ya no iban al colegio por culpa de la presencia del ISIS.

Jelena Besedic, portavoz de Save the Children en Serbia, denuncia: «La crisis de refugiados no ha disminuido. Simplemente es que esta ruta es mucho más peligrosa, especialmente para los niños. El acuerdo entre la UE y Turquía ha dado a los contrabandistas un control más firme sobre un negocio enormemente rentable, incorporando tácticas cada vez más peligrosas para eludir a las autoridades. Estamos viendo cómo personas heridas por maltratos o por mordeduras de perros están siendo devueltos».

Los refugiados y migrantes se ven forzados a permanecer en la clandestinidad, a menudo alentados por traficantes de personas, por lo que cada vez se encuentran más lejos del alcance de las organizaciones humanitarias que les pueden dar asistencia básica humanitaria y de supervivencia. Más de 1.000 personas siguen durmiendo a la intemperie en el centro de Belgrado y los refugios están colapsados.

Además, los equipos de Save the Children han identificado a niños no acompañados, uno de ellos de tan sólo ocho años, que prefieren dormir en las calles o almacenes porque tienen miedo de ir a los nuevos centros de acogida por si se quedan allí retenidos. Los menores esperan en la calle a que los contrabandistas les alerten de la próxima oportunidad para pasar la frontera. Oficialmente solo se permite cruzar de forma legal a diez personas al día, por lo que la mayoría confía en los contrabandistas para continuar el camino. Así, los traficantes han generado un miedo al sistema oficial difundiendo falsas creencias e información errónea sobre el sistema de asilo para que los migrantes accedan más fácilmente a sus redes.

Esta semana las autoridades serbias han establecido refugios temporales para que la gente que está durmiendo a la intemperie o en edificios abandonados puedan ponerse a cubierto, pero esta medida es claramente insuficiente. Las ONGs y los servicios sanitarios locales están atendiendo casos de congelación y enfermedades respiratorias causadas por las fogatas hechas con basura. Los refugiados intentan así mantener el calor en los almacenes húmedos y sin ventanas en los que duermen.

El Gobierno de Serbia ha pedido a las organizaciones humanitarias que no repartan comida, ropa de abrigo y zapatos a los refugiados que están fuera de los centros oficiales, alegando que esto les atrae para ir a Belgrado y ocupar allí edificios abandonados.

Por todo ello, nos unimos a la exigencia de Save the Children para que la UE aumente de manera urgente la financiación para crear refugios de emergencia y a las autoridades serbias que asistan a los que esperan bajo el frío y la nieve a ser trasladados a refugios oficiales. Además, es prioritario establecer rutas seguras y legales para la migración, apoyar la reunificación familiar, el reasentamiento, los visados ​​humanitarios y programas de becas para estudiantes.

bluebird Comunicación
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